La tranquilidad de la comarca del Guadalhorce se ha visto perturbada por una grave denuncia del sindicato CSIF en el Servicio Andaluz de Salud (SAS). Según la central sindical, pacientes del Hospital Valle del Guadalhorce en Cártama se han visto obligados a compartir habitación con fallecidos durante horas, una situación calificada de «intolerable» y directamente atribuida a la escasez de personal, específicamente de celadores. La denuncia, que ha sacudido los cimientos de la confianza en la gestión sanitaria, pone de manifiesto una realidad sombría: la falta de recursos humanos estaría comprometiendo la dignidad de los pacientes y la eficiencia del servicio.
El relato del CSIF es escalofriante: durante la madrugada del jueves, dos pacientes fallecieron en Medicina Interna, pero sus cuerpos no pudieron ser trasladados al mortuorio hasta cuatro horas después. ¿La razón? Aparentemente, la disponibilidad de solo dos celadores para todo el centro en horario nocturno. La imagen de pacientes ingresados, luchando por su salud, compartiendo espacio con quienes ya no están, pinta un cuadro desolador. «No es la primera vez que ocurre», insiste la plataforma sindical, señalando que esta situación se repite en las plantas de medicina interna y paliativos, donde la ausencia de celadores durante la noche convierte la despedida de los difuntos en una espera angustiosa e impropia.
Ante la gravedad de las acusaciones, el Hospital Universitario Virgen de la Victoria, gestor del centro, ha ofrecido su versión de los hechos. Si bien admiten la demora en el traslado de un paciente fallecido en la madrugada del jueves, la dirección del hospital niega rotundamente que la causa fuera la falta de celadores. En cambio, atribuyen el retraso a un trámite burocrático: la falta de la documentación necesaria para la emisión del certificado de defunción. Según el hospital, la imposibilidad del facultativo de guardia para cumplimentar el certificado impidió el traslado inmediato del cuerpo.
El hospital ha lamentado profundamente «las molestias ocasionadas» y ha pedido disculpas al acompañante del paciente por la situación vivida. Además, ha reafirmado su compromiso con el respeto, la dignidad de los pacientes y sus familias, así como con la profesionalidad de sus trabajadores. Sin embargo, estas disculpas no parecen ser suficientes para calmar la indignación generada por la denuncia del CSIF.
Más allá del caso puntual, el sindicato denuncia un problema estructural: el recorte en las contrataciones para cubrir vacantes, que ha llevado al límite al colectivo de celadores. Una situación que, según el CSIF, no solo afecta la eficiencia del servicio, sino que también pone en riesgo la dignidad de los pacientes y sus familiares en un momento tan delicado. La pregunta que resuena ahora es: ¿hasta qué punto los recortes presupuestarios están erosionando la calidad de la atención sanitaria en Málaga? Y, lo que es aún más importante, ¿qué medidas se tomarán para garantizar que situaciones como estas no se repitan?
La justificación del Hospital Virgen de la Victoria, achacando el retraso en el traslado de los fallecidos a un mero trámite burocrático, resulta no solo insuficiente, sino profundamente hiriente. No se trata de un problema de papeleo, sino de sensibilidad humana. Reducir la espera angustiosa de pacientes y familiares a la cumplimentación de un formulario es una muestra preocupante de deshumanización en un servicio que debería priorizar la empatía y el respeto por encima de la mera eficiencia administrativa. Es imprescindible investigar a fondo la cadena de responsabilidades, desde la gestión del personal hasta la coordinación de los servicios, para depurar las negligencias que hayan podido contribuir a esta intolerable situación.
Más allá de las excusas oficiales, la sombra de los recortes planea inevitablemente sobre este suceso. La sobrecarga de trabajo del personal sanitario, especialmente de los celadores, es un secreto a voces en la sanidad pública andaluza. Culpar a la burocracia es un ejercicio de escapismo que no aborda el problema de fondo: la necesidad urgente de invertir en recursos humanos y mejorar las condiciones laborales de los profesionales. La salud y la dignidad de los pacientes no pueden ser moneda de cambio en la política de austeridad. Urge una reflexión profunda sobre las prioridades presupuestarias y una apuesta decidida por una sanidad pública de calidad, donde la atención humana prevalezca sobre las frías cifras del balance contable.
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