Este martes, Málaga respira un poco más tranquila, ya que se prevé una tregua en las lluvias que han estado azotando la provincia en los últimos días. Sin embargo, el alivio es temporal, ya que futuras precipitaciones están a la vista para el resto de la semana, lo que ha llevado a muchos a preguntarse qué nos deparará este mes de marzo, que va tomando forma como otro periodo providencial para las agobiadas reservas de agua en la provincia.
Las recientes borrascas, como Nelson y Gloria, fueron cruciales el año pasado, al aportar un notable volumen de agua que permitió salvar el verano, aunque también causaron estragos durante la Semana Santa. En lo que va de marzo de este año, los embalses han incrementado su capacidad en 24 hectómetros cúbicos, una cifra que equivale a la mitad del consumo anual de Málaga capital. La combinación de pronósticos favorables y escorrentías significativas promete que esta cifra continúe en ascenso, ofreciendo un rayo de esperanza ante la persistente inquietud sobre los recursos hídricos de la región.
Los ríos de la provincia continúan mostrando un comportamiento activo, aunque con cierta preocupación. Actualmente, el Genal, en Jubrique, y el Grande, en Las Millanas, permanecen en estado de alerta amarilla, con caudales de 34 y 17,48 metros cúbicos por segundo, respectivamente. Este último es vital, ya que su agua se canaliza hacia el Guadalhorce, donde es utilizada en el azud de Aljaima, gestionado por Emasa, la empresa abastecedora de la ciudad. Sin embargo, solo una fracción del caudal puede ser aprovechada, lo que ha resucitado recientes debates sobre la posibilidad de construir una nueva presa en el Grande o crear un azud de mayor capacidad.
Por otro lado, el río Turón, que había alcanzado un nivel rojo de alerta, ha dado un respiro al bajar a categoría amarilla, lo que significa que ha dejado atrás los problemas que causó en poblaciones como Ardales y El Burgo. Su cauce se dirige directamente hacia el embalse del Conde de Guadalhorce, que ya almacena más de 41 hectómetros cúbicos, un aumento significativo de 14 hectómetros en pocos días, situándose ahora al 63% de su capacidad total.
Los embalses de la provincia, en su conjunto, almacenan un total de 195 hectómetros cúbicos, lo que representa el 32% de su capacidad. El embalse de La Concepción, con 43 hectómetros cúbicos, es el que más agua acumula y juega un papel fundamental en la estabilidad hídrica de la Costa. En segundo lugar se encuentra el embalse del Conde, mientras que Guadalteba y Guadalhorce albergan 37 y 18 hectómetros cúbicos, respectivamente. La situación de la Viñuela es más preocupante, permaneciendo a solo 5,5 hectómetros cúbicos de alcanzar la clasificación de sequía grave.
A pesar de que la situación hídrica muestra signos de mejoría, la incertidumbre persiste. Los embalses de Casasola (Almogía) y Limonero (Málaga) actúan como recursos extraordinarios para la laminación de avenidas, y sus niveles son aún modestos, con casi 12 y algo menos de 7 hectómetros cúbicos, respectivamente. La comunidad sigue esperando ansiosamente que este marzo no solo se convierta en un mes de lluvia, sino en un verdadero salvavidas para el futuro hídrico de Málaga.
Las recientes lluvias que han fortalecido temporalmente las reservas de agua en Málaga son motivo de alivio, pero la incertidumbre sobre el futuro hídrico de la provincia es un tema que no admite complacencias. Aunque la mejora en los niveles de los embalses sugiere un respiro, es evidente que esta situación es un mero paréntesis en un contexto más amplio de gestión hídrica precaria. La dependencia de fenómenos meteorológicos extremos, como las borrascas que han marcado el último año, pone de manifiesto la falta de un plan hídrico sostenible que garantice el abastecimiento de agua en un futuro en el que el cambio climático se convierte en un protagonista indiscutible. Es fundamental que los responsables políticos vayan más allá de soluciones temporales y empiecen a considerar alternativas como la desalación o la inversión en infraestructuras que maximicen la retención de agua, no solo para paliar la crisis en momentos de sequía, sino para construir un modelo resiliente a largo plazo.
Asimismo, la situación de los ríos y embalses no se puede ignorar. El hecho de que los ríos como el Genal y el Grande estén en alerta amarilla indica que, aunque las lluvias han traído incrementos en los caudales, la capacidad de aprovechamiento sigue siendo escasa y la infraestructura actual no responde adecuadamente a las necesidades de la población. Las propuestas para construir nuevas presas o aumentar la capacidad de los azudes son políticas que parecen ser más reactivas que proactivas, reflejando una falta de visión que debería preocuparnos. La priorización de una gobernanza hídrica efectiva es necesaria para asegurar que los recursos se gestionen de manera responsable y se evite una situación de crisis en el futuro. Las lluvias de marzo pueden traer alivio momentáneo, pero la verdadera tarea es prepararnos para un mañana en el que el agua sea un recurso cada vez más escaso y valioso.
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