Los campos de la economía malagueña florecen con las noticias provenientes de Grupo Cajamar. La entidad financiera ha presentado resultados de vértigo al cierre de septiembre de 2025, consolidándose como un actor clave en el tejido empresarial andaluz y nacional. Con un beneficio neto de 263 millones de euros, lo que supone un incremento del 6,9% con respecto al año anterior, Cajamar demuestra una gestión impecable y una visión estratégica enfocada en el crecimiento sostenible. Este aumento en la rentabilidad, cifrada en un notable 7,8%, pone de manifiesto la eficiencia con la que la cooperativa de crédito está gestionando los recursos de sus inversores.
Más allá de las cifras, el éxito de Cajamar reside en su capacidad para optimizar recursos y expandir su alcance. El margen bruto de la entidad se sitúa en los 1.239 millones de euros, un 3,8% más, reflejando un aumento generalizado en sus ingresos. Pero la verdadera joya de la corona se encuentra en su eficiencia, alcanzando un 45,3%, una de las mejores marcas del sector cooperativo. Este dato revela que Cajamar ha sabido exprimir al máximo cada euro invertido, generando mayores beneficios con menos recursos. Este modelo de crecimiento inteligente se ve reflejado en la ampliación de su volumen total de negocio, que asciende a 109.622 millones de euros, un 3,6% más que el ejercicio anterior.
El compromiso de Cajamar con el desarrollo económico de Málaga se materializa en el aumento de la financiación a empresas y particulares, un crecimiento del 10,6% que impulsa la actividad productiva y el consumo en la región. Especial mención merece su liderazgo en el sector agroalimentario, donde la entidad ostenta una cuota del 15,1% en España, apoyando a los agricultores y productores locales con soluciones financieras a medida. La confianza depositada por los clientes también se refleja en el aumento de los depósitos y ahorros, que crecen casi un 10%, impulsados por la pujanza de los fondos de inversión (+36,5%). Con una base sólida de más de 3,9 millones de clientes, atendidos por una red de más de 5.100 empleados en 952 oficinas y canales digitales, Cajamar se consolida como un socio fiable y accesible para todos los malagueños.
En un entorno financiero cada vez más exigente, Cajamar destaca por su solvencia, con un ratio CET1 del 14,2% y un nivel de solvencia total del 16,4%. Esta solidez financiera se complementa con una gestión prudente del riesgo, reflejada en una morosidad del 1,76%, una de las más bajas del sector. Pero el compromiso de Cajamar va más allá de los números. La entidad ha sido reconocida por su apuesta por la sostenibilidad, obteniendo la máxima calificación «A» de CDP por su gestión contra el cambio climático y renovando su Plan de Ecoeficiencia 2025-2027, que busca reducir el consumo de energía y agua. De esta forma, Cajamar demuestra que es posible crecer de forma rentable y responsable, contribuyendo a un futuro más próspero y sostenible para Málaga y para el conjunto de la sociedad.

El titular proclama un «otoño dorado» para Grupo Cajamar, y las cifras ciertamente deslumbran. Un aumento en los beneficios, una eficiencia envidiable y una supuesta apuesta por la sostenibilidad dibujan un panorama idílico. Sin embargo, conviene preguntarse si este dorado reluciente no esconde alguna sombra. Si bien la **reducción de la morosidad y el aumento de la solvencia son datos positivos indiscutibles**, ¿a qué precio se ha logrado esta eficiencia? ¿Se ha trasladado este crecimiento a mejores condiciones para los trabajadores de la entidad o a una mayor inversión en la comunidad malagueña más allá del mero crédito? La verdadera prueba de fuego no reside en el porcentaje de beneficio, sino en cómo se distribuye esa riqueza y en el impacto real que tiene en el bienestar de la sociedad.
La retórica sobre la sostenibilidad también merece un análisis más profundo. Obtener una calificación «A» de CDP por la gestión contra el cambio climático es un logro, sin duda, pero ¿qué implica concretamente? ¿Se están financiando activamente proyectos de energías renovables en la provincia? ¿Se está presionando a las empresas del sector agroalimentario para adoptar prácticas más respetuosas con el medio ambiente, más allá de la simple concesión de créditos? El compromiso con la sostenibilidad no puede ser solo un eslogan de marketing; debe traducirse en **acciones tangibles y verificables que demuestren un cambio real en el modelo de negocio**. De lo contrario, corremos el riesgo de caer en el *greenwashing* y perpetuar un sistema que, en última instancia, sigue priorizando el beneficio económico por encima del bienestar del planeta y sus habitantes.
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