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Málaga: 11 compromisos para la IA responsable en ciudades inteligentes

Málaga acoge la ‘Declaración de Málaga’, un decálogo de once compromisos para garantizar un uso ético y responsable de la inteligencia artificial en las ciudades.

Málaga, 17 de septiembre de 2026 – El futuro de nuestras ciudades ya no es una visión futurista, sino una realidad palpable y, sobre todo, una responsabilidad que se ha sellado hoy en el corazón de Málaga. El VI Congreso Smart City de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) ha echado el telón en el FYCMA, dejando tras de sí un legado de compromisos concretos plasmados en la trascendental Declaración de Málaga. Este documento, más que un simple papel, representa un pacto firme entre los municipios españoles para orquestar una incorporación ética y estratégica de la inteligencia artificial (IA) en la compleja maquinaria de la gestión pública.

La Declaración de Málaga no nace de la nada, sino que se erige sobre los sólidos cimientos de la guía y metodología de la FEMP.IA, asegurando que el avance tecnológico no pierda de vista lo esencial: el interés general, la salvaguarda de los derechos ciudadanos, la transparencia inquebrantable y la rendición de cuentas pública. Son estos pilares los que guiarán el camino hacia un uso de la IA que realmente sirva a la ciudadanía, alejándose de cualquier sombra de opacidad o potencial abuso. La entrega simbólica de este documento por parte de la concejala Alicia Izquierdo a Javier Peña, coordinador general de RECI, marca el inicio de una nueva era de gobernanza inteligente, donde la tecnología se pone al servicio de un progreso más humano y justo.

Con un total de once compromisos claros y medibles, la Declaración establece una hoja de ruta para que la IA sea una aliada y no una amenaza. Desde la indispensable supervisión humana de todos los sistemas de IA hasta la imperativa protección y aseguramiento de la calidad de los datos, pasando por robustas estrategias de ciberseguridad y una apuesta decidida por la contratación tecnológica con todas las garantías, el documento aborda los aspectos críticos para una implementación segura y confiable. Además, se subraya la necesidad de formar a los equipos municipales para que dominen estas nuevas herramientas y se considera la sostenibilidad ambiental de las soluciones de IA como un factor clave. Este enfoque integral garantiza que el progreso digital no comprometa nuestro entorno ni a quienes lo habitan.

Pero la Declaración de Málaga no se queda en buenas intenciones; establece mecanismos de seguimiento rigurosos para asegurar su cumplimiento. Cada municipio se compromete a presentar un inventario detallado de sus sistemas de IA antes del próximo congreso, así como a someterse a una autoevaluación de madurez utilizando la metodología FEMP.IA. Adicionalmente, se realizará una revisión compartida a los seis meses, cuyo análisis se presentará en el futuro VII Congreso de RECI. Este proceso de evaluación continua y colaboración asegura que los avances se compartan y que los desafíos se aborden de manera colectiva. El Libro de Adhesiones queda abierto, invitando a todas las ciudades y entidades locales a sumarse a esta iniciativa pionera.

Este congreso, que coincide con el 15º aniversario de RECI, no solo ha sido el escenario de la firma de la Declaración, sino también un vibrante foro de intercambio de conocimiento y experiencias. La coincidencia con Greencities, Urban Intelligence & Smart Mobility ha enriquecido el debate, abarcando temas cruciales como la financiación de la innovación urbana, el potencial de los gemelos digitales, la soberanía tecnológica y la vital importancia de la ciberseguridad municipal. La introducción de los Premios RECI ha servido para destacar y celebrar el esfuerzo innovador de ayuntamientos como Murcia, Rivas Vaciamadrid y Sant Feliu de Llobregat, así como para reconocer trayectorias ejemplares como la de Jordi Cirera y la labor de embajadores como Carlos Ventura y Vito Episcopo, consolidando el espíritu de colaboración que define a esta red de 172 territorios.

La reciente conclusión del VI Congreso Smart City de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) en Málaga, con la presentación de la Declaración de Málaga, representa un paso adelante innegable en la búsqueda de una gobernanza municipal más eficiente y tecnológicamente avanzada. La voluntad de establecer once compromisos para un uso responsable de la inteligencia artificial en la gestión pública es encomiable y necesaria, sobre todo al priorizar el interés general, la protección de derechos y la transparencia. Sin embargo, la verdadera prueba de fuego para este tipo de declaraciones reside no en la tinta que las plasma, sino en la firmeza con la que se implementan y se garantiza su cumplimiento en el día a día de las administraciones. La promesa de un inventario de sistemas y una autoevaluación de madurez son medidas sensatas, pero debemos vigilar que no se queden en meros ejercicios burocráticos y que realmente se traduzcan en mejoras tangibles para el ciudadano, evitando que la IA se convierta en una herramienta más de opacidad encubierta bajo un barniz de modernidad.

Es positivo ver que la Declaración de Málaga pone el acento en aspectos cruciales como la supervisión humana, la calidad de los datos, la ciberseguridad y la formación de los equipos municipales. Estos son pilares fundamentales para construir una ciudad inteligente que sea verdaderamente para las personas y no solo un escaparate de tecnología. La coincidencia con Greencities y el enfoque en la colaboración y el intercambio de conocimiento son, sin duda, un acierto. No obstante, es vital que estos congresos y declaraciones no se conviertan en eventos aislados, sino en catalizadores de un cambio cultural profundo en nuestras administraciones. La verdadera transformación digital de nuestras ciudades pasa por desmantelar las resistencias internas a la innovación, por fomentar una cultura de aprendizaje continuo y por asegurar que la inteligencia artificial se ponga al servicio de la justicia social y la equidad, y no al de la mera optimización de procesos que pueda marginar a los colectivos más vulnerables. La próxima edición del congreso, dentro de seis meses, tendrá la importante tarea de demostrar que la Declaración de Málaga no es un brindis al sol, sino el inicio de un camino firme hacia ciudades más inteligentes, sí, pero sobre todo, más humanas y justas.

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