El horizonte económico andaluz se vislumbra en 2025 con un crecimiento del 2,5%, según el último informe de Previsiones Económicas de Andalucía elaborado por Analistas Económicos de Andalucía para Unicaja. La cifra, aunque positiva, refleja una desaceleración progresiva tras el cierre de 2024 con un 3,3%. Este frenazo, que se espera que continúe en 2026 con un crecimiento del 1,9%, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del ritmo de expansión de la región a medio plazo. El informe, presentado hoy, pone de manifiesto que, aunque el empleo sigue mejorando, el contexto internacional y la incertidumbre geopolítica podrían influir negativamente en la economía andaluza.
En un panorama regional que se ralentiza, Málaga se erige como la locomotora económica de Andalucía. La provincia costasoleña lidera el crecimiento con una estimación del 3,5% para 2025, tras haber registrado un robusto 4,4% en 2024. Esta fortaleza malagueña se contrapone a las previsiones más modestas de Córdoba y Huelva (1,8%), mientras que Sevilla y Almería se sitúan en un punto intermedio (2,5% y 2,0%, respectivamente). La vitalidad del sector servicios, impulsada por el turismo y la inversión, parece ser la clave del éxito malagueño, consolidando su papel como motor de la economía andaluza.
El informe de Unicaja señala que el crecimiento andaluz en 2024 se sustentó principalmente en la demanda interna, con un aumento significativo del consumo de los hogares. El sector servicios brilló con una expansión del 3,8% interanual, impulsado por el comercio, el transporte, la hostelería y los servicios no de mercado. Sin embargo, la balanza comercial tuvo un impacto negativo debido al aumento de las importaciones. Esta dependencia del consumo interno y la vulnerabilidad ante las fluctuaciones del comercio exterior son aspectos que preocupan a los analistas, especialmente en un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la fragmentación económica.
La creación de empleo en Andalucía, aunque se ha moderado en comparación con años anteriores, sigue siendo un factor positivo. El informe destaca que todos los sectores, excepto el agrario, crearon puestos de trabajo en 2024, con el sector servicios a la cabeza. La tasa de paro, aunque aún elevada en comparación con la media nacional, continúa su tendencia descendente. Sin embargo, las primeras estimaciones para 2026 apuntan a una desaceleración aún mayor, con un crecimiento proyectado del 1,9%. La principal incertidumbre reside en el impacto de la guerra comercial iniciada por Estados Unidos, cuyas consecuencias podrían afectar negativamente al comercio internacional, la inflación y las cadenas de suministro, poniendo en riesgo la senda de recuperación de la economía andaluza.
Que Málaga se erija como la locomotora económica andaluza en un contexto de desaceleración regional no debería celebrarse acríticamente. Si bien es innegable el dinamismo del sector servicios malagueño, **su dependencia del turismo y la inversión inmobiliaria genera una preocupante fragilidad estructural**. ¿Estamos realmente construyendo una economía resiliente y diversificada, o simplemente inflando una burbuja que podría estallar ante cualquier crisis internacional o cambio en las preferencias de los viajeros? Es imperativo que las autoridades locales apuesten por políticas que fomenten la innovación, el desarrollo tecnológico y la diversificación productiva, evitando la peligrosa monocultura turística que, a la larga, podría perjudicar el futuro económico de la provincia.
El informe de Unicaja, aunque optimista en sus previsiones a corto plazo, deja entrever una preocupante vulnerabilidad de la economía andaluza ante factores externos. La dependencia del consumo interno y el impacto negativo de la balanza comercial son síntomas de una falta de competitividad en el mercado global. La amenaza de una guerra comercial, mencionada al final del artículo, es una espada de Damocles que pende sobre el futuro de la región. Urge, por tanto, una revisión profunda de las políticas económicas andaluzas, apostando por el fortalecimiento del tejido empresarial, la inversión en infraestructuras y la promoción de la exportación de productos de alto valor añadido, para así construir una economía más sólida y preparada para afrontar los desafíos del siglo XXI.
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