Málaga, 12 de junio de 2025 – En una jornada donde el sol de justicia ilumina la Costa del Sol, una noticia aún más radiante emerge desde las aulas: Andrea Moreno, una joven prodigio de 17 años, se ha alzado como la estudiante número uno en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), antes conocida como Selectividad, celebrada los días 3, 4 y 5 de junio. Con una nota casi perfecta de 9,9 sobre 10 en la prueba, que asciende a un 13,9 tras la ponderación con su expediente de Bachillerato, Andrea ha dejado boquiabierta a la comunidad educativa malagueña.
La noticia le llegó a Andrea durante su viaje de estudios en Mojácar, un soplo de aire fresco en medio de la vorágine pre-universitaria. Unas horas de alegría, en las que seguramente no faltaron risas, bailes y la camaradería propia de estas celebraciones de fin de curso. Pero lejos de entregarse al hedonismo playero, la joven estudiante del IES Pérez de Guzmán de Ronda, según ha declarado en conversación telefónica con este medio, se enfrenta ahora a la encrucijada del futuro: ¿Ingeniería, Matemáticas o Física? Una decisión crucial que marcará el rumbo de una mente brillante, capaz de pulverizar los exámenes con una precisión quirúrgica.
El éxito de Andrea no es fruto de la casualidad, sino de una dedicación férrea y un esfuerzo constante. Dos años de Bachillerato Tecnológico con un expediente inmaculado de 10, horas de estudio incansables y la renuncia temporal a una de sus grandes pasiones, la gimnasia rítmica, han dado sus frutos. «La verdad es que los últimos dos años me los he tomado muy en serio. Estudiaba todos los días, mínimo dos horas», confiesa Andrea, demostrando que la disciplina y la perseverancia son las claves para alcanzar las metas más ambiciosas.
La joven, que aún no ha cumplido la mayoría de edad, se muestra sorprendida y emocionada por el reconocimiento. «No me lo esperaba para nada. Había exámenes en los que salí con buenas sensaciones, otros que… normal», admite con humildad. La llamada del rector de la Universidad de Málaga, Teodomiro López, fue el catalizador de una alegría indescriptible, el premio a años de sacrificio y dedicación.
Pero la historia de Andrea no acaba aquí. Aún queda por escribir el próximo capítulo: la elección de la universidad donde cursará sus estudios superiores. La Universidad de Málaga (UMA), la Universidad de Granada (UGR) y la Universidad de Sevilla (US) se postulan como los destinos predilectos de esta joven promesa. La cercanía a Ronda, su ciudad natal, la calidad de sus programas académicos y las oportunidades que ofrecen cada una de estas instituciones son factores que Andrea tendrá en cuenta a la hora de tomar una decisión que marcará su futuro profesional.
Por el momento, Andrea solo piensa en descansar y desconectar. «Han sido dos años muy intensos de estudio y voy a intentar descansar todo lo que pueda hasta septiembre», afirma. Un merecido descanso para una joven que ha demostrado que con esfuerzo, dedicación y una pizca de talento, los límites solo están en la mente. Málaga espera con los brazos abiertos a esta brillante estudiante, dispuesta a seguir cosechando éxitos y a dejar una huella imborrable en el panorama académico andaluz.
Celebramos, por supuesto, el éxito académico de Andrea Moreno, un logro que merece todo el reconocimiento y el aplauso. Sin embargo, esta noticia, lejos de ser únicamente una historia de superación individual, debería hacernos reflexionar sobre el sistema educativo que premia la memorización y la reproducción de contenidos por encima del pensamiento crítico y la creatividad. **¿Estamos formando mentes brillantes o simplemente entrenando máquinas de exámenes?** La presión a la que se someten los estudiantes en los últimos años de Bachillerato, sacrificando hobbies y tiempo de ocio, es un síntoma preocupante de un modelo que prioriza el resultado inmediato sobre el desarrollo integral de la persona.
La «Matemaga» de Ronda, como se la ha bautizado, encarna un ideal de excelencia académica que, si bien admirable, no debería convertirse en la única vara de medir el éxito. **Necesitamos un sistema que valore la diversidad de talentos y aptitudes, que fomente la pasión por el conocimiento y no la obsesión por las notas.** Mientras tanto, seguiremos ensalzando historias individuales que, en el fondo, ponen de manifiesto las carencias de un sistema educativo que, a pesar de los esfuerzos de muchos profesionales, sigue estando demasiado enfocado en la preparación para una prueba selectiva en lugar de en la formación de ciudadanos críticos y comprometidos con la sociedad.
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