El Colegio de Arquitectos de Málaga (COA Málaga) se prepara para una nueva edición de su Semana de la Arquitectura, del 3 al 10 de octubre, transformando la ciudad en un escaparate vivo de la disciplina. Más de veinte actividades gratuitas, meticulosamente diseñadas, prometen desvelar la intrincada relación entre el espacio construido y la vida cotidiana de los malagueños. Desde rutas urbanas que serpentean por el corazón histórico, revelando los secretos de la muralla medieval, hasta visitas guiadas al Museo Jorge Rando y el emblemático Auditorio Eduardo Ocón, la programación ofrece un abanico de experiencias para todos los gustos. La presentación oficial, celebrada en el Ayuntamiento, contó con la presencia de Carmen Casero, concejala de Urbanismo, y Susana Gómez de Lara, decana del COA Málaga, quienes enfatizaron la importancia de acercar la arquitectura a la sociedad y poner en valor el patrimonio provincial.
En sintonía con el Día Mundial de la Arquitectura, que este año se celebra bajo el lema “Diseño para la resiliencia” propuesto por la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), el CSCAE ha adaptado el mensaje a “Arquitectura que cuida”. Este enfoque, que resuena profundamente con las prioridades actuales, busca preservar el patrimonio, mejorar los entornos urbanos y garantizar la sostenibilidad como pilares fundamentales de la práctica arquitectónica. La decana Susana Gómez de Lara enfatizó que la arquitectura debe ser un agente activo en la construcción de un futuro más próspero y resiliente.
Más allá del centro de Málaga, la Semana de la Arquitectura extenderá sus alas a otros municipios de la provincia, como Torre del Mar, Torrox, Almargen, Estepona y La Cala del Moral. Allí, se explorarán ejemplos innovadores de vivienda social, diseños bioclimáticos y proyectos de cohousing, mostrando cómo la arquitectura puede abordar desafíos sociales y medioambientales. Estas iniciativas buscan inspirar nuevas formas de habitar y construir, promoviendo un enfoque más sostenible y centrado en el bienestar de las personas.
Un hito destacado de esta edición será el reconocimiento al edificio residencial “Melilla 31”, obra del renombrado arquitecto Antonio Lamela (1926-2017). La Fundación Docomomo Ibérico le otorgará una placa como ejemplo sobresaliente de la arquitectura moderna. La distinción se complementará con una visita guiada por Carlos Lamela, hijo del arquitecto, quien compartirá su visión y conocimientos sobre esta icónica construcción. Este evento no solo celebra el legado de Lamela, sino que también pone de relieve la importancia de preservar y valorar el patrimonio arquitectónico del siglo XX. No se pierdan la apertura de inscripciones para todas las actividades que se abrirán el 26 de septiembre a las 10:00 horas en la página web del Colegio de Arquitectos.
La Semana de la Arquitectura en Málaga, aunque bienintencionada en su afán por democratizar el conocimiento arquitectónico, corre el riesgo de quedarse en una mera **exhibición de buenas intenciones sin un impacto tangible en la realidad urbana**. Se celebra el esfuerzo por acercar la disciplina al ciudadano y poner en valor el patrimonio, pero ¿se traduce esto en una mayor participación ciudadana en la planificación urbana? ¿Se abordan realmente los problemas acuciantes de vivienda asequible, rehabilitación de barrios degradados o la creciente gentrificación que amenaza la identidad malagueña? Temo que, si no se va más allá de las visitas guiadas y las charlas, la iniciativa se convierta en un escaparate superficial, perdiendo la oportunidad de generar un debate profundo y constructivo sobre el futuro de nuestra ciudad.
El reconocimiento al edificio «Melilla 31» como ejemplo de arquitectura moderna es, sin duda, un acierto para reivindicar el valor de nuestro patrimonio del siglo XX, a menudo ignorado o incluso demonizado en favor de una arquitectura contemporánea que, en ocasiones, prioriza la espectacularidad sobre la funcionalidad y la integración en el entorno. Sin embargo, este gesto no debería servir como cortina de humo para ocultar la falta de planificación coherente y la permisividad urbanística que han caracterizado el desarrollo de Málaga en las últimas décadas. Es necesario un cambio de paradigma que ponga el bienestar del ciudadano y la sostenibilidad ambiental en el centro de las decisiones urbanísticas, en lugar de ceder constantemente a los intereses del sector inmobiliario. Solo así la «Arquitectura que cuida» dejará de ser un lema vacío y se convertirá en una realidad palpable.
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