Madrid, 25 de septiembre de 2025 – La expectación era palpable en los aledaños del Colegio de Arquitectos de Madrid, donde hoy se presentaba oficialmente Atenea, la fundación impulsada por el ex portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros. Más allá de un mero acto fundacional, el evento se ha convertido en un crisol de tensiones políticas, ausencias significativas y alianzas sorprendentes, sembrando interrogantes sobre el futuro del espectro ideológico a la derecha del PSOE.
Espinosa de los Monteros ha insistido en que Atenea se erige como un centro de pensamiento, un espacio para el debate y la generación de ideas destinadas a nutrir el ideario de aquellos que se sitúan «a la derecha de la izquierda». Sin embargo, la presencia de figuras clave de PP y ex-Vox, junto con la ausencia notable de la cúpula actual del partido de Abascal, ha alimentado las especulaciones sobre una posible fractura en la derecha.
La asistencia de Javier Ortega-Smith, miembro de la dirección de Vox, desafiando la línea oficial del partido, ha añadido más leña al fuego. ¿Un acto de rebeldía individual o un síntoma de disconformidad interna? La pregunta resuena en los pasillos del Congreso. Igualmente llamativa fue la presencia del comisionista del caso Koldo, Víctor de Aldama, y el líder de Desokupa, Daniel Estévez, ambos presentándose como «amigos», lo que abre interrogantes sobre el tipo de influencia que Espinosa de los Monteros busca atraer hacia su nuevo proyecto.
En un discurso cargado de simbolismo, Espinosa de los Monteros ha instado a un «cese de hostilidades» entre PP y Vox, apelando a la «generosidad» de ambas formaciones para propiciar un futuro gobierno de coalición. Estos llamamientos, unidos a los recientes guiños del PP hacia el ex diputado, sugieren una posible estrategia de acercamiento entre los dos partidos, aunque no exenta de obstáculos y recelos.
La composición de la cúpula de Atenea, con figuras procedentes de Vox, PP y Ciudadanos, refuerza esta idea de convergencia ideológica. El nombramiento de Ricardo Garrudo, ex presidente de Vox en Cantabria, como vicepresidente, y de Inés Cañizares, ex portavoz adjunta de Vox en el Congreso, como secretaria tesorera, son movimientos estratégicos que podrían interpretarse como un intento de tender puentes entre diferentes sensibilidades dentro de la derecha española. ¿Será Atenea el pegamento que necesita el electorado conservador, o simplemente un nuevo actor en un panorama político ya de por sí fragmentado? Solo el tiempo dirá si esta fundación logra convertirse en el influyente centro de ideas que Espinosa de los Monteros promete, o si se diluirá en el complejo entramado de la política española.

La fundación Atenea, presentada con la grandilocuencia de un nuevo faro ideológico, se antoja más bien un astuto ejercicio de realpolitik por parte de Iván Espinosa de los Monteros. En un panorama derechista español cada vez más atomizado y repleto de egos, la iniciativa podría capitalizar el desencanto de aquellos que ven en el actual liderazgo de Vox una deriva excesivamente radical y poco pragmática. Sin embargo, la presencia de figuras controvertidas como Víctor de Aldama, lejos de aportar legitimidad, ensombrece el proyecto y levanta suspicacias sobre las verdaderas intenciones detrás de esta supuesta «cantera de ideas». ¿Busca Espinosa de los Monteros construir un espacio de pensamiento influyente o, simplemente, afianzar un poder personal a costa de la fragmentación de la derecha?
El atractivo de Atenea reside, precisamente, en su ambigüedad. Se vende como un punto de encuentro para la derecha, pero su viabilidad dependerá de su capacidad para trascender las rencillas internas y ofrecer un proyecto político creíble y coherente. Los guiños al PP y los llamamientos a la unidad suenan a una estrategia desesperada por reagrupar un electorado huérfano de liderazgo y hastiado de la constante polarización. Sin embargo, la sola presencia de disidentes de Vox y figuras cercanas al Partido Popular no garantiza el éxito. Atenea deberá demostrar que es algo más que un refugio para oportunistas y un laboratorio de experimentos ideológicos, si realmente aspira a convertirse en un actor relevante en el futuro político de España. La sombra del comisionista del caso Koldo, no obstante, proyecta una duda más que razonable sobre sus posibilidades.
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