El cierre del mes de febrero en Málaga ha estado marcado por fuertes lluvias y acumulados significativos en varios municipios, destacando Jubrique con unos impresionantes 80 litros por metro cuadrado. Estos eventos climáticos se desencadenaron en una jornada festiva que mantuvo a la provincia en alerta naranja debido a las intensas precipitaciones y tormentas, un recordatorio de la poderosa fuerza de la naturaleza que ha modificado el paisaje de la Serranía de Ronda.
Según los datos proporcionados por Aemet, las condiciones meteorológicas adversas comenzaron a manifestarse con fuerza alrededor de las 12:00 horas, cuando Manilva fue golpeada por cerca de 40 litros por metro cuadrado. Sin embargo, la lluvia generosa no se limitó a este municipio, extendiéndose a otras localidades como Gaucín con 74,2 litros y Estepona, donde el medidor de los Reales registró 70 litros. Estos hechos han propiciado una mejora significativa en los embalses de la región, lo que podría resultar beneficioso para el abastecimiento de agua en meses venideros.
Ante la magnitud del fenómeno, el consejero de la Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa, Antonio Sanz, activó el Plan Especial de Emergencias ante el Riesgo de Inundaciones en Andalucía (PERI) en su fase de preemergencia desde las 8:00 horas, garantizando así la preparación de los recursos necesarios para afrontar cualquier eventualidad. Las intervenciones del Consorcio Provincial de Bomberos fueron cruciales, abordando incidencias como inundaciones en Manilva y Alhaurín el Grande, así como la caída de un árbol en Coín.
Aunque las lluvias causaron algunos contratiempos, como los retrasos en la línea C2 del Cercanías de Málaga y el cierre del Museo Ruso por filtraciones, la situación se mantuvo dentro de lo previsible. En la capital malagueña, los acumulados fueron más moderados, con 23 litros por metro cuadrado en el Paseo de la Farola, pero el ambiente periurbano se vio enriquecido por las precipitaciones que revitalizan el paisaje local.
Las precipitaciones no solo han traído lluvias, sino que también han vestido de blanco algunos rincones de la Serranía de Ronda. Municipios como Pujerra, Cartajima y Parauta mostraron inusuales y bellas postales invernales, con una ligera nevada que, aunque breve, dejó su huella. Un vecino de Parauta relataba que, aunque la nieve se derritió rápidamente, la belleza del paisaje era innegable, transformando temporalmente las calles en un lienzo blanco.
Sin embargo, el día no estuvo exento de complicaciones, ya que un accidente en la A-357 en Cerralba provocó retenciones de más de dos kilómetros hacia Málaga y el Teléfono 112 activó un total de 33 emergencias en toda la provincia debido a las condiciones ambientales.
Con un pronóstico de día de transición para hoy, sin alertas meteorológicas activas, Málaga se prepara para un nuevo aviso de nivel amarillo por fenómenos costeros en las próximas jornadas, lo que recuerda a los malagueños la constante dualidad de su clima, capaz de ofrecer tanto paz como desafíos en un corto periodo de tiempo.
La reciente ola de precipitaciones en Málaga ha sido una clara manifestación de la impredecible fuerza de la naturaleza, un recordatorio de que, a pesar de los esfuerzos humanos por controlar y adaptarnos al medio ambiente, las condiciones meteorológicas son, en última instancia, las que dictan la realidad. Si bien es indudable que la lluvia ha traído beneficios a los embalses, revitalizando un recurso tan vital para la región, resulta preocupante que los municipios continúen siendo vulnerables a situaciones que podrían haberse anticipado y mitigado. La activación del Plan Especial de Emergencias ante el Riesgo de Inundaciones es, desde luego, una medida esperada, pero surge la pregunta de si Málaga está realmente preparada para afrontar estos fenómenos extremos que, en el contexto del cambio climático, parecen volverse más frecuentes e intensos.
Es insoslayable señalar que la belleza del paisaje nevado de la Serranía de Ronda ofrece una imagen idílica que contrasta con las dificultades que enfrentaron muchas localidades debido a las inundaciones y accidentes viales. Esta dualidad del clima malagueño, que puede ser tanto un deleite visual como una fuente de desafíos logísticos, exige de los responsables políticos un enfoque más proactivo y holístico en la gestión de emergencias. En lugar de limitarse a una respuesta reactiva, se requiere una planificación que contemple no solo la mejora de infraestructuras y sistemas de drenaje, sino también la educación ciudadana sobre la resiliencia ambiental. Solo así podremos abrazar con esperanza las lluvias revivificantes y, al mismo tiempo, estar preparados para los posibles estragos que puedan acarrear.
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