El abrasador verano de 2025 continúa asolando la península ibérica, con incendios forestales que devoran hectáreas a un ritmo implacable. Las alarmas suenan con especial intensidad en León, Orense y Extremadura, donde las llamas desafían los esfuerzos de los bomberos y brigadistas. Mientras el humo tiñe el cielo y la ceniza cubre ciudades y pueblos, la pregunta que resuena con fuerza es: ¿Está haciendo el Gobierno lo suficiente?
La controversia política se centra en la gestión de la crisis por parte del ejecutivo central. El Partido Popular, liderado por Alberto Núñez Feijóo, ha intensificado sus críticas, exigiendo una mayor implicación del presidente Pedro Sánchez y su gabinete. La formación conservadora acusa al Gobierno de inacción y de limitarse a los «protocolos habituales», sin ofrecer una respuesta proactiva y coordinada ante la magnitud del desastre. En un gesto que busca proyectar liderazgo y contrastar con la supuesta pasividad del Gobierno, Feijóo ha asumido un papel protagonista, visitando zonas afectadas y proponiendo medidas concretas.
Frente a lo que consideran una «respuesta raquítica» de los ministros, muchos de ellos de vacaciones, el PP ha lanzado una ofensiva para marcar el paso al Gobierno. Feijóo ha instado a la movilización del Ejército, más allá de la Unidad Militar de Emergencias (UME), para emplear sus capacidades operativas, logísticas y su maquinaria pesada en tareas que van desde el avituallamiento y el transporte de personal hasta la atención de los evacuados y el uso de maquinaria para crear cortafuegos. Además, el líder popular se atribuye el mérito de haber alertado sobre la necesidad de solicitar ayuda a la Unión Europea, una petición que, según el PP, el Gobierno tardó diez días en realizar.
La ausencia de los ministros en el terreno ha sido otro punto de fricción. Mientras Fernando Grande-Marlaska, titular de Interior, preside las reuniones del Comité Estatal de Coordinación y Dirección (CECOD), la presencia de otros miembros del Gobierno en las zonas afectadas es prácticamente inexistente. El presidente Sánchez, de hecho, participará hoy en el comité de forma telemática desde Lanzarote, donde disfruta de sus vacaciones. En contraste, Feijóo se ha mostrado activo en el terreno, visitando puestos de mando avanzados en León y Orense junto a los presidentes autonómicos de Castilla y León y Galicia.
La gestión de la comunicación también ha sido objeto de críticas. Mientras el PP denuncia la tardanza en la solicitud de ayuda a la UE y la falta de coordinación inicial entre las comunidades autónomas, el Gobierno defiende su actuación y destaca el despliegue de medios y recursos. La polémica continúa, mientras el fuego avanza y la preocupación ciudadana aumenta. La próxima semana se espera un pleno extraordinario en el Congreso para abordar la crisis de los incendios y analizar las medidas adoptadas por el Gobierno. La batalla política, al igual que el fuego, está lejos de extinguirse.
El incendio que devora España no solo consume bosques, sino también la credibilidad de nuestra clase política. Es lamentable observar cómo una tragedia de esta magnitud se convierte en pasto para la politización oportunista. Si bien es legítimo que la oposición fiscalice la gestión del gobierno, resulta grotesco que Feijóo transforme las cenizas en una plataforma de campaña. La ciudadanía exige soluciones, no fotos vacías en puestos de mando. Se echa en falta una reflexión profunda sobre las causas estructurales de estos incendios: la falta de inversión en prevención, la despoblación rural y la negligencia en la gestión forestal. Reducir el debate a la presencia o ausencia de ministros es un insulto a la inteligencia colectiva y un flaco favor a quienes sufren las consecuencias devastadoras del fuego.
La crisis de los incendios forestales revela una preocupante desconexión entre la urgencia del problema y la lentitud de la respuesta institucional. Es inadmisible que la burocracia y los cálculos políticos demoren la solicitud de ayuda europea, mientras las llamas avanzan sin control. El debate sobre quién llegó antes al fuego, si el Gobierno o la oposición, es estéril y profundamente decepcionante. Se necesita una coordinación efectiva entre todas las administraciones, independientemente del color político, y un plan integral de prevención y extinción que trascienda los intereses partidistas. De lo contrario, seguiremos asistiendo, verano tras verano, a este dantesco espectáculo, donde la naturaleza arde y la política se quema en su propia ineficacia.
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