Múnich, 20 de junio de 2026 – La selección brasileña, bajo la batuta de Carlo Ancelotti, ha logrado una victoria vital ante Haití que, si bien no disipa todas las sombras, le permite respirar y afianzarse en la cima del Grupo C. Tras un debut titubeante, la Canarinha ha mostrado una cara más decidida, sentenciando el encuentro en una primera mitad contundente para, posteriormente, ver cómo Haití resurgía en el segundo tiempo, dejando patente la fragilidad defensiva que ha caracterizado al equipo en los últimos compases del torneo. A pesar de las críticas y el clamor popular, Ancelotti ha movido ficha con acierto, y un nombre ha brillado con luz propia: Matheus Cunha.
La apuesta de Ancelotti por Matheus Cunha como titular en detrimento de Igor Thiago ha sido, sin duda, la jugada maestra del partido. El delantero del Manchester United no solo ha respondido a la confianza depositada, sino que se ha erigido como el auténtico faro ofensivo de Brasil. Su movilidad, su inteligencia para desmarcarse y su capacidad para asociarse con sus compañeros ofrecieron una fluidez que hasta ahora se echaba en falta. La diferencia con su predecesor en el once es abismal: mientras Thiago apenas participó en el juego, Cunha se mostró omnipresente, registrando un número de toques significativamente superior en un tiempo similar de juego. Esta conexión con el resto del equipo fue clave para desmantelar la defensa haitiana, culminando su actuación con un doblete que encarriló la victoria.
Raphinha, por su parte, ha dado un paso al frente. Tras un primer encuentro discreto, el extremo se mostró incisivo desde el principio, buscando constantemente el desmarque y ofreciendo soluciones a sus compañeros. Su despliegue por la banda derecha fue un arma valiosa, siendo uno de sus movimientos el que precedió al gol inicial, anulado posteriormente por fuera de juego. La fortuna le sonrió al equipo cuando, tras una acción de Raphinha, Vinicius Júnior amplió la ventaja y, posteriormente, asistió a Cunha para cerrar el marcador. La posterior lesión de Raphinha, sin embargo, volvió a abrir la puerta a la inquietudes en el seno de la afición brasileña, que observó cómo Haití recortaba distancias en el segundo tiempo.
Con esta victoria, Brasil suma cuatro puntos y se posiciona como líder del grupo, por delante de Marruecos, a quien aventaja por diferencia de goles. Sin embargo, la exigua renta y el bajón de intensidad en la segunda mitad son motivos de reflexión para Ancelotti de cara al decisivo encuentro contra Escocia. La sombra de Endrick, el joven talento reclamado por la afición, sigue planeando sobre el técnico italiano. A pesar de sus aseguraciones de que el jugador tendrá un papel importante, las escasas oportunidades brindadas hasta ahora generan debate. La entrada de Endrick en la recta final del partido ante Haití, sustituyendo al protagonista de la noche, Matheus Cunha, supone un primer paso para integrar al joven delantero en la dinámica del equipo, pero las dudas sobre la gestión de la plantilla persisten. Brasil ha dado un paso adelante, pero el camino hacia la gloria aún está plagado de interrogantes.
La selección brasileña, bajo la batuta de Carlo Ancelotti, parece haber navegado aguas turbulentas tras un debut decepcionante, logrando una victoria que, si bien asegura los puntos, deja una profunda sensación de inconsistencia y dudas estratégicas. La aparente solidez mostrada ante Haití, fundamentada en un primer tiempo efectivo, contrasta con la preocupante fragilidad exhibida en la segunda mitad, donde el rival caribeño logró incomodar a la pentacampeona. Si bien la entrada de Matheus Cunha demostró ser un acierto, aportando movilidad y pegada que Igor Thiago no logró ofrecer, no podemos obviar la gestión de expectativas y el manejo de talentos jóvenes que sigue generando debate. La insistencia en justificar la falta de minutos de Endrick, un jugador llamado a marcar una época, con argumentos tan manidos como «necesita tiempo» resulta, cuanto menos, frustrante para una afición ávida de ver el futuro de su selección en acción.
La victoria, a pesar de las dudas, sitúa a Brasil en una posición privilegiada en el grupo, pero la verdadera prueba de fuego se presentará en la última jornada. La exhibición ante Haití, con momentos de lucidez intermitentes y una preocupante relajación posterior, sugiere que Ancelotti aún está en pleno proceso de encontrar su once ideal y una fórmula de juego convincente. La dependencia de destellos individuales, como el de Cunha o Raphinha, más allá de su indudable calidad, no oculta la necesidad de construir un bloque sólido y con una identidad definida. La presión de la opinión pública brasileña, siempre exigente, recae ahora sobre la capacidad del técnico italiano para traducir el potencial individual en un rendimiento colectivo que inspire confianza, especialmente cuando se trata de dar oportunidades a las joyas emergentes, como el propio Endrick, para forjar el carácter y la experiencia necesarios en el camino hacia los grandes títulos.
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