Después de meses de restricciones severas, Málaga capital ha recibido un respiro al salir del nivel más grave de sequía y ascender a una fase severa. Las recientes lluvias otoñales, incluyendo las dos `danas` que azotaron la región entre octubre y noviembre, han permitido que los embalses de cabecera del Guadalhorce, junto con el de Casasola, almacenen un total de 88 hectómetros cúbicos. Esta cifra es un alivio significativo, superando en 17 hectómetros el umbral necesario para justificar la mejora en la situación hídrica de la ciudad.
Gracias a este cambio, el Ayuntamiento de Málaga ha recibido la autorización de la Junta de Andalucía para implementar una serie de excepciones en las restricciones de uso de agua potable. Aunque la dotación de agua por habitante se mantiene sin alteraciones, se permiten ciertas «alegrías» controladas en el uso de agua que afectan a riegos de áreas verdes, el uso de piscinas y el funcionamiento de fuentes públicas. Concretamente, se procederá a reactivar gradualmente las 329 fuentes de beber que se distribuyen por toda la ciudad.
El nuevo bando, firmado por el alcalde Francisco de la Torre, contempla un conjunto de medidas que buscan equilibrar la necesidad de agua con la responsabilidad en su uso. Entre las excepciones destacadas, se ha autorizado el riego de supervivencia de espacios verdes, que podrá hacerse una vez por semana, así como el uso de hidrolimpiadoras de bajo consumo para la limpieza viaria. También se permitirá el rellenado de piscinas que cuenten con sistemas de recirculación de agua, facilitando así su acceso para los ciudadanos después de una larga espera.
Es importante mencionar que esta iniciativa no es un regreso al despilfarro, ya que se mantendrá la dotación máxima de 200 litros por habitante y día acordada por la Comisión de Gestión de la Sequía. Actualmente, el consumo medio se sitúa en 169 litros por persona, lo que refleja la eficacia de las campañas de concienciación y las medidas implementadas por el Área de Sostenibilidad Medioambiental. Entre estas, se incluyen la regulación de la presión del agua en las redes y el uso de recursos alternativos como el agua freática para riego y limpieza.
Las mejoras en la situación hídrica de Málaga demuestran cómo la combinación de condiciones meteorológicas favorables y la gestión responsable del agua pueden contribuir a una recuperación gradual. Sin embargo, tanto las autoridades locales como los ciudadanos deben continuar con las prácticas sustentables que aseguren un uso eficiente de este recurso vital. La reciente autorización de la Junta de Andalucía sirve como un recordatorio de que, aunque el agua es esencial para nuestra vida cotidiana, su gestión debe ser siempre consciente y responsable para garantizar su disponibilidad en el futuro.
La reciente mejora en la situación hídrica de Málaga, que ha permitido la flexibilización de las restricciones de agua, debe ser recibida con un cauteloso optimismo. Si bien es innegable que el aumento de la capacidad de los embalses y la autorización para un uso más flexible del agua, como el riego de áreas verdes y la reactivación de fuentes públicas, son avances que facilitan la vida urbana y aportan un alivio necesario después de meses de dureza, es fundamental no caer en el error de considerar que todo está resuelto. La realidad es que somos una ciudad afectada por ciclos de sequía que parece que se vuelven cada vez más frecuentes. Por lo tanto, la gestión del agua debe seguir siendo una prioridad central y continua, sin dejar que las lluvias de otoño nos adormezcan a la hora de implementar estrategias más sostenibles a largo plazo. No debemos olvidar que el clima continúa cambiando, y con él, nuestras expectativas de recursos hídricos deben ser adecuadamente replanteadas y recalibradas.
Además, aunque el bando firmado por el alcalde Francisco de la Torre resalta medidas de «uso responsable del agua», es preocupante que estas se presenten como una victoria ante lo que no es más que una repentina bonanza climatológica. La cifra de 200 litros por habitante y día sigue siendo demasiado elevada para una ciudad que enfrenta tantos retos medioambientales. En lugar de permitir que la reactivación de ciertas actividades haga olvidar la necesidad de seguir reduciendo el consumo, las autoridades deberían tomar esta oportunidad para instaurar políticas que limiten más agresivamente el uso del agua y promuevan tecnologías de ahorro. Una educación continuada y medidas más audaces garantizarán una Málaga resiliente y verdaderamente sostenibile frente a un futuro incierto en el que la escasez podría amenazar nuevamente nuestra calidad de vida.
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