La sombra del horror vuelve a teñir la provincia de Málaga. La confirmación del asesinato de Pilar, una mujer de 53 años hallada sin vida en un descampado de Marbella el pasado sábado, como un crimen machista, ha desatado la indignación y la rabia en la sociedad malagueña. La Plataforma contra las Violencias Machistas Violencia Cero ha convocado una concentración para mañana, martes, a las 19:30 en la Plaza de la Constitución de Málaga capital, un clamor unánime contra la violencia que se ceba con las mujeres.
El silencio roto por el eco del feminicidio ha dejado al descubierto la fragilidad del sistema y la persistencia de una lacra que no entiende de fronteras ni de estratos sociales. La entrega del presunto asesino, la pareja de Pilar, en dependencias policiales, no mitiga el dolor ni la sensación de impunidad que atenaza a quienes luchan día a día contra la violencia de género.
Carmen Martín, presidenta de Violencia Cero, alza la voz con la fuerza que la caracteriza, exigiendo una profunda reflexión sobre las causas que impiden erradicar la violencia machista. «Que una mujer no esté en el sistema VioGen no implica que haya que culpabilizarla.«, declara Martín, apuntando directamente a las deficiencias de un sistema que, a menudo, parece no escuchar ni proteger a las víctimas. Su crítica se centra en la necesidad de analizar por qué las mujeres desconfían de las administraciones y en cuestionar la eficacia del Pacto de Estado contra la violencia de género. «Hay que pensar sobre el empleo del dinero asociado a la renovación del Pacto de Estado contra la violencia de género y por qué no disminuyen ni la violencia contra las mujeres ni las denuncias«, sentencia.
El asesinato de Pilar se suma al de Lina, en Benalmádena, a principios de febrero, víctima que sí estaba registrada en el sistema VioGen y catalogada con un «riesgo medio». A pesar del seguimiento policial mediante llamadas telefónicas, no se le concedieron medidas cautelares ni de protección, un fatal error que le costó la vida. Este caso, lejos de ser aislado, pone de manifiesto las carencias y los fallos del sistema, la falta de perspectiva feminista en la toma de decisiones y la urgente necesidad de implementar medidas efectivas para proteger a las mujeres. Pilar es la segunda víctima mortal de la violencia machista en la provincia de Málaga en lo que va de año.
La concentración de mañana en Málaga se presenta como un grito de rabia, un homenaje a Pilar y a todas las víctimas, y un llamamiento a la acción para construir una sociedad libre de violencia machista. Un sociedad donde las mujeres se sientan seguras, escuchadas y protegidas.
La trágica muerte de Pilar en Marbella no es solo un titular, es un sonoro fracaso colectivo. Cada feminicidio resuena como una bofetada a la conciencia de una sociedad que, pese a los avances legislativos y a las campañas de sensibilización, sigue permitiendo que la violencia machista se enquiste en sus cimientos. La indignación generalizada, reflejada en la inminente concentración, es un síntoma esperanzador, pero no debe convertirse en un mero ejercicio catártico. Urge trascender la mera condena y abordar, con valentía y autocrítica, las fisuras de un sistema que, como señala Carmen Martín, sigue dejando desamparadas a demasiadas mujeres.
El caso de Lina en Benalmádena, con su trágico desenlace pese a estar dentro del sistema VioGen, revela una verdad incómoda: no basta con crear protocolos y asignar recursos si la implementación de estos no está impregnada de una verdadera perspectiva feminista. No se trata solo de contar llamadas telefónicas o evaluar riesgos de forma automatizada, sino de comprender la complejidad de la violencia machista y actuar con diligencia y empatía. Es imprescindible auditar el Pacto de Estado, no solo para fiscalizar el gasto, sino para analizar si realmente está llegando a las mujeres que más lo necesitan y si está contribuyendo a desmantelar las estructuras patriarcales que sustentan la violencia. La lucha contra esta lacra requiere un compromiso transversal, que involucre a todos los actores sociales y políticos, y que se traduzca en acciones concretas y efectivas, más allá de las declaraciones de buenas intenciones.
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