Málaga, 26 de agosto de 2026. 09:30:00 – El sol brilla con fuerza sobre la Costa del Sol, atrayendo a turistas y nuevos residentes en un flujo constante. Sin embargo, detrás del idílico panorama, se esconde una realidad menos atractiva para quienes buscan hacer una inversión segura y rentable en el mercado inmobiliario: comprar una vivienda en Málaga para destinarla al alquiler se ha convertido en uno de los negocios menos rentables de España. Un reciente informe de pisos.com pone de manifiesto esta cruda verdad, situando a la capital malagueña en el puesto 46 de un total de 52 provincias, con un rédito bruto anual que apenas alcanza el 4,69%.
Esta cifra, que sitúa a Málaga en la cola de la tabla, junto a ciudades como A Coruña, Pamplona o Cádiz, es significativamente inferior a la rentabilidad media nacional, que se sitúa en un saludable 8,02%. La paradoja malagueña reside en que la escasez de alquileres no es el problema; la demanda es, de hecho, notablemente alta. El verdadero escollo es el estratosférico precio de compra de la vivienda, que devora cualquier expectativa de retorno rápido, a pesar de que las rentas mensuales también han alcanzado máximos históricos. En definitiva, el coste de entrada al mercado es tan elevado que diluye la rentabilidad, dejando a los inversores con un margen de beneficio ajustado.
El dato referente a Málaga adquiere una dimensión aún más alarmante cuando se compara con el resto de capitales andaluzas. Sevilla, por ejemplo, se erige como la segunda capital más rentable de toda España, con un impresionante 7,70%, solo superada por Tarragona. Le siguen de cerca Jaén (7,37%), Almería (7,00%) y Córdoba (6,97%), todas ellas con un rendimiento que deja a la capital de la Costa del Sol a la altura del betún. Mientras una buena parte de Andalucía se posiciona entre las provincias más rentables para invertir en alquiler, Málaga transita el camino opuesto, consolidándose entre las menos rentables del país. Esta disparidad subraya cómo el precio de la vivienda en la Costa del Sol ha experimentado un crecimiento desmedido, superando con creces el aumento de las rentas.
A nivel nacional, el podio de las rentabilidades más elevadas lo lideran Tarragona y Sevilla, seguidas de Huesca, Jaén y Castellón de la Plana. Un grupo selecto de ciudades que demuestran cómo la combinación de precios de acceso moderados y una demanda de alquiler sólida puede generar retornos atractivos. En el extremo opuesto, la rentabilidad más baja se registra en Donostia-San Sebastián, un destino de ensueño que se convierte en un quebradero de cabeza para el inversor inmobiliario, con un escaso 3,86%. Girona, Palma, Cádiz y Pamplona completan este club de las menos rentables, un selecto grupo del que Málaga forma parte con su 4,69%, justo por delante de ciudades como Salamanca, Logroño y Bilbao.
Ferran Font, director de Estudios de pisos.com, arroja luz sobre estas disparidades: «Las diferencias de rentabilidad entre capitales reflejan las distintas dinámicas de los mercados locales». Según Font, «mientras ciudades como Tarragona, Sevilla o Huesca combinan precios de compra más contenidos con una demanda de alquiler capaz de sostener las rentas, en mercados como Donostia, Girona o Palma el mayor coste de acceso a la vivienda reduce el retorno de la inversión». El experto concluye que «el equilibrio entre precio de compra y alquiler es el que acaba determinando la rentabilidad que ofrece cada capital», un equilibrio que en Málaga se ha decantado peligrosamente hacia el lado de la compra, encareciendo el acceso al activo y menguando el margen para el inversor. La presión estructural sobre el mercado del alquiler, con una demanda creciente y una oferta insuficiente, añade más leña al fuego, endureciendo las condiciones de acceso para los inquilinos y dificultando la vida a quienes buscan un retorno razonable de su inversión.
El informe de pisos.com sobre la rentabilidad del alquiler en España nos deja con una fotografía incómoda para nuestra provincia. Que Málaga se sitúe en el puesto 46 de 52, con un escaso 4,69% de rédito bruto anual, es una señal de alarma que no podemos obviar. Es paradójico que, siendo una provincia con una demanda de alquiler notablemente alta, el retorno para el inversor sea uno de los más bajos del país. La explicación, clara y contundente, reside en el desorbitado precio de adquisición de la vivienda. Hemos entrado en un círculo vicioso donde la especulación y la demanda de inversión han inflado los precios de compra hasta cotas insostenibles, estrangulando así la rentabilidad para quienes buscan obtener un rendimiento razonable de su capital. La Costa del Sol, que tantas veces ha sido un motor económico, parece estar pagando el precio de su propio éxito en un mercado que ha perdido el equilibrio.
Este descalabro malagueño adquiere tintes aún más sangrantes si observamos el contraste flagrante dentro de nuestra propia comunidad autónoma. Sevilla, por ejemplo, se posiciona como la segunda capital más rentable de España, con un 7,70%, superando holgadamente a nuestra capital. Jaén, Almería y Córdoba también nos dejan en evidencia, demostrando que el equilibrio entre precio de compra y renta sí es posible en otras provincias andaluzas. Esta situación nos obliga a reflexionar sobre las políticas de vivienda y urbanismo que se han aplicado en Málaga. ¿Hemos priorizado la atracción de capital extranjero y el desarrollo de un modelo turístico masificado en detrimento de la accesibilidad y la rentabilidad para el inversor local o aquel que busca una inversión más moderada? La respuesta parece apuntar a que sí. Urge, por tanto, un análisis profundo y medidas concretas para recomponer el equilibrio del mercado inmobiliario malagueño y evitar que se convierta en un feudo inaccesible para la inversión productiva y, sobre todo, para quienes buscan una vivienda.
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