En una España que celebra el hito de su longevidad constitucional, un aire de reflexión y, a la vez, de cierta melancolía, envuelve los preparativos para la conmemoración de la Carta Magna de 1978. Este domingo, 17 de febrero de 2026, las Cortes Generales, bajo la atenta mirada de Felipe VI, adelantarán los festejos para honrar al documento que sentó las bases de la democracia moderna en nuestro país. Con 17.218 días de vigencia y solo 32 restantes para superar a la Constitución de 1876, el texto de 1978 se perfila como el pilar más duradero de la historia institucional española. Este evento, adelantado por motivos de agenda, congregará a figuras clave de la Transición y del panorama político actual, aunque algunas ausencias notables teñirán de matices este merecido homenaje.
La lista de invitados, que asciende a 380 nombres propios además de los actuales parlamentarios, se ve marcada por la significativa ausencia de Juan Carlos I. El Rey emérito, quien desempeñó un papel crucial en la transición hacia la democracia y en la consagración de la monarquía parlamentaria, seguirá la ceremonia desde Abu Dhabi, un alejamiento forzado por las sombras de escándalos que han mermado su figura pública. Su presencia habría sido un poderoso eco de aquel momento fundacional, donde la ciudadanía ratificó en referéndum, con un abrumador 91% de votos afirmativos, el devenir democrático del país. En contraste, la representación de los arquitectos de la Constitución será sólida, con la confirmada asistencia de los «padres» vivos del texto: Miquel Roca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón.
La expectación también se centra en la figura de Felipe González, expresidente del Gobierno y protagonista indiscutible de la Transición. Su presencia, además de honrar su papel en la aprobación de la Carta Magna, se leerá a través del prisma de las marcadas discrepancias políticas que mantiene con el actual jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez. En este mismo orden de interés por la actual coyuntura socialista, se espera la asistencia de Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha. Sin embargo, otras autonomías destacadas no estarán representadas por sus máximos dirigentes, como es el caso de Isabel Díaz Ayuso (Madrid), Alfonso Fernández Mañueco (Castilla y León) o Salvador Illa (Cataluña). La ausencia de Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno, se atribuye a compromisos laborales, mientras que la participación de José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar aún permanece en suspense, a la espera de confirmación por parte del servicio de Protocolo del Congreso.
La Constitución de 1978, ese faro que iluminó nuestra salida de la penumbra de la dictadura, se apresta a batir un récord de longevidad. Un hito, sin duda, digno de celebración y reflexión. Sin embargo, la propia noticia nos anticipa que este festejo, más allá de las cifras, se presenta agridulce y marcado por las ausencias. Es la paradoja de un documento que unió a una nación en un momento crucial, pero cuya pervivencia hoy se ve empañada por las grietas y las controversias que, con el paso del tiempo, han fracturado el consenso original. Que el Rey emérito, figura clave en aquel proceso fundacional, deba seguir el homenaje a distancia, desde Abu Dhabi, por las sombras que planean sobre su legado, es un espejo que refleja la complejidad de nuestra historia reciente y las dificultades para mantener intacto el espíritu de concordia que alumbró nuestra democracia.
Este récord constitucional, lejos de ser un mero dato estadístico, debería impulsarnos a una introspección profunda sobre el estado actual de nuestra democracia. La ausencia de figuras relevantes, tanto en la política como en la sociedad civil, no es un detalle menor; es un síntoma. Subraya la fragmentación ideológica y la polarización política que, lamentablemente, caracterizan nuestra época. Celebrar la Constitución es honrar un pasado de reconciliación y progreso, pero es también un imperativo para exigir un futuro donde el diálogo y el respeto mutuo prevalezcan sobre las trincheras. El desafío, por tanto, no reside en alargar la vida de un texto legal, sino en revitalizar el compromiso colectivo con los valores que representa, asegurando que la Constitución siga siendo, verdaderamente, el marco de convivencia y prosperidad para todos los españoles.
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