Málaga, 31 de mayo de 2025 – El Partido Popular de Málaga ha celebrado este fin de semana su convención provincial con un sabor agridulce. Dulce por conmemorar el 30º aniversario de la histórica victoria de Celia Villalobos en las elecciones municipales de 1995, un hito que marcó un antes y un después en la política local. Agrio, por la persistente sensación de agravio y abandono por parte del Gobierno central, una queja recurrente que empañó la celebración.
La figura de Celia Villalobos, como era de esperar, fue el eje central de la conmemoración. Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, no escatimó en elogios hacia la ex alcaldesa, describiéndola como una mujer «fuerte, con la determinación y la capacidad para ganar una elección en una ciudad donde no ganábamos». Moreno destacó el legado de Villalobos como «parte esencial, fundamental, determinante, de la historia política de Málaga, de Andalucía y de España». El presidente de la Junta, que era un jóven militante durante la campaña del 95, recordó cómo la campaña de Villalobos «fue una campaña de ilusión, de demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera».
El otro gran protagonista del fin de semana fue Francisco de la Torre, sucesor de Villalobos en el año 2000 y actual alcalde de Málaga. Moreno reconoció su papel fundamental en la transformación de la ciudad, agradeciéndole «dar tanto a Málaga». De la Torre, por su parte, aprovechó la ocasión para poner el foco en el principal desafío que enfrenta la ciudad: el acceso a la vivienda. «Supone tener suelo finalista pronto, para poder dar licencia pronto, para que tanto la iniciativa privada como la pública podamos construir las miles de viviendas que son necesarias para que la oferta calme a la demanda y los precios no sigan subiendo», afirmó el alcalde, esbozando la hoja de ruta del Consistorio.
Pero la fiesta no pudo ser completa. La sensación de que Málaga no recibe el trato que merece por parte del Gobierno central fue una constante durante toda la convención. El propio De la Torre lamentó la «infrafinanciación» que sufre la Junta de Andalucía por parte del Ejecutivo central, calificándola de «cuestión grave, cuestión discriminatoria». Además, criticó la negativa del Gobierno a financiar el Auditorio, un proyecto largamente anhelado por el alcalde: «Son ganas de fastidiar y castigar absurdamente a una ciudad, a una provincia, a una región que aporta mucho a la riqueza y al bienestar y al progreso de España».
Patricia Navarro, presidenta del PP malagueño, fue aún más contundente, denunciando el «abandono» al que, según ella, está sometida la provincia por parte del Estado. «Es bastante vergonzoso que aquí queramos crecer, queramos progresar, queramos llegar más lejos y que tengamos una administración, la que tiene mayor capacidad inversora -por la estatal-, de brazos cruzados y riéndose de todos los malagueños», aseveró Navarro, quien también denunció que el Gobierno tiene 2.000 millones de euros de obras declaradas de interés general en materia hidroeléctrica sin ejecutar.
El presidente de la Junta, Juanma Moreno, cerró filas con las críticas, afirmando que el Gobierno de Pedro Sánchez «jamás ha tenido la mínima sensibilidad para interpretar los deseos, los anhelos de los malagueños y de los andaluces». En definitiva, un aniversario marcado por la celebración de los logros pasados, pero también por la reivindicación de un futuro con mayor apoyo y reconocimiento por parte del Gobierno central. La eterna pugna entre Málaga y Madrid, un capítulo más en la historia de una provincia que se siente incomprendida.
Celebrar 30 años de gobierno ininterrumpido es, sin duda, un hito para cualquier formación política. Sin embargo, la grandilocuencia con la que el PP de Málaga ha conmemorado su hegemonía municipal resulta, cuanto menos, cuestionable. Mientras se ensalza la figura de Villalobos y De la Torre como artífices de la «Málaga moderna», se obvia convenientemente el precio que esta transformación ha tenido para muchos malagueños. El auge turístico, la especulación inmobiliaria y la gentrificación galopante han expulsado a vecinos de sus barrios de toda la vida, convirtiendo la ciudad en un parque temático para visitantes adinerados. ¿Es este el legado que realmente queremos celebrar?
La victimización constante ante un supuesto «agravio» del gobierno central, mientras tanto, se antoja una estrategia política burda y repetitiva. Si bien es cierto que las infraestructuras pendientes y la financiación autonómica son temas que merecen un debate serio, utilizarlos como excusa para maquillar la falta de autocrítica y la inacción local es una práctica reprobable. En lugar de señalar constantemente a Madrid, el PP de Málaga debería centrarse en abordar los problemas reales de sus ciudadanos, como el acceso a la vivienda, la precariedad laboral y la sostenibilidad medioambiental. La autocomplacencia y la búsqueda de réditos políticos a corto plazo no son el camino para construir una Málaga mejor.
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