Málaga, 25 de noviembre de 2025 – La serenidad malagueña, esa que se disfruta en un paseo al atardecer por la Malagueta o en una conversación distendida en una terraza de El Soho, se ve amenazada, según la Policía Local, por una persistente ola de comportamientos incívicos. En la última semana, del 17 al 24 de noviembre, se han tramitado 27 denuncias, tanto a establecimientos como a particulares, por infringir las ordenanzas municipales que buscan garantizar la convivencia y proteger el espacio público. El Ayuntamiento, firme en su propósito de mantener el orden, ha intensificado la vigilancia en zonas clave como el centro histórico, Teatinos y Carretera de Cádiz, áreas donde el bullicio, a veces, parece desbordar los límites del civismo.
Entre las infracciones más llamativas, destacan las siete denuncias por realizar necesidades fisiológicas en la vía pública. Las calles Eduardo Domínguez Ávila, Canasteros, Granados, San Telmo, Marqués de Valdecañas y Álamos han sido testigos de estas faltas de respeto, evidenciando un problema que va más allá de la simple anécdota. ¿Acaso la ciudad no ofrece suficientes alternativas o se trata de una simple falta de consideración hacia los demás? La respuesta, sin duda, es compleja, pero la Policía Local ha dejado claro que no tolerará este tipo de conductas. Además, las autoridades han actuado contra el intrusismo en el transporte público, realizando 38 actuaciones para detectar la prestación ilegal de servicios de transporte de viajeros.
La lucha contra la contaminación acústica también ha sido prioritaria. Seis personas han sido denunciadas por diversas infracciones, desde cantar o proferir gritos en la plaza Larita hasta producir molestias con equipos de reproducción que perturbaban el descanso de los vecinos. La música, que tantas veces alegra las calles malagueñas, se ha convertido en un arma de doble filo cuando supera los decibelios permitidos. La policía actuó en dos casos por actividades en domicilios que impedían el descanso ajeno, dos por equipos de reproducción a todo volumen y una por equipos musicales en vehículos.
El Área de Comercio y Vía Pública no se ha quedado atrás, levantando 31 actas por incumplimientos relacionados con las terrazas en la vía pública. Ocupación indebida, falta de autorización, mesas y sillas de más… La batalla por el espacio público se libra centímetro a centímetro, con el objetivo de garantizar que todos los ciudadanos puedan disfrutar de las calles y plazas sin verse perjudicados por la voracidad de algunos establecimientos. Las denuncias se han registrado en los distritos Centro (8), Este (1), Bailén-Miraflores (1), Palma-Palmilla (1), Cruz del Humilladero (4) y Carretera de Cádiz (16).
Las sanciones por estas infracciones varían desde los 300 euros por incumplimientos de la ordenanza de Convivencia Ciudadana hasta los 300.000 euros por las infracciones más graves en materia de contaminación acústica. Un claro mensaje del Ayuntamiento: el respeto y la convivencia no son negociables. Málaga quiere seguir siendo un lugar donde disfrutar, pero siempre dentro de unos límites que garanticen el bienestar de todos.
La proliferación de denuncias por incivismo en Málaga, lejos de ser un simple titular alarmista, revela una fractura cada vez más palpable en la convivencia ciudadana. Si bien es plausible la firmeza del Ayuntamiento en aplicar las ordenanzas, resulta ingenuo creer que la mera imposición de multas resolverá un problema que hunde sus raíces en la ausencia de una cultura cívica sólida y compartida. ¿Acaso no sería más efectivo invertir en campañas de sensibilización, fomentar la mediación vecinal y repensar el diseño urbano para favorecer el respeto al espacio público antes que recurrir, casi exclusivamente, a la sanción punitiva? El incivismo no es solo un problema de individuos aislados, sino el síntoma de una ciudad que necesita reconectar con sus propios valores comunitarios.
El celo municipal en controlar terrazas y la contaminación acústica es comprensible, dada la presión turística y la necesidad de proteger el descanso vecinal. Sin embargo, la obsesión por el orden, a veces, parece ahogar la vitalidad espontánea que define el espíritu malagueño. **¿No corremos el riesgo de convertir Málaga en una ciudad aséptica y predecible, donde el rigor normativo sofoca la alegría y la creatividad?** Es crucial encontrar un equilibrio entre la regulación necesaria y el respeto a las expresiones culturales y sociales que hacen de esta ciudad un lugar único. De lo contrario, podríamos acabar lamentando la pérdida de esa esencia que atrae, precisamente, a quienes luego denuncian el ruido y la supuesta falta de civismo.
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