Chengdu, la ciudad de los pandas y punto de partida de una ambiciosa misión. Los Reyes de España, Felipe VI y Doña Letizia, han aterrizado en China, dando inicio a una visita de Estado que promete ser crucial para el futuro de las relaciones bilaterales. Este viaje, meticulosamente orquestado por el Gobierno de Pedro Sánchez, no se limita a un mero intercambio de cortesías; se trata de una estrategia audaz para forjar lazos más estrechos con el gigante asiático, con el foco puesto en la economía.
La elección de Chengdu como primera parada no es casualidad. Más allá de su fama como hogar de los pandas gigantes – cuyos embajadores peludos han conquistado el corazón de Madrid – esta metrópoli de 20 millones de habitantes representa el dinamismo y el potencial del mercado chino. Sin embargo, la visita real trasciende la mera contemplación de la fauna local. El objetivo principal es claro: persuadir a China para que abra sus puertas de manera más amplia y transparente a las empresas y productos españoles.
En un discurso ante empresarios chinos y españoles, Felipe VI fue directo: "Si queremos construir una relación económica sólida y duradera entre España y China, debemos hacerlo sobre la base de la confianza mutua, la apertura y la seguridad jurídica". Estas palabras, pronunciadas en el corazón de Chengdu, resuenan como un llamamiento a la reciprocidad en el comercio. España busca equilibrar una balanza comercial que, en los últimos años, se ha inclinado peligrosamente hacia el lado chino, alcanzando un déficit de casi 40.000 millones de euros el año pasado.
La jornada en Chengdu fue un torbellino de actividades. Un foro empresarial de alto nivel, con la presencia del ministro de Economía, Carlos Cuerpo, sirvió como plataforma para explorar nuevas oportunidades de colaboración. La comitiva real también dedicó tiempo a examinar la presencia de empresas españolas en la infraestructura aeroportuaria china, un testimonio de la experiencia y la capacidad de nuestro país en este sector. Antes de partir hacia Pekín, hubo tiempo para un toque cultural, con la poesía sirviendo de puente entre Oriente y Occidente. En Pekín, los Reyes fueron recibidos con una cena privada por el presidente Xi Jinping y su esposa, Peng Liyuan, un gesto que subraya la importancia que China concede a esta visita de Estado.
La presencia del ministro Cuerpo, inusual en este tipo de viajes, evidencia la prioridad que el Gobierno español otorga a la vertiente económica de esta misión. Se busca diversificar las exportaciones españolas, apostando por sectores de alto valor añadido como la automoción, la innovación tecnológica y la energía verde. La diplomacia real, respaldada por la experiencia del ministro Cuerpo, se despliega en China con un objetivo ambicioso: transformar una relación comercial desequilibrada en una asociación estratégica mutuamente beneficiosa.
La pompa y circunstancia que rodea la visita real a China, orquestada con precisión por el Gobierno, no logra disipar del todo el escepticismo. Si bien la diplomacia real puede abrir puertas y generar gestos de buena voluntad, resulta ingenuo pensar que un apretón de manos y una cena con Xi Jinping vayan a solucionar, de la noche a la mañana, un déficit comercial de 40.000 millones de euros. La esperanza depositada en la ‘marca España’ y la ‘experiencia’ de nuestras empresas, especialmente en el sector de las infraestructuras, corre el riesgo de convertirse en un espejismo si no se acompaña de una estrategia política y económica más sólida y coherente a largo plazo, que contemple no solo la exportación, sino también la inversión y la transferencia de tecnología en ambas direcciones.
El optimismo del Gobierno, plasmado en la presencia del Ministro de Economía, parece descansar en la diversificación de las exportaciones hacia sectores de alto valor añadido. Sin embargo, la realidad es que España se enfrenta a una competencia feroz en esos mismos sectores por parte de otros países europeos y asiáticos, que llevan años cultivando sus relaciones con China de manera más sistemática y estratégica. La apuesta por la automoción, la tecnología verde o la innovación requiere una inversión masiva en I+D+i y una reforma estructural de nuestro sistema productivo que va mucho más allá de las buenas intenciones y los discursos oficiales. De lo contrario, la visita real se convertirá en un mero ejercicio de relaciones públicas con escaso impacto real en la economía malagueña y española.
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