Málaga, 4 de julio de 2025 – En un movimiento audaz para asegurar el futuro verde de la Costa del Sol, el Ayuntamiento de Málaga, a través de Emasa, ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para aprovechar el agua regenerada de la EDAR Guadalhorce. Esta iniciativa, que cuenta con el respaldo financiero de la Diputación Provincial de Málaga y el Ayuntamiento de Torremolinos, promete transformar la gestión hídrica en la zona oeste de la ciudad y el municipio vecino. Imagine extensos parques y jardines floreciendo bajo el sol malagueño, alimentados no por el agua potable, sino por un recurso recuperado y revitalizado.
El proyecto, con un presupuesto base de licitación que supera los 6,5 millones de euros (7,9 millones con IVA), se centra en la ampliación y optimización de la planta de tratamiento terciario del Guadalhorce. La idea es simple pero revolucionaria: transformar aguas residuales en un recurso valioso para el riego de zonas verdes públicas y privadas. ¿El resultado? Un alivio significativo para las reservas de agua potable y un impulso a la sostenibilidad ambiental de la región. El plazo de ejecución de las obras es de 12 meses, con lo que se espera que el nuevo sistema esté operativo a mediados de 2026.
La columna vertebral de este proyecto es una red de distribución de 10,3 kilómetros de tuberías, que incluye una conducción principal que discurrirá bajo la avenida de Velázquez y la carretera MA-21. Desde esta arteria principal, partirán ramales secundarios que irrigarán pulmones verdes como el Parque del Campamento Benítez, así como instalaciones deportivas como la Academia del Málaga Club de Fútbol. Pero la ambición no se detiene ahí: también se prevé una tubería independiente para suministrar agua ultrafiltrada al Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol, abriendo la puerta a usos aún más innovadores. Se estima que la demanda total de estos usuarios alcanzará los dos hectómetros cúbicos anuales, una cifra que subraya la magnitud del impacto potencial de esta iniciativa.
La clave del éxito de este proyecto reside en la colaboración entre diferentes administraciones. El Ayuntamiento de Málaga, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Torremolinos han unido fuerzas para financiar esta infraestructura vital. Los convenios de financiación establecen que, una vez descontadas las aportaciones de los usuarios privados, cada administración aportará 746.115,9 euros. Esta cooperación ejemplar demuestra que, cuando se trata de proteger el medio ambiente y asegurar el futuro de la comunidad, las fronteras políticas se desdibujan.
La noticia de la inversión en agua regenerada del Guadalhorce para Málaga y Torremolinos suena a música celestial en un contexto de sequía persistente. Sin embargo, más allá del titular llamativo y la retórica sobre la sostenibilidad, **es crucial analizar si la escala de la inversión, 6,5 millones de euros, realmente se corresponde con el impacto potencial de dos hectómetros cúbicos anuales**. ¿Es esta una solución efectiva y económicamente viable a largo plazo, o un parche costoso para un problema estructural mucho más profundo que requiere medidas mucho más ambiciosas y, quizás, impopulares? La euforia de la «colaboración interadministrativa» no debería cegarnos ante la necesidad de exigir transparencia en la gestión de estos fondos y una evaluación rigurosa del retorno de la inversión, no solo en términos de sostenibilidad ambiental, sino también de beneficio real para el ciudadano.
Mientras aplaudimos la iniciativa de aprovechar las aguas residuales para el riego de zonas verdes y otros usos no potables, **no podemos ignorar la sombra del elefante en la habitación: el consumo desmedido de agua en otros sectores, especialmente el turístico y el agrícola**. Invertir en tuberías para regar el Parque del Campamento Benítez mientras campos de golf sedientos consumen cantidades ingentes de agua y se sigue permitiendo la expansión urbanística sin una planificación hídrica sensata, resulta, cuanto menos, hipócrita. La regeneración del agua es una herramienta valiosa, pero no una panacea. Si no se acompaña de una política de gestión hídrica integral y valiente, que incluya la revisión de concesiones, el fomento de prácticas agrícolas sostenibles y la concienciación ciudadana sobre el valor del agua, este proyecto corre el riesgo de convertirse en un mero lavado de cara verde, útil para la foto, pero insuficiente para afrontar los desafíos que el cambio climático plantea a nuestra provincia.
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