Madrid se prepara para conmemorar el Día de la Fiesta Nacional con un despliegue sin precedentes, aunque la celebración se ve empañada por la sombra de la controversia política y las recientes tensiones internacionales. El paseo del Prado se transforma en un escenario imponente donde 3.847 efectivos de las Fuerzas Armadas, cuerpos de seguridad del Estado y otras instituciones marcharán con paso firme, acompañados por 229 caballos, seis perros, 45 aeronaves, 19 helicópteros, 123 vehículos y 39 motocicletas. Un espectáculo visual que busca reafirmar el poderío y la preparación de las fuerzas españolas, especialmente tras las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump cuestionando la legitimidad de la presencia de España en la OTAN.
La tribuna real, recién pintada de azul, aguarda a la Familia Real al completo. El Rey Felipe VI, como primer soldado, recibirá los honores en compañía de la Reina Letizia, la Princesa Leonor, ataviada con su uniforme de alférez del Ejército del Aire y del Espacio, y la Infanta Sofía, que regresa a la celebración tras dos años de ausencia. La princesa Leonor, además, debutará en el tradicional besamanos del Palacio Real, marcando un hito en su creciente papel institucional. Sin embargo, la imagen de unidad se ve contrastada por la ausencia de Santiago Abascal, líder de Vox, quien ha declinado la invitación alegando que el Gobierno utiliza estos actos para «blanquear un Gobierno corrupto y peligroso». Tampoco asistirá el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, debido a las previsiones de fuertes lluvias derivadas de la DANA.
Más allá del desfile y los actos protocolares, este Día de la Fiesta Nacional se presenta como una oportunidad para reivindicar el papel de España en el panorama internacional y la importancia de la inversión en defensa. El país ha alcanzado este año el 2% del gasto en defensa, un objetivo largamente esperado que se ha materializado en hitos como la puesta a flote de la primera Fragata de la clase F-110 Bonifaz y del submarino S-82. El desfile será, además, la primera exhibición de la Formación Mirlo, la nueva patrulla aérea que reemplaza a la emblemática Patrulla Águila, con los Pilatus C-21 en los que la Princesa Leonor aprenderá a volar. A pesar de las críticas de Trump, la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha reafirmado que España es un socio fiable de la OTAN y cumple con sus compromisos. La celebración del 12 de octubre se convierte así en un símbolo de la fortaleza de España, tanto en el ámbito militar como en su capacidad de resistencia ante las adversidades políticas y naturales.
El Palacio Real abrirá sus puertas a más de 1.000 invitados para el tradicional besamanos, en un intento de acercar la Monarquía a la sociedad. Además de los representantes de los poderes del Estado, embajadores, miembros de partidos políticos y autoridades de diversas instituciones, la recepción contará con la presencia de figuras destacadas del mundo de la cultura, la ciencia y el ámbito social. Premios Cervantes como Sergio Ramírez y Álvaro Pombo, Premios Nacionales de Investigación e Innovación, artistas como José Mercé y Jota, líder de Los Planetas, y representantes de diversas fundaciones y organizaciones sociales se mezclarán en un ambiente de celebración y camaradería. La presencia de personas con discapacidad y víctimas del terrorismo subraya el compromiso de la Familia Real con la inclusión y el apoyo a los colectivos más vulnerables.
El Día de la Fiesta Nacional, tal y como se plantea, sigue siendo un anacronismo envuelto en parafernalia militar y **una insistente necesidad de reafirmar un patriotismo que, sinceramente, se presume, pero se vive poco**. Si bien la inversión en defensa es crucial en un mundo convulso, el despliegue de recursos y la grandilocuencia de la celebración contrastan dolorosamente con las necesidades sociales urgentes que asolan Málaga y el resto de España. ¿No sería más sensato canalizar parte de esos fondos hacia la sanidad pública, la educación o la lucha contra la pobreza, demostrando así una verdadera fortaleza nacional basada en el bienestar de sus ciudadanos?
La ausencia de figuras políticas como Abascal y Mazón, bajo pretextos diversos, no hace sino acentuar la fractura política que atraviesa el país. Mientras, la Familia Real se esfuerza por proyectar una imagen de unidad y cercanía, abriendo el Palacio Real a una variopinta representación social. Sin embargo, esta apertura selectiva, por loable que sea, resulta insuficiente para disipar la sensación de que la Monarquía sigue siendo una institución distante y desconectada de las preocupaciones cotidianas de la mayoría. **Se echa en falta un debate profundo y sincero sobre el papel de la monarquía en el siglo XXI**, un debate que vaya más allá de los actos protocolarios y las fotografías cuidadosamente escenificadas.
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