La situación hídrica en Málaga ha experimentado un giro radical en las últimas semanas, gracias a un aporte de agua extraordinario proveniente de las recentísimas borrascas que han azotado la provincia. Según los datos más recientes de la web Hidrosur, los embalses de Málaga han elevado su capacidad hasta alcanzar 342 hectómetros cúbicos, un incremento sorprendente al triplicar las reservas de agua en comparación con el año anterior, cuando apenas se disponía de 113 hm³ en estas mismas fechas. Este notable cambio permite vislumbrar un futuro inmediato menos preocupante para la población, que el año pasado llegó a contemplar la posibilidad de importar agua en barco.
La Comisión de Sequía, reunida este martes, ha dado luz verde al inicio de la fase de normalidad en la Costa del Sol Occidental y en gran parte de las demarcaciones que no dependen del agua embalsada, como es el caso de Guadiaro y Alto Guadalhorce. Sin embargo, la respuesta a si Málaga ha superado definitivamente la sequía no puede ser categórica, ya que el análisis debe considerar los distintos niveles de escasez que varían de acuerdo a las zonas. Actualmente, Málaga se clasifica en una situación moderada, que a lo largo de los meses se espera que evolucione hacia una prealerta si las reservas se mantienen por encima de los 140 hectómetros cúbicos.
El optimismo también es notable en la Axarquía, donde las lluvias de este año han superado en un 204% la precipitación del año pasado. Se anticipa que la región podría salir de la fase de máxima gravedad hacia un estado de escasez severa en las próximas semanas, aunque todavía presenta desafíos significativos. Con la lluvia de marzo considerada como la más abundante en dos décadas, tres de los principales embalses han tenido que realizar desembalses críticos para evitar problemas de seguridad, lo que resalta la necesidad de gestionar adecuadamente estos recursos hídricos.
Desde la Consejería de Agricultura, Ramón Fernández Pacheco ha indicado que se planea suavizar algunas de las restricciones actuales, lo que sería una bendición tanto para los hogares como para los agricultores de la región. El año anterior, se liberaron miserables 9 hm³ para riego en el Guadalhorce, una cifra insuficiente que había dejado a muchos campos a la deriva. La esperanza se renueva entre los productores, que aguardan con ansias el apoyo que las extraordinarias lluvias podrían traer a sus cultivos.
Mientras los embalses siguen mostrando signos de recuperación, con el hecho de que la Viñuela está al 44% de su capacidad y los embalses de Guadalteba y Conde de Guadalhorce también están en niveles considerablemente altos, los expertos advierten sobre la necesidad de mirar al futuro con cautela. La situación puede haber mejorado, pero la historia reciente nos recuerda que la sequía puede volver a presentarse cuando menos se espera.
Hacia el cierre del año hidrológico, que empieza el 1 de octubre, se prevé que Málaga termine en una situación moderada, marcando un avance significativo en la pelea contra la escasez de agua. La combinación de las lluvias acumuladas y el panorama positivo que se dibuja podría ser la clave para que la provincia respire tranquila en los próximos meses, siempre con la mirada atenta al cielo y al agua que, finalmente, ha decidido volver a caer sobre Málaga.

La reciente mejora en la situación hídrica de Málaga, impulsada por lluvias excepcionales, invita a un enfoque reflexivo que va más allá de la mera celebración del momento. Si bien es indiscutible que las lluvias han aliviado la presión sobre nuestros embalses, triplicando las reservas respecto al año anterior y ofreciendo un respiro a la agricultura y a los hogares de la región, es fundamental recordar que esta recuperación no es garantía de estabilidad a largo plazo. La inercia de la sequía, definida por ciclos naturales que parecen favorecer la escasez, nos recuerda una lección crucial: la gestión del agua no puede abordarse solamente cuando la crisis es palpable. La historia reciente y las predicciones climáticas sugieren que la adaptación y la planificación deben ser la norma, y no la excepción, para garantizar que la población malagueña no vuelva a vivir la incertidumbre de tener que importar agua en barco.
Por otro lado, esta situación meteorológica ha evidenciado una oportunidad única para reestructurar nuestra política de gestión hídrica. No se debe caer en la trampa del optimismo complaciente; los embalses recuperados son alentadores, pero urge implementar estrategias que fortalezcan la infraestructura hídrica y fomenten un uso sostenible del agua en todos los sectores, incluyendo la agricultura y el consumo doméstico. A pesar de que la Consejería de Agricultura plantea aliviar restricciones, es esencial que las decisiones se fundamenten en datos y estudios sólidos, evitando medidas que comprometan la calidad de nuestras reservas en el futuro. Mientras celebramos la lluvia que ha llegado, debemos trabajar por paralelamente asegurar que, en épocas de sequía futura, Málaga no esté desprovista de los recursos hídricos necesarios para prosperar y no simplemente sobrevivir.
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