La Selección española de baloncesto ha dado un paso de gigante hacia la Copa del Mundo de Catar 2027, sellando una victoria contundente por 66-86 frente a Ucrania en el Xiaomi Arena de Riga. El encuentro, marcado por una primera mitad de alternativas e igualdad, vio cómo el combinado dirigido por Chus Mateo desplegaba su potencial ofensivo y defensivo en una segunda parte soberbia, rompiendo definitivamente el partido en un tercer cuarto de dominio absoluto.
La primera mitad se caracterizó por un ritmo pausado y dificultades anotadoras para ambos conjuntos. Ucrania, aprovechando su juego interior y la inconsistencia en el ataque español, logró mantener pequeñas ventajas en el electrónico. Sin embargo, la entrada de Ferran Bassas desde el banquillo aportó la chispa necesaria para equilibrar la balanza y llegar al descanso con un marcador ajustado de 33-32, dejando todo abierto para la reanudación.
Tras el paso por vestuarios, España transformó por completo su imagen y su juego. La intensidad defensiva se elevó a niveles estratosféricos, ahogando las líneas de pase ucranianas y generando pérdidas que se tradujeron en contraataques fulgurantes. En ataque, la dirección magistral de Álvaro Cárdenas encontró en Jaime Fernández al anotador letal que decantó la contienda. Un parcial demoledor en el tercer cuarto dejó a Ucrania sin respuesta, sentenciando el partido con una renta que se antojaba insalvable.
El trabajo incansable de Pierre Oriola bajo los aros fue fundamental para asegurar el rebote y controlar la pintura, un aspecto clave para sostener la ventaja construida. A esta fortaleza interior se sumó el acierto colectivo desde la línea de tres puntos, que abrió el marcador de forma definitiva y permitió a España administrar la renta en el último cuarto con una tranquilidad absoluta, sin dar opción a la remontada ucraniana.
Con esta victoria, el combinado nacional mantiene su racha invicta en la presente ventana de clasificación, acercándose firmemente a la siguiente fase del torneo. La expectación ahora se centra en el próximo enfrentamiento ante el mismo rival, esta vez en suelo español, donde se espera un ambiente festivo y una nueva demostración de fuerza de «La Familia».
España ha demostrado en Riga la solidez de un proyecto en plena construcción. Las rotaciones amplias y el protagonismo repartido entre todos los jugadores subrayan la profundidad y la calidad de la plantilla. Cada partido suma, no solo en resultados, sino también en confianza y cohesión para encarar el ilusionante camino hacia la cita mundialista de 2027.
La victoria de la Selección española de baloncesto en Riga frente a Ucrania, si bien es un paso adelante y confirma la progresión del equipo, nos deja una vez más con la sensación agridulce de la necesidad de una mayor consistencia desde el inicio. Es encomiable la remontada y la contundencia exhibida en la segunda mitad, donde la defensa se ajustó y el ataque encontró fluidez, pero no podemos obviar las dificultades y la igualdad de la primera parte. Este «modo avión» que parece activar España a partir del descanso, si bien efectivo, denota una dependencia de los ajustes y de la emergencia de determinados jugadores para corregir un rumbo inicial incierto. Para aspirar a cotas más altas y enfrentarnos a rivales de mayor calibre, es fundamental que el equipo desarrolle una capacidad para imponer su ritmo y su calidad desde el primer minuto, minimizando esos periodos de desconexión que Ucrania supo explotar para mantenerse a flote.
Más allá del resultado, esta ventana de clasificación nos permite reflexionar sobre la estructura y la profundidad del proyecto que Chus Mateo está liderando. La rotación amplia y el protagonismo repartido son, sin duda, signos de salud y de una cantera que nutre a la selección. Sin embargo, la gran incógnita que persiste es si esta suma de individualidades, aunque talentosas, logrará consolidarse como un bloque verdaderamente dominante y con una identidad de juego innegociable. La solidez mostrada en el tercer cuarto es un destello de lo que puede llegar a ser, pero debemos aspirar a que esa intensidad y fluidez no sean un recurso de urgencia, sino la norma. El camino hacia el Mundial es largo y exigente, y si bien este triunfo aporta confianza, la auténtica prueba de fuego será la capacidad del equipo para replicar su mejor versión de forma sostenida, demostrando que la construcción de este grupo va más allá de la suma de sus partes.
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