El Bernabéu respiró aliviado anoche, un suspiro teñido de los colores de la bandera francesa y el acento argentino. Una victoria 5-0 ante el Kairat Almaty en la Champions League, un resultado que maquilla, aunque no esconde, las grietas que amenazan con resquebrajar el proyecto merengue. Los goles de Mbappé (hat-trick), Camavinga y Brahim sirvieron para sumar tres puntos vitales, pero la sensación agridulce persiste en el ambiente.
El joven argentino Mastantuono, con su descaro y valentía, fue la chispa que encendió la mecha de un equipo atenazado por la presión tras el varapalo sufrido en el derbi. Su penalti provocado y transformado por Mbappé abrió el camino de la victoria. El francés, letal como siempre, certificó el triunfo con dos goles más, demostrando, una vez más, su olfato goleador. Sin embargo, la apatía mostrada por algunos jugadores clave, como Bellingham y Vinicius, preocupa y mucho. El equipo sigue adoleciendo de fluidez en el juego de ataque, dependiendo en exceso de las individualidades.
La irregularidad del Real Madrid no es un problema nuevo. La falta de intensidad y actitud en los primeros minutos, como se vio ante el Kairat, es una constante que se repite con diferentes entrenadores. ¿Será un virus instalado en el vestuario, como apunta el periodista, resistente a cualquier cambio de técnico o remodelación del estadio? La pregunta sigue sin respuesta, pero la preocupación aumenta. La Champions League no perdona, y si el Real Madrid no logra encontrar la regularidad y la ambición, el camino hacia la Decimoquinta se antoja muy complicado. Habrá que ver si Xabi Alonso logra dar con la tecla y erradicar ese virus que parece instalado en el ADN del equipo blanco.
La victoria abultada ante el Kairat Almaty maquilla, sí, pero no engaña. El Real Madrid sigue siendo un gigante con pies de barro, un equipo dependiente de fogonazos individuales y al que le cuesta horrores encontrar una identidad colectiva sólida. La irrupción de Mastantuono es una bocanada de aire fresco, una promesa ilusionante, pero depositar todas las esperanzas en un joven es un síntoma preocupante de la falta de liderazgo y soluciones en el vestuario. Celebrar este 5-0 como un punto de inflexión sería un error garrafal, un brindis al sol que podría salir muy caro en las próximas rondas de la Champions.
El «virus» al que alude el artículo, esa falta de intensidad y actitud que se repite con diferentes técnicos, es una metáfora elocuente de un problema más profundo: la complacencia. La plantilla del Real Madrid rebosa talento, pero parece carecer de la ambición y la disciplina necesarias para mantener un nivel de excelencia constante. Xabi Alonso, un técnico con ideas claras y una mentalidad ganadora, tiene un reto mayúsculo por delante: no solo inyectar nuevas tácticas al equipo, sino, sobre todo, reavivar la llama de la competitividad y el hambre de títulos en un vestuario que, por momentos, da la impresión de haberse acomodado demasiado a la gloria pasada. La Champions League exige mucho más que destellos de genialidad; requiere un compromiso total y una mentalidad de hierro. Y ahí, precisamente, es donde el Real Madrid debe dar un paso al frente.
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