En un contexto económico global marcado por la incertidumbre, el Banco Mundial ha mantenido sus previsiones de crecimiento en un modesto 2,7 % tanto para 2025 como para 2026. Este anuncio, realizado el 16 de enero, coincide con la publicación de su informe Perspectivas Económicas Mundiales, que además de ofrecer cifras, advierte sobre los desafíos crecientes que enfrentan las economías emergentes y en desarrollo. Esta situación podría verse agravada con la inminente llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, cuyas políticas comerciales y fiscales aún son inciertas.
El informe destaca que las economías avanzadas seguirán experimentando un crecimiento bajo, previniendo tasas de 1,7 % para 2025 y 1,8 % para 2026. En contraste, para las economías emergentes y en desarrollo, se prevé un crecimiento más robusto, aunque también con matices: el 4,1 % en 2024 y 2025, aunque insuficiente para abordar los problemas de pobreza que afectan a millones de personas en estas regiones. El Banco Mundial subraya que este crecimiento es el más bajo en las últimas dos décadas y se considera «desalentador», reflejando una recuperación aún lejana desde la pandemia.
La organización con sede en Washington también llama la atención sobre el resquebrajamiento de la integración económica mundial, que ha sido un factor determinante en la disminución del crecimiento. Con los flujos de inversión extranjera directa hacia economías en desarrollo alcanzando solo la mitad de los niveles de principios de los años 2000, el ambiente económico se complica aún más. La llegada de Trump al poder podría generar cambios en las políticas comerciales que, según el Banco Mundial, podrían afectar negativamente el crecimiento global, con un posible recorte de 0,2 puntos porcentuales en caso de que aumenten los aranceles.
Latinoamérica también figura como un sector de interés dentro del informe, con estimaciones que apuntan a un crecimiento de 2,2 % en 2024 y ajustes para México, que podría enfrentarse a un panorama oscuro con proyecciones de crecimiento reducidas a 1,7 % y 1,5 % para 2024 y 2025, respectivamente. Este contexto de bajas expectativas plantea una serie de retos tanto para gobiernos como para inversores, que deberán adaptarse a un entorno de una recuperación desigual y selectiva.
Con estas proyecciones, el reto principal radica en cómo las naciones en vías de desarrollo pueden lograr un crecimiento significativo y sostenible. La falta de inversiones y las crecientes restricciones comerciales evidencian que el camino hacia una recuperación económica robusta será complicado, demandando políticas efectivas y coordinadas entre las naciones para hacer frente a un futuro incierto y lleno de desafíos.
Las proyecciones del Banco Mundial para el crecimiento global, apenas alentadoras, evidencian una creciente desconexión entre las promesas de recuperación post-pandemia y la dura realidad económica que enfrenta el mundo. A pesar de que se prevé un crecimiento más robusto para las economías emergentes, su tasa de 4,1 % sigue distanciada de una verdadera solución a problemas cronificados, como la pobreza y la desigualdad. En este contexto, se hace imperativo cuestionar las estrategias a implementar. ¿Acaso el mero enfoque en tasas de crecimiento numéricas es suficiente para resolver problemas estructurales complejos? Ya es hora de que los líderes globales prioricen políticas que no solo busquen incrementar los números en el plano macroeconómico, sino que aborden las realidades sociales y económicas de millones de personas que siguen en situación de vulnerabilidad.
Además, el informe destaca las tensiones geopolíticas y el impacto potencial de decisiones políticas erráticas, como las que podría implementar una nueva administración estadounidense bajo Donald Trump. Este regreso al unilateralismo podría acentuar un resquebrajamiento de la integración económica global, empañando las esperanzas de un crecimiento equilibrado y sostenible. Los datos sobre el estancamiento de la inversión extranjera directa son preocupantes y requieren un replanteamiento profundo de cómo se entiende la cooperación internacional. En un mundo donde las fronteras comerciales se vuelven cada vez más difusas, es crítico que las naciones trabajen juntas para crear un ambiente propicio para la inversión y el desarrollo. Sin un esfuerzo coordinado, el camino hacia la sostenibilidad económica puede volverse un laberinto del que muchos países emergentes no logren salir.
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