La suave brisa veraniega acarició los jardines de San Telmo Business School mientras Málaga se vestía de gala para celebrar el esfuerzo, la dedicación y el legado de las empresas familiares. En una noche donde el aroma a jazmín se mezclaba con el eco de las conversaciones animadas, la ciudad fue testigo de la entrega de los Premios Familia Empresa – Cátedra BBVA de Empresa Familiar, un reconocimiento que ya suma más de un cuarto de siglo honrando a aquellos negocios que, generación tras generación, construyen el tejido económico y social de nuestra tierra.
Más que una simple entrega de galardones, la velada se convirtió en un homenaje a la perseverancia, a la capacidad de innovar manteniendo las raíces y a la transmisión de valores que definen a estas empresas. Juan Cano, presidente del consejo de la Cátedra BBVA de Empresa Familiar, destacó el peso crucial de estas entidades en la economía española, representando el 60% del PIB y generando el 70% del empleo. «Su impacto es innegable, y merecen un reconocimiento que a menudo se les niega,» afirmó con convicción. Asunción Álvarez Puerta, directora regional Sur de BBVA, añadió un toque poético a la noche, comparando la construcción de una empresa familiar con la formación lenta y constante de una estalactita, un proceso que requiere «sacrificio, cariño y la acumulación de experiencias a lo largo de las generaciones.»
Entre las once empresas galardonadas, cada una representando una provincia andaluza, extremeña o las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, Málaga brilló con luz propia gracias al reconocimiento otorgado a la familia Parra por su Grupo Solvento. Fundada en Marbella hace casi un siglo por el visionario Cristóbal Parra, esta empresa familiar ha sido pilar fundamental del desarrollo urbanístico y turístico de la Costa del Sol. Con más de 290 activos inmobiliarios y 80 empleados, Solvento representa la cuarta generación de una saga que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder la esencia de sus orígenes.
La Yeguada Escalera, con la familia De Novales de la Escalera al frente, recibió un galardón especial por su legado como ganadería de Pura Raza Española, la más antigua y premiada del mundo. Otros premiados incluyeron a Grupo CICA, de Sevilla, lider nacional en automoción, Mariscos Castellar de Jaén, Casa Isla de Granada famosa por sus piononos y Sabor a España de Córdoba, reconocida por su tradición turronera. Cada una de estas empresas familiares representa un ejemplo de compromiso, innovación y arraigo a la tierra, demostrando que el éxito empresarial puede ir de la mano con los valores familiares y el respeto por la tradición. La noche de San Telmo fue, sin duda, un merecido tributo a estos pilares de nuestra economía.
La pompa y el boato que rodean la entrega de premios a la empresa familiar en San Telmo Business School, con su cohorte de empresarios sonrientes y discursos edulcorados, levantan una ceja de escepticismo. Si bien es innegable el peso económico de estas empresas en nuestra región, representando un porcentaje significativo del PIB y del empleo, resulta simplista celebrar acríticamente su éxito sin cuestionar la distribución de esa riqueza. ¿Se traduce realmente el «compromiso» y la «innovación» pregonados en salarios dignos para sus empleados, en inversiones sostenibles para el medio ambiente o en un compromiso real con la comunidad más allá del marketing social? La noche de San Telmo, con su aroma a jazmín, parece más enfocada en perpetuar una imagen idílica que en abordar las problemáticas reales que enfrentan las empresas familiares en un contexto socioeconómico complejo y cambiante.
Más allá de los discursos grandilocuentes y las comparaciones poéticas entre la creación de una empresa familiar y la formación de una estalactita, convendría preguntarse si este tipo de eventos no sirven, en última instancia, para reforzar un sistema donde el acceso a recursos y oportunidades sigue estando condicionado por la cuna. Mientras se aplaude la continuidad generacional de empresas como Solvento o Yeguada Escalera, cabe recordar que el emprendimiento no debería ser un privilegio reservado a aquellos que ya cuentan con un legado. Es esencial fomentar un ecosistema empresarial más equitativo, que impulse la creación de nuevas empresas desde cero y ofrezca oportunidades reales a aquellos que no cuentan con el capital inicial o las conexiones familiares necesarias para prosperar. Reconocer el esfuerzo empresarial es importante, pero no a costa de invisibilizar las desigualdades y las barreras que impiden un desarrollo económico verdaderamente inclusivo en Málaga.
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