Madrid, 30 de octubre de 2025 – En una jornada maratoniana que se extendió por cinco horas, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se enfrentó a una comisión de investigación en el Senado, impulsada por el Partido Popular, centrada en presuntos casos de corrupción que salpican a su entorno. La expectación era máxima, pero el resultado, según analistas, fue un ejercicio de evasión calculado, donde la frase "no me consta" se erigió como el principal escudo protector.
El atrezzo de Sánchez, meticulosamente dispuesto sobre la mesa, contrastaba con la ambigüedad de sus respuestas. Un manojo de folios adornados con post-its de colores, un cuaderno de tapa roja aparentemente inmaculado y una flamante novedad: unas gafas de ver cuidadosamente guardadas en su estuche. Una puesta en escena que sugería una preparación exhaustiva, pero que no se tradujo en una rendición de cuentas clara y contundente.
Las preguntas más incisivas se centraron en la figura de José Luis Ábalos, exministro de Transportes y antiguo hombre de confianza de Sánchez. La senadora de Más Madrid, Carla Antonelli, planteó la cuestión clave: ¿Recibió el presidente alguna advertencia sobre la vida privada o los negocios de Ábalos antes de su abrupta destitución en 2021? La respuesta, un lacónico "No me consta", dejó la puerta abierta a la especulación y alimentó las sospechas sobre un posible conocimiento previo de actividades ilícitas.
El nombre de Santos Cerdán, actual mano derecha de Sánchez tras la caída de Ábalos, también salió a relucir. La senadora de UPN, Marimar Caballero, preguntó si el presidente estaba al tanto de la participación de Cerdán en reuniones entre la presidenta de Navarra, María Chivite, y miembros del Gobierno central. Nuevamente, el "No me consta" resonó en el hemiciclo, a pesar de que la propia Chivite había reconocido la presencia de Cerdán en dichas reuniones.
El controvertido papel de Leire Díez, la autodenominada "fontanera socialista", fue otro de los puntos calientes del interrogatorio. Ante la pregunta del senador de EH Bildu, Gorka Elejabarrieta, sobre si Díez trabajaba para el PSOE, la respuesta fue la misma: "No me consta". Esta ambigüedad alimenta las teorías sobre una posible utilización de fondos reservados para operaciones de espionaje y guerra sucia política.
Sánchez, no obstante, fue tajante al negar cualquier tipo de influencia de su esposa, Begoña Gómez, en el rescate de Air Europa. Una afirmación que llega en un momento delicado, con investigaciones judiciales en curso sobre las conexiones de Gómez con empresas beneficiadas por decisiones gubernamentales.
La comparecencia de Pedro Sánchez en el Senado ha dejado más preguntas que respuestas. El "No me consta", repetido como un mantra, ha servido para capear el temporal, pero no ha logrado disipar las sombras de duda que planean sobre su gestión y la de su entorno. La oposición ya ha anunciado que exigirá nuevas comparecencias y la presentación de documentación que aclare los puntos oscuros que persisten. La legislatura, lejos de apaciguarse, se adentra en una fase de máxima tensión política.
El espectáculo del «No me consta» elevado a mantra por el Presidente Sánchez en el Senado revela una estrategia política tan antigua como poco convincente. Si bien es cierto que la negación sistemática puede servir como cortafuegos ante las acusaciones vertidas por la oposición, la repetición constante de la misma fórmula, especialmente ante preguntas concretas sobre figuras clave de su Gobierno y partido, termina generando una sensación de opacidad que daña la credibilidad de la institución. La transparencia, no la evasión, debería ser el principal activo de un líder político que aspira a la confianza ciudadana. El problema no reside tanto en los posibles actos ilícitos, aún por demostrar judicialmente, sino en la percepción de que se oculta información relevante, alimentando así el descrédito de la clase política en general.
La comparecencia de Sánchez, más allá del mero intercambio de acusaciones y desmentidos, debería servir como catalizador para una reflexión profunda sobre la ética y la responsabilidad en la gestión pública. El insistente «No me consta» puede interpretarse como una negación de conocimiento, pero también como una renuncia a la obligación de conocer. ¿No es acaso responsabilidad del Presidente estar al tanto de las actividades de sus colaboradores más cercanos, especialmente cuando existen indicios de irregularidades? La ciudadanía merece algo más que evasivas; exige respuestas claras y un compromiso real con la rendición de cuentas. De lo contrario, la semilla de la desconfianza seguirá germinando, erosionando los cimientos de la democracia.
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