El eco de la innovación resuena aún en las calles de Málaga tras la clausura de la edición más ambiciosa del Digital Enterprise Show, DES2025. La ciudad ha vibrado durante tres días al ritmo de las últimas tendencias tecnológicas, consolidándose como un punto de encuentro estratégico para la vanguardia digital europea. El evento, que ha congregado a 17.639 directivos provenientes de 36 países, ha dejado una huella imborrable en la economía local, con un impacto estimado de 30 millones de euros, según fuentes de la organización.
Más allá de las cifras, el DES2025 ha representado una oportunidad única para vislumbrar el futuro que nos aguarda. Los 408 expositores, verdaderos artífices de la transformación digital, han desplegado un abanico de 681 soluciones innovadoras, mientras que los 612 expertos participantes en el Digital Business World Congress han delineado la hoja de ruta tecnológica que marcará el devenir de Europa. La Inteligencia Artificial (IA), el análisis de datos y la computación cuántica han sido los pilares centrales de un debate que ha trascendido lo meramente técnico para adentrarse en las implicaciones éticas y sociales de estas tecnologías disruptivas.
La edición de este año ha servido como plataforma para que la administración pública se suba al tren de la digitalización. La intervención de Aleida Alcaide, directora general de IA del Ministerio de Transformación Digital, sobre el anteproyecto de ley nacional de IA, ha generado gran expectación. La propuesta, que busca adaptar el reglamento europeo a la realidad española, pone el acento en la prevención y el acompañamiento en lugar de en la mera sanción, buscando un equilibrio entre innovación y protección de los derechos ciudadanos. La jornada de clausura también abordó la importancia de la confianza ciudadana y la calidad de los datos públicos, temas cruciales para garantizar la transparencia y la legitimidad de las políticas públicas en la era digital.
La computación cuántica, un campo aún en sus albores, ha irrumpido con fuerza en el DES2025, despertando el interés de expertos y curiosos. Su potencial para transformar sectores tan diversos como la justicia, la ciberseguridad y la planificación urbana es innegable. El anuncio de José Luis Bezares, subdirector general de Ciberseguridad, sobre la inversión de 800 millones de euros en tecnologías cuánticas e IA para impulsar ecosistemas y casos de uso reales, especialmente para las pymes, es una clara señal de la apuesta del Estado por esta tecnología de vanguardia. Sin duda, Málaga ha sido testigo de un evento que no solo ha batido récords, sino que ha sembrado las semillas de un futuro digital más próspero y equitativo para todos.
El DES2025 ha dejado en Málaga un reguero de titulares rimbombantes y cifras mareantes sobre innovación y futuro digital. Sin embargo, conviene preguntarse si esta brillante puesta en escena tecnológica se traduce realmente en un beneficio tangible para la ciudadanía malagueña, más allá de los 30 millones de euros de impacto económico que proclaman las fuentes oficiales. ¿Qué porcentaje de esos beneficios se reinvierte en la mejora de la calidad de vida de los vecinos, en la creación de empleo estable y de calidad, o en la formación de los jóvenes para que puedan participar activamente en esta supuesta revolución digital? Me temo que, como suele ocurrir, la pompa mediática oculta a menudo las desigualdades persistentes y la falta de una estrategia a largo plazo que garantice que la innovación no sea solo un escaparate para grandes empresas, sino un motor de progreso social para todos.
La apuesta por la Inteligencia Artificial y la computación cuántica, con la promesa de una «IA responsable» y una inversión millonaria en tecnologías cuánticas, suena atractiva, pero también genera interrogantes. ¿Cómo se garantizará que estas tecnologías, con su enorme potencial disruptivo, se utilicen de forma ética y transparente, protegiendo los derechos y libertades de los ciudadanos? Es fundamental que la administración pública, en su afán por subirse al tren de la digitalización, no olvide la importancia de la participación ciudadana y el control democrático en el desarrollo e implementación de estas tecnologías. De lo contrario, corremos el riesgo de crear una sociedad más eficiente, pero también más desigual y vulnerable al control algorítmico.
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