Málaga, 1 de septiembre de 2025 – El primer semestre del año ha dibujado un panorama turístico de contrastes en la capital de la Costa del Sol. Si bien el atractivo de Málaga sigue siendo innegable, los datos revelados por las autoridades municipales apuntan a una ligera ralentización en algunos de sus emblemas culturales, compensada, en parte, por el auge de otras instituciones.
El emblemático binomio formado por la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro, pilares de la oferta turística malagueña, experimentó un descenso global del 2,06% en las visitas. En números concretos, se registraron 1.195.533 entradas frente a las 1.220.728 del mismo periodo en 2024. La Alcazaba, testigo silencioso de siglos de historia, vio disminuir su afluencia en un 6%, lo que representa 40.743 visitantes menos. No obstante, el Castillo de Gibralfaro, baluarte con vistas panorámicas, logró remontar la tendencia con un aumento del 2,87%, sumando 557.217 visitantes. Esta disparidad sugiere un cambio en las preferencias de los turistas o, quizás, la necesidad de revitalizar la oferta de la Alcazaba.
El resto de los museos municipales reflejan esta misma heterogeneidad. La Casa Natal de Picasso, un lugar de peregrinación obligada para los amantes del arte, sufrió un descenso del 6,14% en sus visitas. La Colección del Museo Ruso, por su parte, experimentó una leve caída del 1,25%. Sin embargo, el Centre Pompidou Málaga se alza como uno de los grandes triunfadores del semestre, con un notable incremento del 10,38% en su número de visitantes. De forma similar, el Museo Carmen Thyssen continúa su senda de crecimiento, sumando 5.388 visitantes más en comparación con el año anterior. Este éxito podría atribuirse a la atractiva programación de ambos museos, así como a su capacidad para conectar con un público diverso.
Otros espacios culturales, como las Salas Mingorance del Archivo Municipal, el Museo Revello de Toro, el Museo del Automóvil y de la Moda y el Museo Interactivo de la Música (MIMMA), también registraron descensos en su número de visitantes. En contraste, el Mucac-La Coracha, inaugurado en abril de este año, ha atraído a 6.320 visitantes desde su apertura, lo que demuestra el interés del público por las nuevas propuestas culturales en la ciudad.
Si bien el descenso general en las visitas a algunos de los monumentos y museos más emblemáticos de Málaga podría interpretarse como una señal de alerta, el crecimiento sostenido de otros espacios culturales demuestra la vitalidad de la oferta turística malagueña. El reto ahora reside en analizar las causas de esta disparidad y en diseñar estrategias que permitan revitalizar aquellos espacios que han perdido atractivo, al tiempo que se potencia el éxito de las instituciones que están en auge. Málaga, con su rica historia, su vibrante cultura y su innegable encanto, tiene aún mucho que ofrecer al mundo.
La aparente buena salud del turismo malagueño, reflejada en el constante flujo de visitantes y la apertura de nuevos espacios culturales, esconde una preocupante grieta que las cifras, convenientemente maquilladas, intentan disimular. El ligero descenso general en emblemas como la Alcazaba o la Casa Natal de Picasso no es un mero dato estadístico, sino un síntoma de agotamiento de un modelo turístico que prioriza la cantidad sobre la calidad. Se ha apostado por una expansión constante, pero ¿a costa de qué? Quizá sea hora de preguntarnos si la homogeneización de la oferta y la pérdida de autenticidad están alejando a un público cada vez más exigente, un público que busca experiencias genuinas y no meras postales prefabricadas.
El espejismo del auge de museos como el Pompidou o el Carmen Thyssen no debe cegarnos ante la realidad: Málaga no puede permitirse depender exclusivamente de la moda o de la novedad. Es fundamental analizar qué está fallando en aquellos espacios históricos y culturales que han perdido fuelle. ¿Se trata de una falta de inversión en la renovación de sus propuestas, de una deficiente promoción o, quizás, de una desconexión con los intereses del público actual? Urge una reflexión profunda y una estrategia integral que no se limite a inaugurar nuevos museos, sino que rescate y revitalice el patrimonio existente, garantizando así un futuro turístico sostenible y respetuoso con la identidad de la ciudad.
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