Bajo el cielo estrellado de Fuengirola, el rugido de 18.500 almas resonó el pasado viernes en Marenostrum Fuengirola. El recinto, con la imponente silueta del Castillo Sohail como telón de fondo, se convirtió en el epicentro de la música latina, acogiendo el concierto más multitudinario en España de la gira «México Lindo y Querido» de Maná. Una noche que quedará grabada en la memoria de los asistentes, marcada por la energía desbordante de la banda mexicana y la belleza incomparable del entorno.
La velada musical arrancó con el sabor a mar y la esencia andaluza de Chambao. El grupo, con su característico flamenco-chill, tejió un tapiz sonoro que envolvió al público mientras el sol se despedía en el horizonte. Temas emblemáticos como «Pokito a poko» y «Ahí estás tú» fueron coreados con entusiasmo, preparando el terreno para la explosión musical que estaba por venir. La banda malagueña Efecto Mariposa, con su inconfundible sello pop-rock, tomó el relevo, inundando el escenario con himnos locales como «Por Quererte» y «No me crees». La conexión entre la banda y su público natal fue palpable, creando una atmósfera de complicidad y alegría contagiosa.
La noche alcanzó su punto álgido con la llegada de Maná. La banda, liderada por el carismático Fher Olvera, irrumpió en el escenario con una fuerza arrolladora, desatando una avalancha de éxitos que hicieron vibrar los cimientos de Marenostrum. Desde el primer acorde de «Hechicera», la euforia se apoderó del público, que coreó cada verso, saltó y bailó al ritmo de la música. Durante más de dos horas, la banda mexicana repasó su extensa discografía, regalando momentos inolvidables con temas como «Corazón Espinado», «Oye mi amor» y «Labios Compartidos».
Fher Olvera, fiel a su compromiso con el medio ambiente, aprovechó la ocasión para lanzar mensajes ecologistas, invitando a la reflexión sobre la importancia de cuidar nuestro planeta. La puesta en escena se complementó con un elefante inflable gigante durante la interpretación de «¿Dónde jugarán los niños?», reforzando el mensaje de conciencia ambiental. El clímax emocional llegó con la interpretación de «En el muelle de San Blas». La recreación del muelle, con su estructura flotante y el telón lunar proyectado sobre el mar, transportó al público a ese rincón mágico del Pacífico mexicano, inundando el ambiente de nostalgia y romanticismo. El concierto culminó con un bis apoteósico que incluyó el mítico «Rayando el sol», desatando la locura entre los asistentes.
La celebración del décimo aniversario de Marenostrum Fuengirola no podía haber tenido un mejor broche de oro. Tras la actuación de Maná, un espectacular ballet de drones iluminó el cielo de la playa, dibujando figuras imposibles sobre el firmamento. La fiesta continuó hasta altas horas de la madrugada con un DJ set que hizo bailar a los más resistentes, consolidando al festival como un referente internacional en el mundo de la música. La noche del 20 de junio fue un testimonio del poder de la música para unir a las personas y crear momentos inolvidables, un evento que sin duda quedará grabado en la historia de Marenostrum Fuengirola.
El despliegue mediático en torno al concierto de Maná en Marenostrum Fuengirola, aunque comprensible dada la envergadura del evento, plantea interrogantes sobre las prioridades culturales de nuestra ciudad. ¿Es suficiente con la espectacularidad y la afluencia masiva para justificar la inversión y el espacio otorgado a este tipo de eventos? Si bien la música de Maná conecta con un público amplio y genera un innegable retorno económico, es crucial preguntarnos si Málaga, con su rica tradición musical y su vibrante escena independiente, no debería apostar con mayor decisión por propuestas más innovadoras y arriesgadas, que fomenten la diversidad cultural y el talento local. La euforia colectiva es efímera; la construcción de un tejido cultural sólido y sostenible requiere un compromiso a largo plazo.
Si bien el mensaje ecologista de Fher Olvera durante el concierto es plausible, la implementación real de prácticas sostenibles en eventos de esta magnitud deja mucho que desear. ¿Cómo se mide la huella de carbono de un evento que moviliza a miles de personas y consume ingentes cantidades de recursos? La inclusión de un elefante inflable gigante, por simbólico que sea, resulta casi una burla si no se acompaña de medidas concretas para mitigar el impacto ambiental del evento. Más allá del espectáculo, es necesario exigir a los promotores un compromiso real con la sostenibilidad, que incluya la gestión responsable de residuos, el uso de energías renovables y la promoción del transporte público. La conciencia ambiental no puede ser un mero adorno en un concierto masivo; debe ser el principio rector de toda la industria del entretenimiento.
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