En un agosto abrasador, donde el recuerdo de incendios devastadores aún calienta la memoria colectiva, una brisa de esperanza llega para aquellos que se enfrentan a las llamas: los bomberos forestales. Hoy, 20 de agosto de 2025, se anuncia la entrada en vigor, mañana, del nuevo convenio colectivo de Tragsa para las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF), un hito que transformará sus condiciones laborales y reforzará la lucha contra el fuego. Este acuerdo, largamente esperado, no solo reconoce la ardua labor de estos profesionales, sino que también les otorga la estabilidad que merecen, pasando de ser «personal eventual estacional» a fijos durante todo el año. La vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, ha calificado este avance como un «paso esencial» para la profesionalización de estos equipos.
El convenio, que beneficiará a unas 600 personas, introduce mejoras sustanciales en las condiciones de trabajo de los BRIF. Se amplían y detallan la organización de jornadas, turnos y descansos, estableciendo un nuevo turno de trabajo más estructurado y una regulación más clara de la compensación de horas extraordinarias. Además, se contempla un incremento en las remuneraciones, tanto del salario base como de las horas extras. «Es un empujoncito más», celebra Carlos Martín, miembro de la BRIF y responsable de bomberos forestales en CCOO, mientras lucha contra el fuego en Zamora. Un respiro necesario, que ayuda en la conciliación de la vida familiar en plena campaña y sube un poco el salario. «Desde 2019 no nos vamos al paro, que es la piedra angular de crear un dispositivo serio», sentencia Martín.
Aunque el convenio de Tragsa es un paso importante, desde el sector se insiste en la necesidad de continuar con el desarrollo de la Ley 5/2024, de 8 de noviembre, básica de bomberos forestales. Si bien el convenio se limita a los trabajadores de Tragsa, la ley busca establecer un marco común para todos los bomberos forestales en España, independientemente de la empresa para la que trabajen. Sara Mateos, agente medioambiental de León y delegada de Medioambiente de CSIF, advierte que es crucial un desarrollo normativo claro y específico, que no esté sujeto a interpretaciones divergentes por parte de las Comunidades Autónomas. «Lo que nos ha matado muchas veces son las ambigüedades o dejarlo a las interpretaciones de las Comunidades Autónomas», subraya Mateos.
En definitiva, este convenio representa un avance significativo en el reconocimiento y la protección de los bomberos forestales, pero es solo una pieza del rompecabezas. La lucha contra los incendios forestales requiere un enfoque integral, que combine la profesionalización de los equipos con una legislación clara y una coordinación efectiva entre las administraciones. El futuro de nuestros bosques depende de ello.
El anuncio del nuevo convenio colectivo para los bomberos forestales de Tragsa es, sin duda, un soplo de aire fresco en un contexto asfixiante. Sin embargo, aplaudir este avance sin matices sería pecar de ingenuos. Si bien la estabilización laboral y la mejora salarial son pasos cruciales para dignificar una profesión esencial, no debemos olvidar que este logro, largamente reivindicado, se circunscribe a un sector específico. Celebrar este hito como una solución definitiva sería como creer que un solo bombero puede apagar un incendio forestal de envergadura. La precariedad laboral en el sector, lamentablemente, sigue siendo una realidad palpable para muchos otros profesionales que, con igual o mayor riesgo, combaten las llamas en condiciones más que cuestionables.
Más allá del espejismo de este convenio, la clave reside en la implementación real y efectiva de la Ley de Bomberos Forestales a nivel nacional. Las ambigüedades y la disparidad de criterios entre las Comunidades Autónomas, como bien señalan desde CSIF, son una amenaza latente. No basta con un marco legal si éste se diluye en interpretaciones sesgadas y presupuestos insuficientes. El verdadero desafío es garantizar una homogeneidad en la formación, equipamiento y condiciones laborales de todos los bomberos forestales, independientemente de su ubicación geográfica o empresa de contratación. De lo contrario, seguiremos parcheando un sistema que clama por una reforma integral y, lo que es más grave, seguiremos poniendo en riesgo la vida de quienes protegen nuestros montes.
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