El sol de julio calienta la arena de nuestras playas, y con él, llega una ola de sabor y conciencia. La Junta de Andalucía ha puesto en marcha la campaña «Andalucía, Mares que saben», una iniciativa que promete refrescar este verano la relación entre los malagueños y los productos del mar. Hasta el 15 de agosto, quince municipios costeros se convertirán en escaparates de la riqueza pesquera local, invitando a residentes y turistas a descubrir los tesoros que esconden nuestras aguas.
Esta acción, que cuenta con un presupuesto que supera los 107.000 euros y el respaldo financiero del Fondo Europeo Marítimo, de la Pesca y la Acuicultura (FEMPA), no es solo una campaña de promoción, sino un grito a favor de la sostenibilidad. En un contexto global donde la preocupación por el medio ambiente se intensifica, «Andalucía, Mares que saben» busca concienciar sobre la importancia de un consumo responsable, que valore el trabajo de los pescadores artesanales y la acuicultura de cercanía, prácticas que garantizan la frescura y la calidad de los productos, al tiempo que minimizan el impacto en el ecosistema marino.
Imagine pasear por la playa y encontrarse con una carpa llena de actividades didácticas y lúdicas, donde tanto adultos como niños pueden aprender sobre las especies locales, el etiquetado y la trazabilidad de los productos pesqueros. Talleres, juegos y demostraciones culinarias se combinan para ofrecer una experiencia interactiva y educativa, que busca convertir a los consumidores en agentes activos en la protección de nuestros mares. La campaña se despliega en puntos estratégicos de la costa malagueña, desde la vibrante Torremolinos hasta la exclusiva Marbella, pasando por la familiar Fuengirola y la encantadora Nerja, llevando el mensaje de la pesca sostenible a cada rincón del litoral.
Más allá de la promoción y la concienciación, «Andalucía, Mares que saben» pone de manifiesto la importancia económica del sector pesquero en la provincia de Málaga. En 2024, la comercialización de productos del mar alcanzó las 7.425 toneladas, generando un valor de 26,4 millones de euros. Estas cifras, que representan un incremento del 7,5% en volumen y del 1,5% en valor respecto al año anterior, demuestran el dinamismo y el potencial de un sector que sigue creciendo y adaptándose a los nuevos desafíos. El boquerón y la sardina se consolidan como los reyes del mar en cuanto a volumen, mientras que la gamba blanca, el pulpo y el propio boquerón lideran el ranking en términos de valor económico, confirmando la diversidad y la riqueza de la oferta pesquera malagueña. Lonjas como las de Caleta de Vélez y Estepona se erigen como pilares fundamentales de la comercialización, concentrando gran parte de la actividad y generando empleo y riqueza en sus respectivos municipios.
«Andalucía, Mares que saben» también tiene como objetivo reforzar la imagen de las Cofradías de Pescadores y del sector artesanal, actores clave en la preservación de las tradiciones y el mantenimiento de un modelo de pesca sostenible. En un contexto marcado por la competencia exterior y los desafíos medioambientales, esta campaña busca poner en valor su trabajo y su contribución a la identidad cultural de nuestra costa. Porque, como bien señala Fernando Fernández Tapia-Ruano, delegado de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural, «el mar nos da mucho más que alimento; nos da identidad, empleo y cultura». Y es nuestra responsabilidad protegerlo y valorarlo.
La iniciativa «Andalucía, Mares que saben» es, sin duda, un soplo de aire fresco necesario para concienciar sobre la pesca sostenible en nuestra costa. Sin embargo, el optimismo inicial se diluye al observar la limitada duración de la campaña, apenas un mes y medio, y la concentración de los esfuerzos en puntos turísticos ya de por sí saturados. ¿No sería más efectivo invertir parte de esos 107.000 euros en programas educativos a largo plazo en las escuelas, formando a los futuros consumidores desde la base, en lugar de depender de la fugacidad de las actividades veraniegas? La sostenibilidad no es un evento puntual, sino una filosofía que debe calar hondo en la sociedad, y para ello se requiere una inversión constante y un enfoque más ambicioso.
Más allá de las cifras halagüeñas sobre el incremento en la comercialización de productos del mar, se echa en falta una crítica más profunda sobre los desafíos reales que enfrentan los pescadores artesanales. Celebrar el aumento en ventas sin abordar las trabas burocráticas, la competencia desleal de la pesca industrial o la falta de relevo generacional en el sector es, en cierto modo, maquillar la realidad. Es imperativo que la Junta de Andalucía no solo impulse el consumo, sino que también proteja y fomente activamente la viabilidad económica de las Cofradías y la pesca artesanal, garantizando así la supervivencia de un patrimonio cultural y económico que, de lo contrario, corre el riesgo de desvanecerse bajo el sol del progreso.
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