La celebración de la Nochevieja en la discoteca de La Nogalera, en Torremolinos, se tornó en un escenario de controversia y dolor tras la denuncia de una joven trans que afirma haber sido víctima de una agresión violenta. El suceso, que ocurrió en las primeras horas de 2025, ha sido objeto de una intensa discusión entre la víctima y el propietario del local, quien se defiende argumentando que el agresor no era un trabajador suyo, sino un cliente que intercedió en una pelea entre dos mujeres.
Según la versión del dueño, a las 6:40 de la mañana se inició un altercado entre dos personas trans que terminaron lanzándose botellas. En declaraciones, el propietario afirmó que su personal intentó separar a las implicadas, conduciendo a una de ellas hacia la salida principal del local para evitar que se encontrasen de nuevo. Sin embargo, la joven agredida, identificada como A.G., sostiene que el portero y un camarero la zarandearon y la insultaron, manifestando actitudes hostiles hacia su identidad de género.
La joven relató que el conflicto comenzó con un “choque fortuito” en la pista de baile, que derivó en una agresión brutal cuando una clienta le rompió un vaso en la cara. En ese estado, comenzó a gritar y fue entonces cuando, según su testimonio, fue tratada con desprecio por parte del personal de seguridad, quienes no se preocuparon por su bienestar y, en cambio, la sacaron del local sin preguntar qué había sucedido.
A.G. continuó su relato enfatizando la gravedad de lo ocurrido, señalando que al intentar regresar al local para recuperar sus pertenencias, fue nuevamente agredida por un grupo de varones, quienes, presuntamente, estaban entre sus agresores iniciales. “Pensaba que me iban a matar”, afirmó, describiendo cómo perdió la conciencia tras recibir una serie de golpes. Este ataque dejó a la joven en un estado de profunda angustia, al punto de requerir atención psicológica tras la experiencia traumática.
La situación ha generado una fuerte respuesta social y declaraciones cruzadas que ponen de relieve las complejidades de la violencia de género y el odio hacia la comunidad LGTBIQ+. A.G. ya ha contactado con el Equipo de Atención a la Mujer, buscando apoyo y asesoramiento luego de la agresión, que calificó de un auténtico delito de odio. Desde el colectivo, se han alzado voces en rechazo a este tipo de actos y la necesidad de visibilizar el sufrimiento de las víctimas.
Por su parte, el dueño de la discoteca ha presentado una denuncia por los daños materiales ocurridos en su establecimiento tras el altercado, enfatizando que ha entregado imágenes de las cámaras de seguridad a la Policía Nacional para avanzar en la investigación de los hechos. La controversia seguirá en el centro del debate público mientras se espera que las autoridades den respuesta a las denuncias y se tome en consideración la experiencia de A.G. y la lucha de la comunidad trans en la búsqueda de justicia.
El alarmante incidente en La Nogalera pone de manifiesto la urgencia de abordar la violencia que, lamentablemente, sigue presente en nuestra sociedad, especialmente contra la comunidad LGTBIQ+. La joven A.G., al narrar su experiencia, no solo revela el dolor de una agresión física, sino también la cruda indiferencia que puede manifestar el personal de un local ante situaciones de crisis. El hecho de que quienes deberían garantizar la seguridad de todos los clientes respondan con desprecio y hostilidad hacia una persona trans es un reflejo de la falta de formación y sensibilidad que aún persiste en muchos sectores de la vida nocturna. Es necesario que los establecimientos implementen protocolos de actuación claros y un entrenamiento adecuado para su personal que enfatice la importancia de tratar con dignidad y respeto a todas las personas, sin importar su identidad de género.
Por otro lado, aunque el propietario de La Nogalera ha presentado su versión de los hechos y su denuncia por daños materiales, no puede desentenderse de la responsabilidad ética que implica operar un espacio donde se celebra la diversidad. La lucha contra la violencia de género y el odio no debe ser solo una cuestión de declaraciones, sino de acciones contundentes que incluyan la justicia social y la protección de las víctimas. Es fundamental que las autoridades actúen con celeridad y se garantice que no solo se investiguen los hechos de violencia física, sino que también se trabaje en la reparación del daño sufrido por A.G. y se promueva un entorno seguro y respetuoso para todos. La sociedad debe exigir un compromiso real hacia la igualdad y la defensa de los derechos humanos, rechazando cualquier forma de violencia y favoreciendo un diálogo inclusivo que visibilice las problemáticas que enfrenta la comunidad trans.”
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