En el marco del Día Meteorológico Mundial, celebrado hoy en la sede del Instituto Español de Oceanografía en el puerto de Málaga, se han compartido importantes reflexiones sobre el clima y las perspectivas meteorológicas para la región. El director de Aemet en Málaga, Jesús Riesco, ha tranquilizado a los malagueños respecto a las posibles precipitaciones para el resto del mes de marzo, indicando que hasta el lunes próximo no se esperan nuevas lluvias. Sin embargo, alerta sobre un cambio significativo que podría impactar a la Semana Santa.
A partir del inicio de abril, la probabilidad de lluvias podría aumentar, aunque Riesco aclara que la intensidad y cantidad son aún inciertas. “La situación es volátil; no podemos garantizar un clima estable para las festividades que comienzan el 13 de abril”, declaró, recordando que, históricamente, la Semana Santa ha tenido sus altos y bajos climáticos, variando desde días soleados hasta episodios de intensas lluvias que han afectado procesiones pasadas.
La incertidumbre sobre el clima no solo impacta la planificación de eventos religiosos, sino que también refleja un patrón más amplio de cambio climático. Riesco hizo hincapié en la dificultad de realizar predicciones precisas más allá de tres semanas, citando antecedentes de cambios climáticos drásticos justo antes de fechas clave. “Las semanas santas pueden ser caprichosas, con estadísticas que sugieren una media de uno a dos días de lluvia en este periodo, pero la variabilidad es alta”, explicó el meteorólogo.
En cuanto a las lluvias que han marcado marzo, el director de Aemet subrayó que no se puede atribuir directamente a un calentamiento global eficaz. No obstante, la persistencia de fenómenos meteorológicos extremos, como borrascas consecutivas, es parte de un patrón emergente que podría intensificarse según estudios sobre el clima. “Estamos viendo un incremento en la concentración y la intensidad de las lluvias, lo que podría llevar a episodios más fuertes y breves en el futuro”, añadió.
En el evento también participó el subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, quien abogó por una mayor apreciación de la ciencia en la lucha contra el cambio climático. Salas advirtió sobre el peligro de los bulos y la desinformación, subrayando que “la clave para protegernos frente a los desafíos climáticos actuales es la ciencia”. En tiempos donde la confusión y la falta de información precisa son moneda corriente, este mensaje resuena con especial relevancia.
De cara a la Semana Santa y el inminente cambio de tiempo, los malagueños deben estar preparados para lo inesperado. Con un clima cada vez más variable, el futuro nos enseña que la única constante es la incertidumbre. Así que, por ahora, los paraguas siguen siendo compañeros fieles en las actividades cotidianas de la ciudad. La afición local por las tradiciones se encontrará, nuevamente, en un cruce de caminos entre la fe y el clima.

A medida que nos acercamos a una Semana Santa marcada por la incertidumbre climática en Málaga, resulta pertinente reflexionar sobre la fragilidad hoy existente en nuestras tradiciones frente a un fenómeno global de cambio climático. La advertencia del director de Aemet, Jesús Riesco, sobre la inestabilidad meteorológica es un recordatorio de que la planificación de eventos culturales y religiosos puede verse seriamente afectada por factores climáticos imprevisibles. En este contexto, es fundamental reconocer que la variabilidad climática no solo desafía la continuidad de nuestras festividades, sino que pone de relieve la necesidad urgentemente manifiesta de fomentar una mayor conciencia social respecto a los efectos del cambio climático y nuestras responsabilidades individuales y colectivas en su mitigación.
Asimismo, la llamada del subdelegado del Gobierno, Javier Salas, por una mayor apreciación de la ciencia como herramienta clave en la lucha contra la desinformación resuena con especial fuerza en tiempos donde las noticias falsas y la falta de comprensión científica parecen dominar el discurso público. Para enfrentar el futuro incierto que se avecina, sería prudente que las instituciones establecieran estrategias comunicativas más robustas que informen a la ciudadanía de manera efectiva y empoderadora. Así, no solo nos prepararemos mejor ante posibles inclemencias del tiempo, sino que también cultivaremos una cultura de responsabilidad y resiliencia frente a un clima que cada vez se muestra más caprichoso. En definitiva, la Semana Santa se encuentra en un cruce de caminos entre la fe y la realidad climática; y como malagueños, nuestra fe debe también reflejar un compromiso hacia la ciencia y el entendimiento del entorno que habitamos.
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