Boca Juniors ha dado un golpe de autoridad en su visita a Chile, imponiéndose por 2-1 a una Universidad Católica que luchó hasta el final. El conjunto argentino demostró temple y oficio para sobreponerse a un rival aguerrido y llevarse tres puntos vitales de San Carlos de Apoquindo. Desde el pitido inicial, la intención boquense fue clara: controlar el ritmo del partido y capitalizar las oportunidades, una premisa que se materializó tempranamente.
La primera señal de peligro llegó a los 16 minutos, en una jugada que gestó la banda derecha. Marcelo Weigandt, con su habitual ímpetu, desbordó y buscó el centro. La acción derivó en un rebote que capturó el capitán, Leandro Paredes. El mediocampista demostró su jerarquía al conectar un potente disparo cruzado desde lejos que se incrustó en la red, abriendo el marcador y sembrando la tranquilidad en las filas xeneizes. La ventaja parcial reflejaba la superioridad en la posesión y la claridad de ideas del equipo visitante, que se sentía cómodo manejando los hilos del encuentro.
El dominio de Boca continuó a lo largo de la primera mitad. La generación de juego fluía con naturalidad, y a los 34 minutos, una exquisita habilitación de Paredes encontró a Santiago Ascacíbar. El «Ruso», con un control orientado de pecho, se preparó para una volea que, aunque potente, encontró una gran respuesta del arquero chileno, Vicente Bernedo, quien desvió al tiro de esquina. Este lapso del partido reafirmó la solidez defensiva de Boca y su capacidad para someter a su rival, gestionando la ventaja con el balón como principal arma.
El inicio del segundo tiempo trajo consigo una ocasión manifiesta para ampliar la diferencia. Una jugada a balón parado permitió a Paredes asistir a Miguel Merentiel, quien cedió a Milton Delgado. Este, con visión de juego, habilitó a Ayrton Costa. El joven defensor se animó con una vaselina que prometía el segundo, pero un salvador Branco Ampuero, sobre la línea, evitó el gol con una intervención providencial. La U. Católica, por su parte, tardó en hacer notar su presencia en ataque, y su primera aproximación de real peligro no llegó hasta el minuto 55, con un centro de Clemente Montes que Fernando Zampedri cabeceó, encontrando la volada espectacular de Leandro Brey.
La insistencia de Boca encontró recompensa a los 65 minutos. Una brillante maniobra de Tomás Aranda en la banda, culminada con un ingenioso taco para Lautaro Blanco, derivó en un centro raso y preciso que Adam Bareiro empujó al fondo de la red, sellando el 2-0. El gol del paraguayo parecía sentenciar el partido, pero la U. Católica, impulsada por su público, no bajó los brazos. Tras un córner y una serie de rebotes, Juan Ignacio Díaz logró descontar a los 83 minutos, devolviendo la emoción a un final de infarto. A pesar del empuje chileno y el gol del descuento, Boca Juniors supo aguantar y sellar una victoria crucial que lo posiciona de gran manera en la competición.
El encuentro entre Boca Juniors y la U. Católica, como tantos otros choques continentales, nos deja la sensación agridulce de lo que pudo ser y lo que fue. Si bien el resultado favorable para el Xeneize es indiscutible, la narrativa del partido revela las vulnerabilidades defensivas que el conjunto argentino sigue sin terminar de sellar. La eficacia de Leandro Paredes en el primer gol, una jugada que nace de un robo y culmina con un latigazo lejano, es un destello de calidad individual que no debe ocultar la fragilidad del entramado defensivo que, a pesar de no verse superado en gran parte del encuentro, concedió oportunidades claras que, de haber sido aprovechadas por un rival más contundente, podrían haber cambiado el rumbo. La dependencia de destellos puntuales, más allá de una sólida estructura colectiva, sigue siendo una asignatura pendiente para Boca, y este partido en Chile lo subraya una vez más.
Por otro lado, la U. Católica, a pesar de la derrota, ofrece un interesante espejo de resiliencia y garra. El descuento tardío, producto de un barullo en el área, demuestra que, incluso en las circunstancias menos propicias, la persistencia puede generar recompensa. Sin embargo, este final agónico también pone de manifiesto la falta de contundencia ofensiva de los chilenos durante la mayor parte del encuentro. Más allá de un par de acercamientos aislados, el equipo local no logró generar un volumen de juego suficiente como para incomodar de manera sostenida a un Boca que, si bien con sus más y sus menos, controlaba el ritmo. La capacidad para generar peligro a través de la pelota parada o acciones aisladas, como ocurrió en el gol del descuento, puede ser un arma valiosa, pero no debe ser el único sustento de un equipo que aspira a más en competiciones internacionales.
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