Madrid, 4 de diciembre de 2025 – En un movimiento que ha sacudido los cimientos de la política española, el PSOE, el PP y Junts han logrado un acuerdo sorprendente en el Congreso de los Diputados para avanzar en la reforma del Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, con el objetivo principal de combatir la multirreincidencia delictiva. La imagen, cuanto menos, es insólita: socialistas y populares, tradicionalmente en orillas opuestas, apoyados por Junts, trabajando codo con codo en una legislación que, hasta ahora, había permanecido en un limbo parlamentario.
La reforma, impulsada originalmente por Junts en 2024 y mantenida en hibernación durante más de un año, ha resurgido como un ave fénix tras las tensiones recientes entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Carles Puigdemont. La multirreincidencia era una de las principales demandas del líder independentista para restablecer la confianza con el ejecutivo central, y el PSOE, buscando desesperadamente salvar la legislatura, ha dado un giro de timón inesperado. Este acercamiento se produce tras el reconocimiento público por parte del Presidente Sánchez de «incumplimientos» previos con Puigdemont, una admisión que ha abierto la puerta a una nueva etapa de diálogo y negociación.
El pacto entre PSOE, PP y Junts se ha materializado en la aprobación de varias enmiendas que endurecen las penas para los delincuentes multirreincidentes, especialmente en casos de hurtos de teléfonos móviles, dispositivos electrónicos y estafas reiteradas. Una de las medidas clave es el incremento de las condenas para aquellos que hayan sido condenados al menos por tres delitos de la misma naturaleza, incluso si uno de ellos es considerado leve.
Sin embargo, esta alianza tripartita no ha estado exenta de controversia. Socios de gobierno del PSOE como Podemos y EH Bildu, así como miembros de Sumar, han expresado su descontento y dudas sobre el endurecimiento del Código Penal, argumentando que podría afectar negativamente a los colectivos más vulnerables y no abordar las causas profundas de la delincuencia. La reforma ha levantado ampollas dentro del propio bloque de izquierda, generando un debate intenso sobre el equilibrio entre seguridad y derechos sociales.
Fuentes del PP han insistido en que las enmiendas aprobadas no son fruto de una «negociación previa» con el PSOE, sino de una convergencia de intereses en la necesidad de combatir la multirreincidencia. A pesar de estas declaraciones, resulta evidente que la proximidad de las posturas entre socialistas y populares en este asunto ha facilitado un acuerdo que, hace apenas unos meses, parecía impensable. La pregunta que ahora se hacen los analistas políticos es si este acercamiento puntual entre PSOE y PP podría presagiar una nueva etapa de entendimiento en otros temas de Estado, o si se trata simplemente de una maniobra táctica para asegurar la estabilidad del Gobierno y recuperar la confianza de Junts.
Asistimos a un espectáculo político tan sorprendente como inquietante. La imagen de PSOE, PP y Junts unidos para endurecer las penas por multirreincidencia no es solo una anomalía aritmética en el Congreso, sino un síntoma preocupante de cómo la política, en su afán por sobrevivir, sacrifica principios y profundiza en soluciones cortoplacistas. Este pacto, nacido de la necesidad gubernamental y la supuesta exigencia de confianza independentista, revela la fragilidad del proyecto de país y el alarmante pragmatismo que guía las decisiones de nuestros representantes. ¿Dónde queda el debate ideológico? ¿Dónde la reflexión sobre las causas sociales que alimentan la multirreincidencia? Todo parece diluirse en un alarmismo penal que, históricamente, ha demostrado ser ineficaz para solucionar problemas complejos.
Más allá del supuesto éxito en «combatir» la multirreincidencia, este acuerdo abre una peligrosa caja de Pandora. La criminalización de la pobreza y la marginalidad, disfrazada de legítima defensa social, es un camino resbaladizo que erosiona los cimientos del Estado de bienestar. Mientras se engrosan las filas de los que claman por mano dura, se obvian las políticas preventivas, la inversión en educación, la reinserción social y el acceso a la justicia para todos. Este pacto, fraguado entre bambalinas y a espaldas de los socios de gobierno, evidencia una deriva autoritaria que, lejos de solucionar el problema, lo enquista y lo convierte en combustible para la crispación social. Quizá, en lugar de buscar soluciones mágicas, deberíamos empezar a preguntarnos por qué la multirreincidencia es un problema tan persistente en nuestra sociedad y actuar, de una vez por todas, sobre las verdaderas raíces del conflicto.
Para ofrecer las mejores experiencias, nosotros y nuestros socios utilizamos tecnologías como cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. La aceptación de estas tecnologías nos permitirá a nosotros y a nuestros socios procesar datos personales como el comportamiento de navegación o identificaciones únicas (IDs) en este sitio y mostrar anuncios (no-) personalizados. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Haz clic a continuación para aceptar lo anterior o realizar elecciones más detalladas. Tus elecciones se aplicarán solo en este sitio. Puedes cambiar tus ajustes en cualquier momento, incluso retirar tu consentimiento, utilizando los botones de la Política de cookies o haciendo clic en el icono de Privacidad situado en la parte inferior de la pantalla.
Compartir en...
Completa el formulario o escríbenos a [email protected] y nos pondremos en contacto contigo tan pronto como sea posible.