Málaga, 1 de diciembre de 2025 – En una entrevista exclusiva concedida a El diario de Málaga, Víctor Ábalos, hijo del exministro José Luis Ábalos, ha negado rotundamente las acusaciones que lo vinculan al caso Koldo y a una supuesta fortuna oculta en Colombia. El joven consultor, visiblemente afectado por las informaciones que circulan sobre él y su familia, ha insistido en su inocencia y en la de su padre, al que defiende «a capa y espada».
«Colombia es un país de oportunidades donde me tratan muy bien», ha afirmado Ábalos, explicando que su trabajo como consultor para diversas empresas le ha permitido ganarse la vida de manera lícita. Niega categóricamente haber ejercido de testaferro de su progenitor, tal y como apunta la Guardia Civil, y se muestra indignado por la cancelación de sus cuentas bancarias sin estar siquiera imputado. «Es mentira que haya cobrado comisiones en Colombia por adjudicaciones en España. No tengo dinero negro ni un zulo con dinero escondido. Soy un padre de familia currante», declara con vehemencia.
La declaración de Víctor Ábalos se produce en un momento de máxima tensión política y judicial, con el caso Koldo salpicando a figuras prominentes del PSOE. El joven Ábalos denuncia una campaña de acoso y derribo contra su familia, con el objetivo de «presionar» a su padre. «Han querido utilizarnos para encarcelarlo. Yo soy un daño colateral de mi padre, y mi hermana también. Pero somos tozudos: ¡Yo no me arrodillo ante nadie!», sentencia con determinación.
Víctor Ábalos también ha revelado episodios en los que intentaron corromperlo aprovechándose de su posición como hijo del ministro. «Un día alguien del PP me metió en el bolsillo un listado con obras públicas porque se corrió la voz de que yo era un puto conseguidor. Cogí la lista y la tiré». Según su relato, llegó a rechazar invitaciones a fiestas y premios como joven empresario porque «molaba mogollón tener al hijo del ministro». En cuanto a las referencias al «café de Colombia» en sus conversaciones, explica que se trataba, literalmente, de café para Koldo García, «un enfermo del café». Sobre Patricia Uriz, exmujer del asesor, reconoce haberla contratado por favor, pero asegura que su desempeño fue «un desastre».
La sombra de la duda sigue planeando sobre el caso Koldo, pero Víctor Ábalos se muestra confiado en demostrar su inocencia y la de su padre. «Si mi padre fuera culpable, yo no perdería el culo por él, porque mi vida se ha jodido», concluye. La investigación continúa, y el futuro de José Luis Ábalos y su entorno sigue siendo incierto. El caso Koldo promete seguir dando que hablar en los próximos meses.
La entrevista a Víctor Ábalos rezuma una estudiada puesta en escena, una coreografía mediática diseñada para mitigar el daño reputacional. Si bien su vehemencia al negar las acusaciones podría interpretarse como un signo de inocencia, resulta ingenuo obviar el contexto en el que se produce: un torbellino judicial y político que amenaza con engullir a figuras prominentes del PSOE. Su insistencia en la «licitud» de sus negocios en Colombia y en su papel como «padre de familia currante» suenan a un intento desesperado por desmarcarse de una trama que lo señala como beneficiario de favores derivados de la posición de su padre. La cuestión no es tanto si es un «testaferro», sino si su meteórico ascenso profesional en un país extranjero se explica únicamente por su talento y esfuerzo, o si, como hijo de un influyente ministro, disfrutó de una innegable ventaja.
Más allá de la credibilidad que pueda merecer su versión, la entrevista deja al descubierto la preocupante permeabilidad del poder a la corrupción y al clientelismo. Sus revelaciones sobre los intentos de soborno por parte de miembros del PP, aunque negados de forma rotunda, son un síntoma de un sistema donde las líneas entre lo público y lo privado se difuminan peligrosamente. La excusa del «café para Koldo» roza lo grotesco, y la contratación de la exmujer del asesor, aunque reconocida como un «favor», plantea serias dudas sobre la ética y la transparencia en la gestión de recursos públicos. En definitiva, más allá de la culpabilidad o inocencia de Víctor Ábalos, el caso Koldo es un espejo que refleja una realidad incómoda: la urgencia de reformar los mecanismos de control y la necesidad de exigir una mayor rendición de cuentas a nuestros representantes políticos.
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