La histórica Catedral de Málaga, uno de los símbolos más representativos de la ciudad, se enfrenta una vez más a un problema que parece no tener fin: las goteras. A pesar de las intervenciones y obras en curso destinadas a mejorar su estructura, las recientes lluvias intensas han dejado al descubierto la vulnerabilidad de este emblemático templo, haciendo que cubos y recipientes se conviertan en un paisaje habitual en su interior.
Desde principios de marzo, las precipitaciones han sido especialmente intensas, lo que ha llevado a los responsables del templo a desplegar cubos por el suelo para recoger el agua que se filtra del techo. La zona de la girola, un espacio semicircular alrededor del altar mayor, ha sido una de las más afectadas, con goteras que gotean en pleno recorrido por las naves. Este fenómeno se repite una vez más, recordando a los visitantes que, aunque las obras de mejora han comenzado, el camino hacia una solución definitiva sigue siendo largo y complicado.
Particularmente grave ha sido la situación en la capilla de los Caídos, donde la imagen del Crucificado de la Victoria, obra maestra de Alonso de Mena, ha sido retirada para evitar daños. Este acto simbólico resalta la fragilidad del patrimonio artístico bajo la amenaza de la filtración de agua, un recordatorio de que la protección del arte y la arquitectura va de la mano con la conservación del lugar mismo.
A pesar de que las obras para dotar a la Catedral de un nuevo tejado se encuentran en una fase inicial, se han implementado diversos protocolos de protección para mitigar los efectos de las lluvias. Trabajadores de las empresas involucradas en la construcción han estado atentos a las filtraciones, aplicando materiales especializados, como láminas EPDM, para intentar reducir los daños. Sin embargo, la efectividad de estas medidas ha resultado insuficiente ante la fuerza de la naturaleza.
Los arquitectos Juan Manuel Sánchez La Chica y Adolfo de la Torre Prieto, responsables del proyecto de restauración, han planteado un enfoque cuidadosamente diseñado para lidiar con el histórico problema de las humedades. La decisión de mantener las actuales láminas de plomo como única protección para las bóvedas hasta que el nuevo tejado esté completo es un testimonio del desafío que representa la restauración de este monumento, que continúa siendo un foco de atención y frustración para la comunidad malagueña.
La situación en la Catedral de Málaga plantea una reflexión más amplia sobre la conservación del patrimonio cultural. No solo se trata de restaurar una iglesia; se trata de preservar una historia que ha perdurado durante siglos. Mientras los malagueños y turistas continúan admirando su majestuosa arquitectura, la lucha contra las goteras nos recuerda que incluso los monumentos más venerados son vulnerables a los elementos, y que su cuidado requiere tanto de ingenio humano como de recursos constantes.
El futuro de la Catedral de Málaga depende de la capacidad para enfrentar estos retos con determinación y compromiso. Cada gotera es una oportunidad para aprender de la historia y mejorar la estructura que ha sido testigo de innumerables eventos a lo largo de los años. A medida que avanzan los trabajos, la comunidad espera que la Catedral pueda, finalmente, gozar de protección frente a las lluvias y seguir siendo un referente cultural y espiritual en el corazón de la ciudad.
La situación de las goteras en la Catedral de Málaga no es solo un inconveniente pasajero, sino que es un reflejo de un problema mucho más profundo y preocupante: la falta de atención y recursos adecuados para la conservación del patrimonio cultural. La majestuosidad de este templo no debe ser solo un adorno en el paisaje urbano; representa la identidad y la historia de Málaga. Sin embargo, cada anuncio de lluvias intensas viene acompañado de una sensación de impotencia al ver que las obras propuestas parecen ser más un parche temporal que una solución definitiva. La comunidad malagueña merece respuestas claras y un compromiso real por parte de las autoridades para garantizar que su patrimonio no sea solo un recuerdo, sino una realidad viva y estable.
A medida que nos encontramos con la tangible fragilidad del arte y la arquitectura, resulta crítico que se prioricen soluciones sostenibles y a largo plazo en lugar de respuestas reactivas que apenas abordan el problema. La decisión de utilizar láminas de plomo como única protección ante la inclemencia del tiempo hasta que se complete el nuevo tejado deja entrever la precariedad de nuestro enfoque hacia la conservación. Es crucial que las instituciones involucradas trabajen de la mano con expertos en conservación, no solo para aplicar medidas correctivas, sino para desarrollar un proyecto integral que considere el impacto del clima en el futuro. Después de todo, cada gotera es un recordatorio de nuestra responsabilidad colectiva y de la necesidad de un compromiso renovado con el legado histórico que representa la Catedral de Málaga.
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