El aroma a imbatibilidad ha rodeado al FC Barcelona desde el pitido inicial de la presente campaña. Los culés, con una marcha arrolladora, han coleccionado victorias hasta el momento, firmando goleadas que parecen pintar un cuadro de dominio absoluto en LaLiga. Solo en un par de ocasiones han permitido que sus rivales maquillen el marcador, evidenciando una solidez ofensiva y defensiva poco vista. Sin embargo, la dulce travesía del conjunto catalán se topa ahora con su examen más exigente hasta la fecha. El próximo destino no es otro que el mítico Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, una fortaleza sevillista que se prepara para recibir a un Barcelona que busca refrendar su estatus de invencible ante un contendiente que ha emergido como una de las gratas sorpresas del primer tramo liguero.
Lejos quedan los fantasmas de la pasada temporada, donde el Sevilla FC tuvo que luchar hasta el último suspiro por la permanencia. La presente edición de LaLiga ha traído consigo un Sevilla renacido, un equipo que ha sabido reinventarse y plantarse con autoridad en la élite del campeonato. Con un balance de cuatro victorias, un empate y una única derrota, los de Nervión ocupan la quinta plaza de la clasificación con trece puntos, igualados a unidades con el Atlético de Madrid y a tan solo dos del Real Betis, que cierra el podio. Esta solidez les otorga el cartel de adversario formidable, un equipo que ya ha demostrado su capacidad para competir al más alto nivel y que buscará en su feudo un triunfo de prestigio que consolide su excepcional inicio de campaña.
Para el FC Barcelona, este desplazamiento a Sevilla representa la primera auténtica prueba de fuego como visitante. Hasta ahora, sus salidas se habían caracterizado por medirse a rivales de la zona baja de la tabla, como Levante, Valencia y Elche. El Real Madrid ya sufrió ante el Betis en La Cartuja, y el Atlético de Madrid ha sabido puntuar en escenarios complicados como Anoeta, San Mamés y el propio Pizjuán. El Sevilla se presenta, por tanto, como el primer escollo de envergadura en el camino de los campeones. La inquietud en el seno azulgrana no solo reside en la entidad del rival, sino también en una sensible baja en la portería. La lesión de rodilla sufrida por Joan García durante el partido ante el Racing de Santander ha encendido las alarmas. Aunque el guardameta no se perderá un número excesivo de encuentros debido al próximo parón de selecciones, su ausencia evidencia la importancia del meta y la fragilidad que un tropiezo puntual puede generar en un equipo aparentemente invencible.
La responsabilidad de defender la portería culé recaerá ahora en Wojciech Szczesny. El guardameta polaco, que ingresó al campo tras la lesión de García, no transmitió la tranquilidad esperada en su actuación. Un error en la salida de balón propició el segundo tanto del Racing, una pifia que ha puesto al portero bajo el foco. El técnico, Xavi Hernández, intentó disipar las dudas en rueda de prensa, asegurando que el error es consciente y que no se repetirá: «Ya le dije que todos cometemos errores. Él cometió un error y es consciente, no le volverá a pasar. Se dio cuenta de que se había metido en problemas, se ve en las imágenes». No obstante, la exigencia del Sánchez-Pizjuán pondrá a prueba la fortaleza mental de Szczesny y su capacidad para sobreponerse a un debut que ha generado un aura de incertidumbre en la retaguardia azulgrana. El Pizjuán dictará sentencia.
La imbatibilidad aparente del Barcelona esta temporada, aderezada con goleadas abrumadoras, se enfrenta ahora a su verdadera prueba de fuego en el Pizjuán. Si bien es cierto que el palmarés inicial ha sido contundente, no podemos obviar que hasta ahora los culés no han tenido un examen de exigencia real en territorio foráneo. Enfrentarse a un Sevilla renacido, que demuestra una solidez y ambición dignas de aplauso tras un curso anterior de sufrimiento, será el baremo definitivo para calibrar las aspiraciones europeas de los de Xavi. Esta es la ocasión en la que el discurso de superioridad ha de verse respaldado por un desempeño contundente contra un rival de entidad, y no solo ante equipos de la zona baja de la tabla.
La lesión de Joan García, portero clave hasta la fecha, añade un matiz de vulnerabilidad a la apisonadora azulgrana. La fragilidad mostrada por su sustituto, Szczesny, que incluso facilitó un gol al Racing, pone de manifiesto la dependencia que puede generar un equipo, por muy dominante que parezca. Si bien es cierto que el parón de selecciones aliviará el trance inmediato, esta circunstancia invita a la reflexión sobre la profundidad de la plantilla y la necesidad de tener recambios que inspiren la misma confianza que los titulares. El Pizjuán no es solo un reto para el once inicial, sino también una prueba para la capacidad del banquillo culé de sobreponerse a adversidades imprevistas y mantener la senda de la victoria ante la exigencia de un rival en clara progresión.
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