El pulso entre el grupo municipal de VOX y el Ayuntamiento de Málaga por la implantación de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) ha alcanzado un nuevo nivel. La formación política ha anunciado este miércoles la admisión a trámite por parte del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) de una demanda contencioso-administrativa contra la ZBE, formalizada el pasado 4 de junio. La noticia llega tras meses de advertencias y críticas por parte de VOX, que considera la ZBE un «ataque a la libertad de movimiento» y una imposición ideológica disfrazada de medida medioambiental.
Antonio Alcázar, portavoz municipal de VOX, acompañado por Jesús Ruiz Ballesteros, vicesecretario jurídico del partido, escenificaron la presentación de la demanda a las puertas de la Ciudad de la Justicia. «Esta ZBE no es más que una excusa para restringir el acceso al centro de la ciudad a los malagueños y visitantes, perjudicando gravemente a comerciantes y hosteleros», declaró Alcázar, añadiendo que la medida carece de estudios de impacto socioeconómico rigurosos y transparentes. VOX argumenta que la ZBE, tal como está planteada, discrimina a los ciudadanos que no pueden permitirse vehículos nuevos y menos contaminantes.
La demanda de VOX no solo se centra en la ZBE en sí, sino que también ataca el acuerdo plenario que aprobó la ordenanza de Movilidad de Málaga en abril, considerando que esta última es la base legal que sustenta la controvertida zona. La formación insiste en que la implantación de la ZBE responde a una agenda política impuesta por la Unión Europea a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que, según VOX, no tienen en cuenta las particularidades de la ciudad y sus habitantes.
La admisión a trámite por parte del TSJA no implica una victoria automática para VOX, pero sí supone un revés para el Ayuntamiento. Ahora, el Consistorio deberá presentar sus alegaciones y defender la legalidad de la ZBE ante la Justicia. El proceso judicial podría prolongarse durante meses, incluso años, durante los cuales la aplicación de la ZBE podría verse afectada.
El Ayuntamiento de Málaga, por su parte, ha defendido en reiteradas ocasiones la necesidad de la ZBE para mejorar la calidad del aire y proteger la salud de los ciudadanos. El equipo de gobierno municipal ha asegurado que la medida se ha diseñado siguiendo los criterios técnicos y legales establecidos por la normativa europea y nacional, y que se han tenido en cuenta las alegaciones y sugerencias de los diferentes sectores implicados. Sin embargo, la batalla legal no ha hecho más que empezar, y el futuro de la Zona de Bajas Emisiones de Málaga está ahora en manos de los tribunales.

La judicialización de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) por parte de VOX en Málaga, más allá de la retórica habitual sobre la «libertad de movimiento», plantea un debate fundamental sobre el modelo de ciudad que queremos. Si bien es cierto que la implantación de la ZBE exige una reflexión profunda sobre su impacto socioeconómico, reducir el debate a una mera restricción libertaria es simplista y peligrosamente miope. Málaga, como tantas otras urbes, se enfrenta a desafíos urgentes en materia de calidad del aire y salud pública. Negar esta realidad con el argumento de que la medida perjudica a comerciantes y ciudadanos es evadir una responsabilidad compartida que exige soluciones creativas y, a veces, dolorosas.
El verdadero problema no reside en la existencia de la ZBE, sino en la falta de un acompañamiento político y económico eficaz para mitigar su impacto. ¿Se han explorado a fondo alternativas viables para facilitar la transición hacia vehículos menos contaminantes? ¿Se han previsto medidas de apoyo para los comerciantes y hosteleros del centro, más allá de las declaraciones de buenas intenciones? La denuncia de VOX, aunque oportunista, debería servir de catalizador para un debate más honesto y constructivo sobre el futuro de la movilidad en Málaga. Un futuro que, inevitablemente, pasa por la reducción de emisiones y la priorización del bienestar colectivo, pero que no puede dejar a nadie atrás. La solución no es frenar el avance, sino garantizar que sea un avance inclusivo y sostenible para todos.
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