El pasado 7 de febrero, en el Peñón del Cuervo, un emotivo homenaje conmemoró el 88º aniversario de La Desbandá, el éxodo de miles de malagueños durante la Guerra Civil Española. Este año, la conmemoración fue especialmente significativa, marcada por el comité de ciudadanos y familiares que continúan la lucha por la preservación de la memoria histórica, tomando el relevo de figuras como Juan Muñoz, cuya vida estuvo dedicada a mantener vivo el recuerdo de aquellos días trágicos.
Con el océano de fondo y el sonido de las olas como testigos, Paqui y su hija Marina, descendientes de Muñoz, lideraron el tributo, reafirmando el compromiso de las nuevas generaciones para recordar a quienes sufrieron en los fatídicos días de febrero de 1937. “Él luchó por dar voz a los olvidados, y nosotros seguimos su camino”, expresó Marina, visiblemente emocionada mientras compartía la historia de su abuelo.
Este homenaje se singularizó aún más al ser proclamado el Peñón del Cuervo como Lugar de Memoria Democrática por el Boletín Oficial del Estado (BOE). Tal reconocimiento subraya la importancia de estos espacios, no solo como testigos del pasado, sino como lugares donde se cultiva el diálogo y se denuncia el olvido.
Durante el acto, el subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, enfatizó el papel central de las mujeres y niños que perdieron la vida en el éxodo. “Estamos aquí para recordarles y aprender de su dolor. La memoria es nuestra herramienta más poderosa en la defensa de la democracia”, subrayó, mientras una multitud de asistentes escuchaba en silencio, asimilando la gravedad de sus palabras.
La emotividad del homenaje se palpó en el momento en que Marina recitó una poesía dedicada a su abuelo, evocando momentos de tristeza y esperanza que marcaron la historia familiar y la de muchos malagueños. Con voz firme, hizo eco de los valores que su madre, Paqui, le transmitió a lo largo de los años, mientras las lágrimas corrían por su rostro, un símbolo del profundo impacto que la memoria puede tener en las familias.
Al finalizar el acto, un coro de voces lanzó claveles rojos al mar, un gesto simbólico que representa la conexión entre el pasado y el presente. La vista de más de medio centenar de flores flotando en las aguas del Mediterráneo es un recordatorio vibrante de que, aunque el tiempo avanza, la memoria y la historia siempre deben ser mantenidas vivas, especialmente en un lugar donde el dolor y la lucha se convirtieron en la historia de la ciudad.
La conmemoración del 88º aniversario de La Desbandá en el Peñón del Cuervo no solo es un acto de recuerdo, sino un reflejo de la necesidad insaciable de nuestra sociedad por reconstruir su memoria colectiva. En momentos en que el pasado se diluye y se corre el riesgo de olvidar los horrores del conflicto español, es loable que familias como la de Juan Muñoz continúen la noble tarea de dar voz a los olvidados. Este homenaje, liderado por las manos de nuevas generaciones, muestra un compromiso loable, pero también plantea un interrogante sobre la profundidad y efectividad de estas iniciativas. Si bien el reconocimiento del lugar como «Lugar de Memoria Democrática» es un paso positivo, la pregunta que muchos nos hacemos es si esto se traducirá en acciones concretas que trasciendan el simbolismo, dejándonos un legado que realmente resuene en el presente y el futuro.
Sin embargo, a pesar de la emotividad palpante en el acto y de las palabras cautivadoras del subdelegado del Gobierno, el reconocimiento oficial debe ir acompañado de un esfuerzo continuado por parte de las instituciones para documentar y educar a las nuevas generaciones sobre estos episodios difíciles de nuestra historia. La memoria no debe ser solo una ceremonia anual, sino un compromiso constante que fomente el respeto por la diversidad y la inclusión. La administración tiene la responsabilidad de utilizar la memoria como herramienta pedagógica, creando espacios donde el pasado no sea un lastre, sino un aula abierta al debate y la reflexión. Al lanzar claveles rojos al mar, los asistentes no solo recordaron a las víctimas de La Desbandá; también enviaron un mensaje claro: la lucha por la verdad, la justicia y la memoria histórica continúa, y debemos ser los guardianes de estas verdades frente al riesgo del olvido.
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