El Instituto Dr. Rodríguez Delgado de Ronda se vistió de gala en la mañana de hoy, viernes 30 de mayo de 2025, para clausurar la décima edición del Certamen de Teatro en el Aula – TACIR 2025. Un evento que, a lo largo de una década, se ha consolidado como un vibrante escaparate del talento teatral de los jóvenes de Ronda y la Serranía. La jornada final estuvo marcada por la emotiva representación de «El misterio del teatro», una obra original de José María Tornay, dirigida con maestría por Rafael González, que cautivó al público presente.
Pero el TACIR 2025 no solo fue teatro. La emoción se intensificó con dos homenajes cargados de significado. El primero, a José Manuel Ríos, figura indispensable del teatro rondeño y colaborador incondicional del certamen desde sus inicios. Se reconoció su pasión, dedicación y el impacto que ha tenido en la formación de generaciones de jóvenes actores. El segundo homenaje, de alcance provincial, fue para Antonio Banderas, un embajador de Málaga y del teatro malagueño, cuya trayectoria y compromiso con las artes escénicas son fuente de inspiración para los jóvenes talentos. Un guiño a la conexión de Ronda con la escena malagueña, en palabras de los organizadores.
El momento culminante llegó con la entrega de premios, precedida por el esperado fallo del jurado. La calidad de las interpretaciones fue tal que se decidió reconocer a dos intérpretes por cada obra participante, una muestra del alto nivel artístico alcanzado en esta edición. Entre todas las actuaciones, brillaron con luz propia Candela Alfaro, del IES Pérez de Guzmán, coronada como Mejor Interpretación Femenina del Certamen por su papel de Donna en «Mamma Mia». Su energía y carisma contagiaron al público, dejándolo sin aliento. Compartió el galardón Julia Castro, del IES Gonzalo Huesa, quien conmovió a todos con su magistral interpretación de Ana Frank en «El diario de Ana Frank». Su sensibilidad y profundidad emocional transmitieron la esencia de este personaje universal.
Los premios a mejores actores de reparto recayeron en Aitana Calvente, del IES Valle del Genal, por su papel de Margarita en «Aquí no paga nadie», y en Ángel Pimentel, del IES Gonzalo Huesa, por su papel de Tristán en «El perro del hortelano». Aitana demostró su versatilidad y vis cómica, mientras que Ángel encarnó con elegancia y picardía a su personaje.
Más allá de las interpretaciones individuales, el jurado reconoció el valor formativo del teatro. El Premio a la Obra con Mejores Valores Educativos fue otorgado al IES Rodríguez Delgado por «Una voz propia», una obra que, según el jurado, «inspira y escucha a las nuevas generaciones, fomentando el respeto, la creatividad y el pensamiento crítico». Un reconocimiento al compromiso del instituto con la formación integral de sus alumnos.
Por último, el Premio a la Mejor Puesta en Escena fue para el IES Pérez de Guzmán con «Mamma Mia». El jurado destacó «el cuidado de cada detalle, la capacidad de hacer vivir al público el teatro con todos los sentidos y la gran interpretación de todos sus componentes». Un premio merecido a un montaje vibrante y espectacular que demostró el poder del teatro para emocionar y transportar al espectador. El TACIR 2025 cierra así sus puertas, dejando un legado de talento, pasión y compromiso con el teatro en la juventud rondeña.
El TACIR, celebrando su décima edición, ejemplifica la vitalidad del teatro juvenil en Ronda, pero también pone de manifiesto la necesidad de una mayor descentralización de los focos culturales. Homenajear a figuras locales como José Manuel Ríos es fundamental para reconocer el trabajo de base y el compromiso con la comunidad, pero la excesiva atención mediática que inevitablemente atrae un nombre como el de Antonio Banderas corre el riesgo de eclipsar la labor anónima de tantos otros. ¿No sería más enriquecedor ampliar el espectro de reconocimiento, visibilizando también a otros profesionales menos conocidos pero igualmente influyentes en el panorama teatral malagueño, incluso más allá de la provincia? La verdadera democratización del arte pasa por valorar la diversidad de voces y experiencias.
Si bien es encomiable la dedicación de los centros educativos y el entusiasmo palpable en la selección de obras como «El diario de Ana Frank» o «Mamma Mia», premiar con tanta generosidad a los intérpretes –dos por obra– diluye el valor del reconocimiento individual. ¿No sería más constructivo fomentar la autocrítica y la exigencia, premiando la excelencia en lugar de la mera participación? Al celebrar a cada participante, se corre el riesgo de banalizar el concepto de mérito y dificultar el desarrollo de un criterio riguroso entre los jóvenes actores. El verdadero aprendizaje radica en la búsqueda constante de la mejora, impulsada por una sana competencia y una honesta evaluación del propio trabajo.
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