El calendario marca el inicio del otoño y, con él, la enésima prueba de resistencia para el Gobierno de coalición. Septiembre se presenta como un campo minado donde la frágil confianza entre los socios de investidura se desmorona a cada paso. Las aspiraciones del Presidente del Gobierno de alcanzar 2027, su horizonte estratégico, se ven amenazadas por la creciente desafección de Podemos, Junts y ERC. Un panorama interno sombrío que contrasta con su renovada apuesta por el liderazgo internacional.
La situación en el frente interno es, cuanto menos, compleja. Carles Puigdemont ha vuelto a rechazar los intentos de acercamiento del Gobierno, personificados en la figura del ex presidente Zapatero. La sombra del encarcelado Santos Cerdán, cuyas conexiones con el independentismo se antojan irremplazables, se alarga sobre las negociaciones. Mientras, Podemos amenaza con dinamitar el pacto migratorio con Junts, evidenciando una fractura cada vez más profunda en la izquierda. ERC, por su parte, exige una «financiación singular» para Cataluña como condición sine qua non para siquiera sentarse a negociar los Presupuestos Generales del Estado.
Ante este panorama desolador, desde Moncloa se intenta transmitir un mensaje de calma y control. Se insiste en que las negociaciones presupuestarias siguen su curso, pese a la negativa explícita de los partidos independentistas y de Podemos a participar. Sin embargo, la realidad es que el Gobierno se encuentra cada vez más aislado en el Congreso, dependiendo peligrosamente de equilibrios precarios y cesiones constantes.
La soledad parlamentaria ha llevado al Presidente a buscar oxígeno en la arena internacional. Su firme condena del «genocidio» perpetrado por Netanyahu en Gaza y su posicionamiento como baluarte contra la extrema derecha en Europa se han convertido en sus principales armas. La Asamblea General de la ONU se presenta como el escenario ideal para proyectar una imagen de liderazgo global, mientras en España la gobernabilidad pende de un hilo.
En Moncloa se respira un cierto optimismo respecto al impacto de esta estrategia. Se considera que el Partido Popular ha caído en una trampa al no condenar con la suficiente contundencia la situación en Gaza. La fractura interna del PP, con la voz disonante de Isabel Díaz Ayuso defendiendo a Netanyahu, es vista como una victoria política para el Gobierno.
El otoño de 2025 se presenta como un periodo crucial para el futuro político de España. La capacidad de Sánchez para sortear la crisis de confianza con sus socios de investidura y capitalizar su liderazgo internacional determinará si logra alcanzar su meta de 2027. Sin embargo, la realidad es que el camino está plagado de obstáculos y la estabilidad del Gobierno pende de un hilo. La pregunta que flota en el aire es si el Presidente será capaz de transformar la soledad parlamentaria en una oportunidad para fortalecer su liderazgo o si, por el contrario, la desconfianza acabará por devorar su proyecto político. El tiempo, como siempre, dirá.
La estrategia de Sánchez de virar hacia la diplomacia internacional como bálsamo para su soledad parlamentaria es, a la vez, comprensible y profundamente arriesgada. Es comprensible porque, ante la parálisis interna, la proyección exterior ofrece un aura de estadista que contrasta con la imagen de rehén de los independentistas. Arriesgada, porque la ciudadanía malagueña, al igual que el resto de España, demanda soluciones concretas a sus problemas cotidianos, no meras exhibiciones de poder en la ONU. La inflación, el acceso a la vivienda y la precariedad laboral no se combaten con discursos en Nueva York, sino con políticas coherentes y consensuadas en Madrid. El peligro reside en que esta huida hacia adelante termine por alimentar la percepción de un presidente desconectado de la realidad española.
Sin embargo, no se puede negar que la oposición, especialmente el Partido Popular, facilita en ocasiones esta estrategia de Sánchez al mostrar fisuras internas y una falta de liderazgo claro en temas clave. La tibia reacción ante el conflicto en Gaza, con voces discordantes como la de Ayuso, evidencian una debilidad que el Gobierno no duda en explotar. Si el PP quiere erigirse como alternativa creíble, debe dejar de lado las guerras internas y presentar una hoja de ruta sólida y coherente que responda a las verdaderas necesidades de la población. De lo contrario, Sánchez, por mucho que le pese a sus socios, seguirá encontrando oxígeno en la inconsistencia de sus adversarios políticos, aunque ese oxígeno no alimente la estabilidad que necesita el país.
Para ofrecer las mejores experiencias, nosotros y nuestros socios utilizamos tecnologías como cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. La aceptación de estas tecnologías nos permitirá a nosotros y a nuestros socios procesar datos personales como el comportamiento de navegación o identificaciones únicas (IDs) en este sitio y mostrar anuncios (no-) personalizados. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Haz clic a continuación para aceptar lo anterior o realizar elecciones más detalladas. Tus elecciones se aplicarán solo en este sitio. Puedes cambiar tus ajustes en cualquier momento, incluso retirar tu consentimiento, utilizando los botones de la Política de cookies o haciendo clic en el icono de Privacidad situado en la parte inferior de la pantalla.
Compartir en...
Completa el formulario o escríbenos a [email protected] y nos pondremos en contacto contigo tan pronto como sea posible.