El paso de la borrasca Laurence ha dejado una estela de devastación en la provincia de Málaga, particularmente en las localidades cercanas al Guadalhorce y Campanillas. Las intensas lluvias, que superaron los 100 litros por metro cuadrado en diversas áreas, han llevado a la activación de alarmas fluviales y, en algunos casos, a la evacuación de vecinos en riesgo. Las imágenes de calles transformadas en ríos y vehículos arrastrados por las corrientes son un claro testimonio de la furia de la naturaleza.
Tras alcanzar niveles de alerta en hasta 11 cauces, el Guadalhorce se desbordó en Cártama, creando una situación crítica que obligó a los servicios de emergencia a implementar operaciones de rescate. La presa de Casasola, que había estado aliviando la presión desde el pasado sábado, se vio sumida en dificultades con sus desagües atascados. Pese a que la lluvia fue más intensa de lo previsto, el río, que alcanzó su máximo histórico, ha comenzado a mostrar signos de recuperación.
A primera hora de este miércoles, el panorama está mejorando lentamente, pero la alerta no ha desaparecido por completo. Dos ríos, el Genal y el Grande, siguen bajo vigilancia, aunque el Guadalhorce ha salido del estado crítico gracias a un desagüe que ha reducido su caudal a 238 metros cúbicos por segundo, manteniéndose fuera de peligro. Esta estabilización ofrece un respiro a las comunidades afectadas que todavía luchan por recuperarse del impacto del temporal.
Los embalses de la provincia también muestran una mejoría significativa, sumando 30 hectómetros cúbicos tras el paso de la borrasca, cantidad suficiente para abastecer anualmente a aproximadamente 450.000 habitantes. Sin embargo, la perspectiva aún es preocupante con la llegada del nuevo frente, Martinho, que podría traer más lluvias. La acumulación de agua en los embalses como La Viñuela —que ahora posee 67 hectómetros cúbicos— es un alivio para la región, pero la gestión del caudal sigue siendo un desafío constante.
Los estragos provocados por Laurence requieren una revisión de las infraestructuras de la provincia. La falta de regulación en algunos cauces impide el aprovechamiento efectivo de los caudales generados, y las lluvias torrenciales revelan la vulnerabilidad de algunas áreas ante fenómenos meteorológicos de esta magnitud. La situación en Campanillas y Guadalhorce es un recordatorio de que la planificación y adaptación a la nueva realidad climática son fundamentales para mitigar el impacto de futuras inclemencias.
Mientras tanto, Málaga sigue recuperándose y los servicios de emergencia trabajan sin descanso para ayudar a las personas afectadas. Sin duda, la historia de Laurence será recordada no solo por sus devastadoras consecuencias, sino también como un impulso para la mejora de la gestión hídrica y la resiliencia ante el cambio climático.

La devastación causada por la borrasca Laurence en Málaga pone de manifiesto la fragilidad de nuestras infraestructuras frente a fenómenos climáticos extremos. A pesar de que los estudios sobre la adaptación al cambio climático son cada vez más evidentes, la realidad es que seguimos construyendo sin la previsión necesaria. Los desbordamientos en el Guadalhorce y la evacuación de vecinos en Campanillas son una llamada de atención que no podemos ignorar. La necesidad de una planificación más rigurosa y de la inversión en infraestructuras que garanticen la seguridad de las comunidades afectadas se hace apremiante. No podemos continuar esperando a que cada tormenta sea un recordatorio doloroso de nuestras carencias en este aspecto.
Sin embargo, la respuesta inmediata de los servicios de emergencia, que han trabajado incansablemente para mitigar el impacto y ayudar a los damnificados, es un aspecto positivo que debe destacarse. La labor de estos profesionales es un ejemplo de compromiso y dedicación en momentos de crisis. No obstante, más allá de la respuesta rápida ante la adversidad, es fundamental que las autoridades adopten medidas proactivas para afrontar el futuro. La acumulación de agua en embalses como La Viñuela es un alivio temporal, pero sin una gestión adecuada del caudal y la previsión ante nuevos frentes como el que se aproxima, corremos el riesgo de encontrarnos en la misma situación una y otra vez. La historia de Laurence debe ser el catalizador para una transformación estructural que priorice la sostenibilidad y la resiliencia ante el cambio climático.
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