La cuenta atrás para la Feria de Málaga 2025 ha comenzado, y lo hace con una figura carismática al frente: Toñi Moreno será la abanderada de esta edición, un nombramiento que promete insuflar aires nuevos sin perder la esencia de la fiesta más emblemática de la ciudad. La Asociación Centro Histórico de Málaga Centro Comercial Abierto, con el firme respaldo de la Diputación Provincial, ha oficializado hoy el anuncio en un acto celebrado en el Ayuntamiento de Málaga, donde la expectación era palpable y el ambiente festivo anticipaba lo que está por venir.
La elección de Moreno, una periodista con más de tres décadas de experiencia y un arraigo profundo en la ciudad, no es casualidad. Su conexión emocional con Málaga, expresada con la espontaneidad que la caracteriza, la convierte en una embajadora perfecta para proyectar la imagen de la ciudad. «Málaga me lo ha perdonado todo», bromeó la presentadora, dejando entrever la reciprocidad de un amor que trasciende lo profesional. La diputada de Desarrollo Económico Sostenible, Esperanza González, remarcó la visión estratégica detrás de esta designación, subrayando el potencial de la Feria como plataforma para impulsar el talento local y la economía creativa de la provincia, especialmente a través del programa Málaga de Moda.
La Feria de Málaga no es solo fiesta y tradición; es un motor económico que genera un impacto significativo en la provincia. Los datos hablan por sí solos: en 2024, el evento superó los 85 millones de euros de impacto económico y atrajo a más de 800.000 visitantes. Ante estas cifras, la Diputación Provincial redobla su apuesta por el evento, con el objetivo de dar visibilidad a los diseñadores, artesanos y pequeñas y medianas empresas del sector. La integración de cultura, economía y marca territorial se erige como la piedra angular de esta estrategia, buscando consolidar a Málaga como un referente a nivel nacional e internacional.
La tradicional Romería urbana al Santuario de la Victoria, un acto central en el inicio de la Feria, contará este año con un cambio significativo en su recorrido. La comitiva, liderada por Toñi Moreno, partirá desde el Ayuntamiento de Málaga y, tras recorrer las principales arterias del centro, culminará con la izada de la bandera en la Plaza de la Marina, junto a la estatua del Marqués de Larios. Este cambio de ubicación no es un mero detalle logístico; es una declaración de intenciones. Busca reforzar el carácter simbólico del acto y su conexión con el tejido comercial del centro histórico, poniendo en valor la vitalidad económica y social de la ciudad. La cita está marcada en el calendario: el sábado 16 de agosto, Málaga vibrará al ritmo de la Romería, dando el pistoletazo de salida a una Feria que promete ser inolvidable.
El nombramiento de Toñi Moreno como abanderada de la Feria de Málaga 2025, si bien aparenta ser un soplo de aire fresco y modernidad, plantea interrogantes sobre la verdadera naturaleza de la «tradición» que se busca representar. En un contexto donde la Feria, pese a sus innegables beneficios económicos, a menudo se percibe como un evento cada vez más masificado y desligado de sus raíces, la elección de una figura mediática, aunque malagueña y querida, podría interpretarse como una estrategia marketiniana que prioriza la visibilidad sobre la autenticidad. ¿No sería más coherente con esa «esencia» a la que aluden, apostar por figuras menos conocidas pero profundamente arraigadas en la cultura popular malagueña, como artesanos, músicos o representantes de las peñas, quienes verdaderamente mantienen viva la llama de la tradición?
El cambio en el recorrido de la Romería urbana, trasladando el punto culminante a la Plaza de la Marina, evidencia la creciente mercantilización de la Feria. Si bien es innegable el impacto económico del evento en el centro histórico, convertir la Romería en un escaparate para el «tejido comercial» resulta preocupante. La Feria, en su origen, era una celebración del pueblo, una expresión de la identidad malagueña que trascendía los intereses comerciales. Al priorizar la visibilidad de las tiendas y el potencial de consumo, se corre el riesgo de desvirtuar el significado original de la Romería, transformándola en un acto promocional desprovisto de la carga simbólica que debería caracterizarla. Urge, por tanto, replantear la estrategia y buscar un equilibrio entre la promoción económica y la preservación de la esencia cultural de la Feria de Málaga.
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