En una sesión que prometía ser rutinaria, la comisión de investigación navarra sobre el caso Koldo se ha visto sacudida por revelaciones explosivas que apuntan a un posible amaño en la adjudicación del contrato para el desdoblamiento del Túnel de Belate, la obra pública más ambiciosa de la comunidad foral en décadas. El testimonio de Guillermo Vallejo, jefe de sección de Nuevas Infraestructuras, ha desvelado presiones inaceptables por parte de su superior, el ingeniero Jesús Polo, quien fue mantenido en su puesto gracias a la intervención de María Chivite y su círculo cercano.
Vallejo declaró ante la comisión que Polo, también presidente de la mesa de adjudicación, intentó influir en sus valoraciones técnicas para favorecer a la UTE formada por Acciona, Osés y Servinabar, esta última con un 45% de participación de Santos Cerdán desde 2016. Según su relato, Polo le instó a «repensar» sus puntuaciones, especialmente aquellas que beneficiaban a Mariezcurrena, la empresa navarra que lideraba el concurso hasta la intervención de Polo. La tensión llegó a tal punto que una acalorada discusión en el despacho de Polo culminó con Vallejo propinando una patada a la puerta, dejándola dañada.
Las declaraciones de Vallejo no solo contradicen la versión ofrecida por Polo la semana pasada, sino que también alimentan las sospechas de un trato de favor orquestado desde el Ejecutivo de Chivite. El ingeniero admitió ante la comisión haber escuchado rumores sobre la adjudicación predeterminada a la UTE de Acciona, rumores que, según él, eran mucho más intensos que en otros proyectos. «En otras obras podía también haber rumores, pero como en esta no», afirmó Vallejo, dejando entrever una atmósfera de irregularidad sin precedentes. Estas palabras resuenan con fuerza, especialmente tras las declaraciones de Lorenzo Serena, secretario de la mesa, quien también manifestó haber percibido un nivel inusual de rumores en torno a la adjudicación del Túnel de Belate.
El testimonio de Vallejo ha reabierto el debate sobre la transparencia y la ética en la gestión de los fondos públicos en Navarra. La sombra del caso Koldo se cierne ahora sobre el Túnel de Belate, poniendo en entredicho la integridad de un proyecto emblemático y generando interrogantes sobre el papel de figuras clave en el Gobierno foral. ¿Hasta dónde llegará la investigación? ¿Qué consecuencias tendrá este escándalo para el Ejecutivo de María Chivite? Las próximas semanas se antojan cruciales para esclarecer los hechos y determinar las responsabilidades en este turbio asunto.
El caso Koldo, esa metástasis de la corrupción que amenaza con gangrenar la política española, extiende ahora sus tentáculos hasta Navarra, y concretamente, hasta la emblemática obra del Túnel de Belate. Las revelaciones son profundamente inquietantes. No solo hablamos de la posible influencia de un cargo intermedio, sino de la sombra alargada de la propia presidenta Chivite, lo que, de confirmarse, supondría una gravísima erosión de la confianza ciudadana en las instituciones. Más allá de los nombres y los partidos, lo preocupante es la persistencia de esta cultura del amiguismo y el favoritismo que parece enquistada en la administración pública. Urge, por tanto, una investigación exhaustiva y transparente que depure responsabilidades, caiga quien caiga, para restaurar la credibilidad de la política navarra y española.
La declaración de Guillermo Vallejo, al señalar la excepcional intensidad de los rumores en torno a esta adjudicación, es un campanazo de alerta que no podemos ignorar. No se trata solo de posibles irregularidades técnicas, sino de una atmósfera de sospecha generalizada que corroe los cimientos de la democracia. El silencio cómplice, la mirada hacia otro lado, la aceptación de la prebenda como moneda de cambio, son actitudes que debemos combatir con firmeza. No basta con lamentar lo ocurrido; es imprescindible adoptar medidas contundentes para blindar la gestión de los fondos públicos, promover la transparencia y el control ciudadano, y fomentar una cultura de integridad y rendición de cuentas. En juego está la salud de nuestra democracia y el futuro de nuestra sociedad.
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