Málaga, 18 de noviembre de 2025 – El próximo viernes, el Congreso de los Diputados se convertirá en el epicentro de una polémica celebración: el 50 aniversario del inicio de la Transición española. Sin embargo, lejos de la imagen de unidad y consenso que se esperaría en un evento de tal magnitud, el acto se verá marcado por una notoria ausencia: la de la mayoría de los grupos parlamentarios. Solo PP y PSOE acompañarán a los Reyes en este coloquio académico, dejando en evidencia las profundas divisiones políticas que persisten en la sociedad española.
La espita la abrió Sumar, al que siguieron otras formaciones, como las independentistas y nacionalistas, argumentando su rechazo a celebrar una etapa histórica que, en su opinión, no representa sus ideales. La figura del Rey emérito Juan Carlos I y las críticas al discurso de Felipe VI tras el intento de secesión de 2017 han sido detonantes clave. Pero la sorpresa mayúscula llegó con la deserción de Vox. El partido liderado por Santiago Abascal califica el acto como un «sainete» y una «oda al régimen totalitario de Sánchez», acusando al gobierno de instrumentalizar la historia para sus propios fines.
La lista de ausentes es extensa: Sumar, Podemos, ERC, PNV, Junts, EH Bildu, BNG y Coalición Canaria. Cada formación esgrime sus propios motivos, aunque todos confluyen en un rechazo generalizado a la narrativa oficial de la Transición. Sumar, por ejemplo, insiste en la falta de un pronunciamiento claro de la Corona desvinculándose del franquismo, recordando las controvertidas memorias del Rey emérito. «Cincuenta años después, el silencio es ensordecedor», sentencian desde el grupo parlamentario. La ausencia de figuras clave como Gerardo Pisarello y Esther Gil en la Mesa del Congreso sirvió como aviso de la postura de la coalición.
Mientras tanto, el Congreso se prepara para acoger a los Reyes, la Princesa de Asturias Leonor y la infanta Sofía, en un «coloquio académico» que intentará analizar el papel de la Corona en la Transición. Bajo la batuta de los veteranos periodistas Fernando Ónega e Iñaki Gabilondo, historiadores como Juan Pablo Fusi, el ex presidente del Senado, Juan José Laborda, la catedrática Adela Cortina y la directora del Centro de Estudios Constitucionales, Rosario García Mahamut, intentarán ofrecer una visión contrastada del periodo. La pregunta que flota en el aire es si, sin la presencia de la mayoría de las fuerzas políticas, este debate podrá ser realmente representativo y plural.
El plante de la mayoría de los grupos parlamentarios a la Corona en la conmemoración del 50 aniversario de la Transición pone de manifiesto la profunda fractura que existe en la sociedad española en torno a este período histórico y al papel de la monarquía. Un evento que pretendía ser un símbolo de unidad se ha convertido en un espejo de las divisiones que marcan la actualidad política del país.
El desplante de la mayoría de los grupos parlamentarios a la conmemoración de la Transición Española, con la presencia de la Corona, no es solo un síntoma de la polarización política que asola nuestro país, sino también una grave miopía histórica. Si bien es legítimo cuestionar aspectos concretos de ese período, negar su importancia capital en la construcción de la democracia actual es, en el mejor de los casos, una irresponsabilidad y, en el peor, un intento de reescribir la historia con fines partidistas. Criticar la Transición es necesario, pero obviarla o demonizarla implica ignorar el camino recorrido y la enorme dificultad que supuso construir un marco de convivencia tras décadas de dictadura. El debate, sin duda, debe existir, pero la ausencia de las fuerzas políticas en este acto supone una pérdida de oportunidad para confrontar ideas y avanzar hacia una visión más completa y matizada de nuestro pasado.
El acto académico, con notables figuras como Ónega, Gabilondo y Fusi, intentará arrojar luz sobre el papel de la Corona en aquel momento crucial. Sin embargo, la ausencia de voces disidentes vicia de raíz cualquier intento de diálogo plural y representativo. Resulta paradójico que aquellos que claman por una mayor apertura y transparencia en la interpretación de la historia sean los primeros en boicotear un evento que, precisamente, podría haber servido como plataforma para expresar sus críticas y propuestas. La Transición, como cualquier proceso histórico complejo, está llena de claroscuros, y es precisamente en el debate abierto y honesto donde podemos encontrar las claves para construir un futuro mejor. Convertir la historia en un arma arrojadiza solo sirve para perpetuar las divisiones y obstaculizar el progreso.
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