Valencia, 9 de octubre de 2025 – La calma chicha del otoño mediterráneo se ha visto abruptamente interrumpida por la llegada de la DANA ‘Alice’, un frente atlántico que ha transformado el paisaje costero en una pesadilla acuática. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha activado la alerta naranja en puntos críticos como Alicante, Valencia, la Región de Murcia e Ibiza y Formentera, donde se esperan precipitaciones que podrían alcanzar los 100 litros por metro cuadrado. El cielo, antaño azul y despejado, se ha tornado gris plomo, vomitando agua y granizo sobre municipios que aún recuerdan con pavor la devastación de la DANA de hace un año.
La furia de ‘Alice’ se ha manifestado con especial virulencia durante la madrugada, dejando tras de sí un reguero de calles inundadas y cultivos anegados. L’Albufera de Valencia ha registrado 44,8 litros por metro cuadrado, mientras que Catarroja, tristemente célebre por los estragos de la anterior DANA, ha superado los 39 litros. Alcàsser, con 35,1 litros, completa el trío de localidades valencianas que han sufrido el primer embate de esta tormenta otoñal. Los equipos de emergencia trabajan sin descanso para paliar los efectos de las inundaciones, mientras los vecinos, con el agua al tobillo, observan con impotencia cómo sus hogares y negocios se ven amenazados por la crecida.
Aunque con menor intensidad, la inestabilidad meteorológica también se extiende hacia el sur, amenazando con descargar su furia sobre el norte de Andalucía. Provincias como Almería, Córdoba, Granada y Jaén se encuentran en aviso amarillo por precipitaciones y tormentas, mientras que los servicios de emergencia se preparan para afrontar posibles inundaciones y desprendimientos. La AEMET advierte de la posibilidad de que las tormentas sean localmente fuertes en el norte de Andalucía y zonas aledañas, por lo que se recomienda extremar la precaución y evitar desplazamientos innecesarios.
Mientras tanto, en la mitad suroeste peninsular, la calma es solo aparente. Cielos poco nubosos anuncian la llegada de la inestabilidad, con nubosidad de evolución que podría desencadenar tormentas vespertinas en zonas de montaña. En Canarias, la calima ligera en altura añade un tono ocre al horizonte, anticipando un cambio de tiempo que podría traer consigo lluvias y tormentas.
La DANA ‘Alice’ ha irrumpido con fuerza en la escena meteorológica, poniendo en jaque a medio país y recordando, una vez más, la vulnerabilidad de nuestras costas ante los fenómenos climáticos extremos. La previsión es que la inestabilidad persista durante los próximos días, por lo que se recomienda seguir de cerca las actualizaciones de la AEMET y extremar la precaución en las zonas afectadas.
La recurrencia de este tipo de noticias, con la enésima DANA azotando el Levante, debería encender todas las alarmas, pero lamentablemente corremos el riesgo de caer en una suerte de resignación climática. Ya no basta con activar alertas naranjas y lamentar los daños; es imperativo que las administraciones, a todos los niveles, aceleren y coordinen la implementación de medidas preventivas. No hablo únicamente de infraestructuras de drenaje más eficientes, sino de una revisión profunda de la ordenación del territorio, impidiendo la construcción en zonas inundables y promoviendo la renaturalización de espacios como L’Albufera, cuya capacidad de absorción hídrica es crucial. Seguir parcheando la situación, como venimos haciendo, es una irresponsabilidad que pagaremos cara.
Más allá de la gestión de la emergencia, la DANA ‘Alice’ debe servir como un duro recordatorio de la urgencia climática. Mientras que el foco mediático se centra, comprensiblemente, en los daños materiales y humanos inmediatos, raramente se profundiza en las causas subyacentes: la crisis climática y la inacción política. No es casualidad que estas tormentas sean cada vez más frecuentes e intensas. Urge un debate público honesto y sin demagogias sobre la necesidad de transformar nuestro modelo productivo y energético. De lo contrario, ‘Alice’ no será más que el preludio de un futuro marcado por la devastación y el desplazamiento climático, un futuro que, lamentablemente, estamos construyendo con nuestra propia inacción.
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