La Federación Malagueña de Peñas ha tomado una firme posición tras una asamblea extraordinaria celebrada el pasado miércoles, en la que participaron 45 entidades del colectivo peñista. A través de un comunicado unánime, han expresado su apoyo a una lista de alegaciones dirigidas al Ayuntamiento de Málaga, en rechazo a la actual normativa en tramitación sobre la Feria de Málaga. Los peñistas reclaman la necesidad de reintegrar elementos más tradicionales a la festividad, con el objetivo de que esta sea una celebración inclusiva y accesible para todos los malagueños.
Entre las propuesta, se destaca la búsqueda de una **delimitación más clara de las zonas de casetas**, tanto para familias como para jóvenes. Este aspecto, según los representantes del colectivo, es crucial para garantizar que todos los asistentes puedan disfrutar del ambiente festivo en un entorno adecuado. Además, los peñistas han hecho hincapié en la necesidad de una **reducción en las tasas** pertinentes, argumentando que **ninguna entidad obtiene beneficios económicos** durante la feria, lo que pone en duda la viabilidad de las actividades que se proyectan.
Los miembros presentes en la asamblea no se han mostrado conformes con las declaraciones de la concejala de Fiestas, Teresa Porras, quien insinuó que las peñas se han «ido solas» de la feria. Estas afirmaciones fueron calificadas por los asistentes de **»peyorativas»** y, según manifestaron, carecen de rigor y respeto hacia el esfuerzo y trabajo continuo que el colectivo ha realizado a lo largo de los años. Este desacuerdo ha elevado la tensión en el ambiente, si bien se ha decidido evitar un enfrentamiento directo y, en su lugar, optaron por la unidad en la presentación de alegaciones a la normativa.
Además de estas quejas, el notorio descontento ha llevado a algunos miembros a proponer una manifestación frente al Ayuntamiento o la solicitud de una reunión directa con el alcalde. Aunque estas ideas se debatieron, finalmente se acordó que sería más productivo canalizar el descontento a través de las alegaciones, mostrando cohesión y un frente común ante la administración municipal.
La polémica no solo se ha limitado a las puertas de la Federación, sino que también ha comenzado a resonar en el ámbito político. Varios grupos locales han mostrado su intención de dialogar con la federación para entender mejor sus preocupaciones y las demandas necesarias para hacer de la Feria de Málaga un evento que honre sus raíces culturales y tradiciones. Con el colectivo peñista consolidando una posición firme, el futuro de la celebración dependerá en gran medida de las respuestas que reciba del consistorio malagueño y de si se implementan las modificaciones requeridas.
En resumen, el clamor por una Feria de Málaga más auténtica y accesible para todos se ha hecho eco en el corazón de la comunidad peñista, cuya voz unificada puede marcar el rumbo de las festividades malagueñas en los años venideros.
La decisión de la Federación Malagueña de Peñas de unificarse en un frente común en defensa de una Feria de Málaga más tradicional no solo refleja la inquietud de un amplio espectro de la sociedad malagueña, sino que también pone de manifiesto la necesidad de escuchar a quienes son los auténticos custodios de nuestra cultura festiva. La pérdida de tradiciones en favor de un modelo de feria más comercial y elitista ha generado un vacío que muchos sienten como una traición a la esencia misma de nuestra identidad colectiva. Es incomprensible que el Ayuntamiento ignore las necesidades de un colectivo que, durante décadas, ha contribuido al alma festiva de la ciudad. La alegación de una delimitación clara de las casetas y la reducción de tasas son demandas que, lejos de ser vistas como una mera queja, deberían ser consideradas como una oportunidad para reavivar el espíritu inclusivo de la feria.
Sin embargo, no podemos perder de vista la forma en que se han presentado estas demandas. La reacción ante las declaraciones de la concejala de Fiestas, Teresa Porras, lejos de aportar claridad al debate, ha incrementado la tensión y muestra un preocupante déficit de comunicación entre las autoridades y los representantes de las peñas. La política local debe aprender a valorar y a integrarse en el discurso cultural, considerando que la feria es, en última instancia, un patrimonio compartido por todos los malagueños. Mientras las peñas optan por un enfoque unificado, el verdadero desafío radica en cómo las instituciones municipales interpretarán y responderán a este clamor por el respeto y la tradición. El futuro de la Feria de Málaga debería aunar tanto la voz de sus ciudadanos como la responsabilidad de los órganos administrativos, en una danza que finalmente celebre nuestra cultura y nuestra diversidad.
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