La provincia de Málaga se encuentra bajo un prolongado manto de lluvias que, según las previsiones del Centro Meteorológico de Aemet, se extenderá durante gran parte de la semana. Desde este lunes y hasta el próximo viernes, se esperan lluvias intensas, con avisos de nivel amarillo en la capital y otras zonas como la Costa del Sol y Ronda. Se prevé que caigan acumulados de hasta 40 litros por metro cuadrado a lo largo de la jornada, lo que establece este mes como uno de los más lluviosos de la historia reciente.
La situación climática está siendo influenciada por la borrasca Jana, que ha generado condiciones adversas en el litoral malagueño. La Aemet advierte además de posibles fenómenos costeros, con vientos del suroeste que pueden alcanzar los 60 km/h y olas de hasta 3 metros. Este panorama ha llevado a las autoridades a reforzar las recomendaciones de precaución para los habitantes y turistas de la región.
A pesar de la inestabilidad, la comarca de la Axarquía se perfila como la más afectada por estas lluvias, siendo el epicentro de las mayores acumulaciones a partir de mañana. En palabras de Jesús Riesco, director del Centro Meteorológico, «los chubascos serán más frecuentes en esta zona», lo que suscita tanto preocupación como una oportunidad para la recuperación de los embalses y los cultivos, que se han visto perjudicados por la sequía anterior.
El miércoles podría traer una breve tregua, con algunos claros en el cielo, lo que permitiría a los malagueños disfrutar de un respiro. Sin embargo, la calma será efímera: el jueves, la llegada de otra borrasca atlántica traerá consigo nuevas lluvias moderadas que afectarán a la provincia, cerrando una semana que ya se está convirtiendo en memorable por sus precipitaciones.
Hasta la fecha, la estación meteorológica del aeropuerto ha registrado un total de 136 litros por metro cuadrado, el doble de la media histórica para el mes de marzo, que es de 66 l/m². Este volumen de agua, que está contribuyendo al bienestar de la agricultura local, marca una clara desviación de la norma y plantea un futuro incierto en términos de clima.
El anticiclón de las Azores, que normalmente actúa como barrera frente a estos sistemas de baja presión, ha cedido terreno, permitiendo que las borrascas atlánticas se desplacen hacia el sur hasta llegar a Málaga. Situaciones meteorológicas como esta pueden alertar sobre cambios climáticos que podrían ser más frecuentes en los próximos años, generando interés y preocupación en la comunidad científica.
Con el fin de semana a la vista, se anticipa un panorama más tranquilo con cielos despejados y temperaturas que oscilarán en torno a los 20 grados. Sin embargo, los malagueños deben estar preparados, ya que la próxima semana podría traer nuevas inclemencias que no deben ser subestimadas. Este mes, parece, aún guarda sorpresas bajo el paraguas de un cielo revuelto.
La situación que enfrenta Málaga con las inusuales lluvias de marzo debe ser motivo de reflexión profunda y no solo de un vistazo superficial a los fenómenos meteorológicos. Con acumulaciones que duplican la media histórica, esta anomalía no puede ser simplemente interpretada como un evento climático pasajero. Es crucial que las autoridades locales y la comunidad científica tomen en serio esta señal de alerta que puede indicar un cambio en los patrones climáticos de la región. La caracterización de marzo como uno de los más lluviosos de la historia reciente plantea interrogantes sobre qué otras sorpresas puede deparar el futuro, especialmente si consideramos el impacto en los cultivos y el suministro de agua tras años de sequía. En este sentido, la naturaleza ofrece una oportunidad para recuperar los embalses, pero también debe servir como un llamado a la acción en la adaptación de nuestras infraestructuras y prácticas agrarias frente a situaciones cada vez más extremas.
Por otro lado, es innegable que, tras la preocupación, también hay un matiz de esperanza en esta situación climatológica adversa. La recuperación de los cultivos y embalses afectados por la sequía es una pequeña luz en medio de un panorama incierto. Sin embargo, no debemos caer en la complacencia: el comportamiento errático del clima que estamos presenciando requiere de estrategias proactivas que mitiguen los riesgos asociados a tales fenómenos. Esto incluye la necesidad imperiosa de modernizar nuestras infraestructuras, implementar planes de prevención más robustos y fomentar prácticas sostenibles que aseguren la resiliencia del ecosistema. La comunidad malagueña, y especialmente las autoridades, deben integrar estas lecciones en sus políticas públicas para garantizar un futuro donde el bienestar y la seguridad de sus habitantes no queden a merced de la climatología adversa.
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