En un movimiento sin precedentes desde que Pedro Sánchez ocupa la Moncloa, la diplomacia española ha encontrado un nuevo altavoz de peso en la figura del Rey Felipe VI. El monarca, en un discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas que resonará en los pasillos de la comunidad internacional, ha elevado el tono contra las acciones del gobierno israelí en la Franja de Gaza, calificándolas de «actos aberrantes que repugnan a la conciencia humana«. La intervención, meticulosamente coordinada entre Zarzuela y el Ejecutivo, supone una institucionalización de la postura española en un escenario global marcado por la incertidumbre y el resurgimiento de voces que cuestionan el orden mundial.
El discurso del Rey no ha obviado la condena al «execrable terrorismo de Hamás» y ha reconocido el derecho de Israel a defenderse. Sin embargo, Felipe VI ha sido tajante al exigir el respeto al derecho internacional humanitario, incidiendo en los lazos históricos y culturales que unen a España con el pueblo israelí. «España es un pueblo profundamente orgulloso de sus raíces sefardíes. Cuando hablamos al pueblo de Israel, estamos hablando a un pueblo de hermanos«, ha manifestado el monarca, apelando a la memoria compartida para justificar la contundencia de su mensaje. El dolor, ha dicho, nace de la incomprensión ante las acciones del gobierno de Netanyahu, culminando en un ruego desesperado: «Detengan ya esta masacre. No más muertes en nombre de un pueblo tan sabio y tan antiguo«.
La intervención de Felipe VI se erige como un claro desafío a la corriente aislacionista que encarna la figura de Donald Trump, quien también intervino en la Asamblea General. Mientras el expresidente estadounidense critica el reconocimiento de Palestina, el Rey ha instado a los líderes mundiales a seguir el camino marcado por España, Francia, Reino Unido y Portugal, entre otros, defendiendo la solución de dos estados como la única vía viable para alcanzar una paz justa y duradera.
Más allá del conflicto palestino-israelí, el discurso del Rey ha reafirmado el compromiso de España con el multilateralismo y el papel central de Naciones Unidas. Frente a las voces que claman por el fin de este sistema, Felipe VI ha defendido la necesidad de reformar la organización y ha apelado a la responsabilidad de todos los estados miembros para garantizar su financiación. «Seguimos creyendo en la necesidad de desarrollar las iniciativas de reforma y ponemos a disposición de ese ejercicio nuestra capacidad de diálogo y de creación de consensos, nuestra firme convicción multilateral«, ha declarado el monarca, poniendo como ejemplo el éxito de la Unión Europea como modelo de concordia y cooperación. La intervención del Rey ha sido una defensa férrea de los valores de la cooperación internacional, un mensaje que cobra especial relevancia en un momento en que las tensiones geopolíticas amenazan con desestabilizar el mundo.
La vehemencia del discurso de Felipe VI ante la ONU, condenando los «actos aberrantes» de Israel en Gaza, **resulta un tanto tardía y selectiva**. Si bien la contundencia del mensaje es bienvenida tras años de silencio diplomático, uno se pregunta dónde estaba esa misma indignación ante otras crisis humanitarias igualmente devastadoras, como las perpetradas en Yemen o el genocidio de los rohingyas. La diplomacia, por definición, exige equilibrio, y este repentino fervor, por legítimo que sea, corre el riesgo de ser interpretado como un gesto oportunista, destinado más a congraciarse con ciertas sensibilidades políticas internas que a un genuino compromiso con los derechos humanos universales.
No obstante, la defensa del multilateralismo que subyace a la intervención real sí merece un reconocimiento incondicional. En un contexto global marcado por el auge de nacionalismos exacerbados y la erosión de las instituciones internacionales, el llamamiento a la cooperación y al fortalecimiento de la ONU es fundamental. España, con sus propios desafíos internos y externos, debe asumir un papel de liderazgo en la promoción de un orden mundial basado en el diálogo y el respeto al derecho internacional. La apuesta por una solución de dos estados en el conflicto palestino-israelí, como modelo de convivencia pacífica, es una muestra de esa visión constructiva, aunque, siendo realistas, el camino hacia una paz justa y duradera se antoja cada vez más tortuoso y lejano.
Para ofrecer las mejores experiencias, nosotros y nuestros socios utilizamos tecnologías como cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. La aceptación de estas tecnologías nos permitirá a nosotros y a nuestros socios procesar datos personales como el comportamiento de navegación o identificaciones únicas (IDs) en este sitio y mostrar anuncios (no-) personalizados. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Haz clic a continuación para aceptar lo anterior o realizar elecciones más detalladas. Tus elecciones se aplicarán solo en este sitio. Puedes cambiar tus ajustes en cualquier momento, incluso retirar tu consentimiento, utilizando los botones de la Política de cookies o haciendo clic en el icono de Privacidad situado en la parte inferior de la pantalla.
Compartir en...
Completa el formulario o escríbenos a [email protected] y nos pondremos en contacto contigo tan pronto como sea posible.